Gustavo Coronel: Devolviéndole la grandeza a América

Gustavo Coronel

El liderazgo global y la compasión exhibida por América explica la razón del sentimiento de orgullo nacional y el por qué millones de personas de otros países han llegado a este país a fin de tratar de lograr su sueño americano, con igualdad de oportunidades, movilidad social, respeto por la ley, gobierno ético, un ambiente floreciente en las ciencias y en las artes y la esperanza de encontrar un lugar bajo el sol, en el cual puedan ser alguien y hablar con su propia voz.

El Presidente Ronald Reagan encontró una definición apta para esta América cuando habló, en su discurso de despedida, de la “resplandeciente ciudad en la colina”, ver: https://www.youtube.com/watch?v=c32G868tor0. Reagan habló de claridad moral, integridad, coraje, atributos que en su perspectiva caracterizaban la postura moral de América. Reagan cometió errores en su presidencia pero – en general – pudo liderar con el ejemplo.

Lo mismo puede decirse de Woodrow Wilson, siempre soñador. Propuso Catorce Puntos a ser puestos en práctica después de la Primera Guerra Mundial, incluyendo la Liga de Naciones. Su propuesta no prosperó en el momento pero aún representa uno de los momentos más claros de idealismo político americano.

Lo mismo Abraham Lincoln. El escritor ruso León Tolstoi dijo: “Su grandeza consistió en la integridad de su carácter y en su fibra moral. Su herencia es una de coraje y liderazgo moral”. Sus palabras todavía resuenan, conmovedoras: “Con malicia para nadie, con caridad para todos, con firmeza en el derecho, como Dios nos permite ver ese derecho”.

Franklin D. Roosevelt enfatizó el liderazgo moral. Condujo a su país a través de la crisis económica y de la guerra mundial y puso en marcha regulaciones de seguridad social como el salario mínimo y la protección laboral. Todavía recordamos su “Política del Buen Vecino”.

Harry Truman y su Secretario de Estado George Marshall ayudaron a la reconstrucción de Europa después de la segunda Guerra mundial en base al Plan Marshall. En su confrontación con el general Mac Arthur Truman reafirmó el control civil sobre el poder militar.

Como dijo el General Mark Clark, sus palabras se encuentran en los cementerios de los campos de batalla de Europa: “Si se necesitara alguna prueba de que luchamos por una causa y no por conquista, ella puede verse en estos cementerios… todo lo que pedimos fue suficiente suelo para enterrar a nuestros valientes muertos”.

John Kennedy lideró el programa que llevó a un hombre a la Luna y lo trajo de regreso sano y salvo, una primera etapa en la conquista del espacio por el hombre. Fue también el líder de la Alianza Para el Progreso y de los Cuerpos de Paz.

Lyndon Johnson promovió la integración racial y, según Doris Kearns Goodwin, hizo “lo moralmente correcto al promover las leyes de derechos civiles, creando Medicare, ayudando a la educación, combatiendo la pobreza. Trató de acercar a América sus ideales originales”.

La salida de Richard Nixon fue posible debido a la acción del liderazgo político bipartidista. Fue tanto una tragedia como un momento luminoso en la historia estadounidense.

América ha liderado al mundo con el ejemplo, luchando por valores de rango universal y por ideales de libertad y democracia, recibiendo con los brazos abiertos a “los cansados, los pobres, a las masas anhelando la libertad”.

El liderazgo global americano ha sido con frecuencia, como alguien dijo: fuerte pero no rudo; atrevido pero no bravucón; modesto pero no tímido; orgulloso pero no arrogante.

La esencia de la grandeza de América es haber sido un líder mundial en la defensa y mantenimiento de valores morales, democracia, libertad y principios de rango universal.

Pero hoy el liderazgo político americano pretende hacer a América grande de nuevo mediante la adopción de posturas opuestas a las de una prioritaria atención a los problemas mundiales. El llamado hoy es América Primero, eco de aquella “Alemania, Alemania, sobre todos, sobre todo el mundo”. Se contrapone el “patriotismo” al globalismo. Se promueve la energía fósil, contaminante, a expensas de la necesidad global de utilización de energía renovable; va en contra los esfuerzos de conservación ambiental, alegando de manera parroquial que “nuestro aire es limpio”, como el aire estuviera sujeto a límites territoriales.

A pesar de que el liderazgo actual ha mostrado un fuerte apoyo a la lucha en contra de la cruel e ignorante dictadura de Nicolás Maduro en Venezuela, esta bienvenida postura no ha sido coherente a nivel global, ya que en paralelo con la defensa de la democracia en ese país, se mantienen lazos amistosos con dictaduras igualmente brutales como las de Turquía y Arabia Saudita y se ha mostrado una inexplicable debilidad en la relación con la Rusia de Putin y hasta una ternura paternal con el dictador de Corea del Norte.

Como hacer a América grande de verdad requiere una reafirmación de su liderazgo moral. Hoy América se está divorciando de esa postura fundamental para levantar banderas tribales. Esta es la dirección opuesta a tomar para un país tan grande y poderoso, porción de un planeta que ha llegado a ser tan interdependiente, en el cual las fronteras políticas están perdiendo vigencia debido a los inmensos problemas a los cuales se enfrenta la humanidad.