Orlando Daal Colina, por Luis Alfonso Bueno

Estas palabras no quisieran parecer adoloridas de lugar común. Tampoco, obituario inspirado al vacío. Cortesía de cumplidos ahora casi inusuales.

Son expresión con deferencia fehaciente, referida a los pasos de un hombre por la vida. Concluye su camino una cifra de nuestra generación y nuestras inquietudes. Alerta y lúcida presencia, Orlando Daal Colina fue un nombre propio-corazón, palabra, hechos labrados desde la sencillez con acento probó. Fuimos condiscípulos en el Liceo “Cecilio Acosta” en Coro, y buscadores juntos-bajo colores distintos que eran la convivencia fehaciente- del ideal de patria que todavía no somos.

Testigos, contadamente-autores de mucho de sus claros afanes, lo vimos incontaminado de quiebras de la fe no obstante la insistencia de revoloteantes azares. Definieron su personalidad sus hechos.

Sufrimientos finales decantarían su espíritu. Sin pretender pesarlo con balanza alguna, cordialmente pensamos, ciceronianos y verídicos, que para quien ha vivido como él- la muerte será tan bienvenida como el sueño.

En nuestro sentimiento el que lo dice

Luis Alfonso Bueno.