Ángel Lombardi: Tiempo de esperanza

Una vez más la humanidad a prueba, en cada sociedad, cada individuo. Como es lógico, las respuestas se multiplican y diferencian a pesar del temor y el miedo. Este es un tiempo de fuerte impacto existencial y colectivo. Para unos es de huida, para otros es de “conversión”, para otros es de re-afirmación. Cada país lidiará con la problemática con sus características propias, políticas, sociales, económicas, culturales. Sobrarán charlatanes y pícaros, se dirá y recomendará “de todo y sobre todo”.

Tiempos sado-masoquistas, estaremos sometidos a experiencias y situaciones que a algunos destruirá, a otros les permitirá reflexionar y la mayoría, como es lógico, tratará de sobrevivir y vivir. Todo esto VA A PASAR. Básicamente seguiremos siendo los mismos. Y no puede ser de otra manera, la naturaleza humana es inmodificable en términos del corto plazo histórico habitual. La Tierra; la Casa-Común, tiene millones de años y no hemos logrado explicarlo sino con la Biblia o el Big Bang, que repetimos sin entender realmente. La VIDA tiene igualmente millones de años. Naturaleza, flora, fauna, humanoides, NOSOTROS. Como historia y cultura, apenas somos un instante y nuestra existencia concreta ni excede el siglo. En esta perspectiva, esta situación no es más que eso, una experiencia y eventualmente, un drama personal. Siempre ha sido así, unos lo contarán y otros tratarán de olvidarlo y seguir. La vida siempre sigue, con o sin nosotros. A nivel individual cada uno tenemos derecho a pensar y actuar como queramos, pero como seres sociales, tenemos obligaciones y responsabilidades colectivas y para ello es necesario disciplina social y acatamiento de normas, pero nunca más allá de la dignidad y libertad personal y los llamados Derechos Humanos inalienables. Estas son épocas difíciles, con muchas tentaciones auto-destructivas y tentaciones autoritarias y totalitarias de los gobiernos y poderes establecidos, o por sectores sociales y políticos que claman por orden como sea. Esto es inaceptable y hay que evitarlo. En la historia más reciente, apenas en el siglo 20, el miedo colectivo, creó el ambiente para el totalitarismo, inhumano y anti-civilizatorio del comunismo, el fascismo y el nazismo. Buscando un orden y una utopía, los fantasmas se convirtieron en demonios. Como se ha expresado, se nos redujo a unos seres desvalidos y angustiados, suspendidos en el vacío, transitando el abismo. 

Toda esta situación-prueba tiene que ser transformada en una oportunidad para seguir e intentarlo hacer, sobre el aprendizaje de nuestros propios errores y experiencias, sin sacrificar lo mejor que hay en cada uno: Consciencia y Razón, a menos que sigamos en el empeño destructivo del “yo-yoico”, de soles negros que viven y actúan para desgraciarles la vida a los demás. El tiempo humano existencial es pasado y presente, pero sólo se justifica en cuanto no perdamos la fe en un futuro mejor-posible, para uno mismo, para la familia y amigos. Para el país y la humanidad.