William Anseume: La verdad escuece tiranos

Todas las tiranías persiguen y acosan a la prensa y la transmisión del pensamiento ” libre”. No sería esto una novedosa acción. En los años cincuenta del siglo pasado, El Nacional fue cerrado varios días por una caricatura. Pérez Jiménez perseguía libros, como el Libro Negro de los adecos y cerraba obras de teatro, dos que se sepan, una de César Rengifo y otra de Román Chalbaud. También cerró la UCV.

El cúmulo de acciones contra los medios, los periodistas, los tuiteros, los intelectuales, los estudiantes, los profesores, las universidades, de la dictadura de Maduro y sus adláteres no deja parangón. Ahora le tocó el turno a Darvunsin Rojas. Por informar acerca de los casos del virus chino, en abierta contradicción con la divulgación oficial, se lo lleva el FAES. En esa llevada, como es costumbre, señalada hasta por la ñángara Michell Bachelet, esa Fuerza procede hasta hoy violándole al joven periodista todos sus derechos.

En Venezuela no existe confiabilidad alguna en cifras oficiales. Llevamos más de veinte años de oprobio y de mentiras. También de ocultamiento de la verdad que no es lo mismo, pero se le parece. La información, como es sabido, da poder, pero también lo reduce y lo quita. Y el régimen se apoya en expertos, mayormente cubanos, para el control del conocimiento.

Por eso no creo ni pizca de todos los partes vinculados al coronavirus que nos aterra como complemento de este acabamiento al que nos tienen sometidos. El juego de la ficción se acrecienta. Si dicen 77 casos elaboro que van 777. Si no hablan ni de un muerto, pienso que ocultan la enfermedad y trastocan autopsias. Dicen que murieron, por ejemplo, de fiebre alta 100 y para mí ése hoy es el resultado aquí, hasta ahora, mortal, del virus mundial. Tal vez enloquezca.

Otro modo de ocultamiento, más novedoso, es detener médicos en estos momentos, cuando más requerimos de su sapiente entrega. Los apresan, con esposas y todo, increíble, por denunciar lo que todos sabemos: que los hospitales están obligadamente poseídos por las calamidades, que no hay insumos, guantecitos, alcohol, agua, higiene, personal, remuneraciones, cloro… Nada. A callar mandan. El mensaje es para ellos, los medicos, en la imposición del silencio. Y para el otro personal, para que vea lo que le espera si dan a la luz pública directamente o pasan alguna información. Buscan contener desde ya, la otra ola virológica. La fatal para el despotismo de Miraflores: que se sepa alguna verdad.

Neguémonos a callar y defendamos a quienes están dispuestos a jugársela permanentemente por nuestra salud y por el conocimiento de lo que ocurre. Esto contribuirá en buen modo a sepultar este sojuzgamiento tiránico. Aunque algunos no deseen hacerlo tan pronto, guardando incomprensible cuidado. Sigamos en procura de la libertad.