Los presos iraníes, aterrados y a merced de la pandemia

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Un bombero iraní desinfecta una calle de la capital, Teherán, en un intento por detener la propagación salvaje del coronavirus el 13 de marzo de 2020. – Las fuerzas iraníes despejarán las calles de todo el país en 24 horas y todos los ciudadanos serán revisados por el nuevo coronavirus en un intento por detener su propagación, dijeron los militares. (Foto por STR / AFP)

 

La situación de los presos en Irán es “alarmante” y los detenidos están aterrados ante el avance de la pandemia, según organizaciones humanitarias, preocupadas por las cárceles superpobladas, las malas condiciones de higiene, los motines y fugas reprimidas violentamente.

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A medida que aumenta la polémica sobre el número exacto de muertes por el nuevo coronavirus en Irán, los activistas de derechos humanos y los defensores de los presos políticos advierten que la temida epidemia ya llegó a las cárceles iraníes.

“La situación de los presos de conciencia en Irán es extremadamente alarmante”, señala a la AFP Katia Roux, miembro de Amnistía Internacional en Francia, que calcula que hay “varios centenares” de presos políticos entre rejas.

Irán lucha para contener la propagación del virus y oficialmente registra cerca de 86.000 personas contagiadas, de las cuales 5.391 fallecieron, según los últimos datos divulgados.

Dentro y fuera del país, estas cifras son puestas en entredicho. El Consejo Nacional de Resistencia Iraní (CNRI, oposición en el exilio) estima el número de muertos en “28.000”, una cifra que AFP no ha podido verificar.

– “Bomba humana” -Los presos políticos “ya están injustamente encarcelados y, en el contexto de esta pandemia, es aún más importante que sean liberados incondicionalmente”, insistió Roux, denunciando las “pésimas condiciones de detención en términos de salud y higiene” y celdas “sin ventilación y suministro de agua”.

“Y sobre todo, las autoridades no dan acceso a los cuidados adecuados: no hay pruebas de diagnóstico ni cuarentena de personas posiblemente enfermas”, señaló.

Pero para el gobierno de Irán las cárceles no albergan a ningún “preso político” y las autoridades del país reprochan a los países occidentales de usar este calificativo para referirse a los condenados por delitos contra la seguridad nacional.

Desde marzo, alrededor de 100.000 prisioneros en Irán han recibido un permiso temporal de salida, extendido hasta el 20 de mayo, para limitar la propagación de la enfermedad.

Varios detenidos con pasaportes extranjeros han sido liberados, como el iraní-británico Nazanin Zaghari-Ratcliffe, arrestado en 2016 y liberado temporalmente hasta el 20 de mayo. Pero prisioneros con doble nacionalidad y otros considerados por la comunidad internacional presos políticos fueron mantenidos tras las rejas.

“La epidemia no se controlará en Irán en el corto plazo”, previó Hadi Ghaemi, director ejecutivo del Centro de Derechos Humanos en Irán, con sede en Nueva York. “Lugares como las cárceles, que por definición son lo opuesto al distanciamiento social, van a ser muy, muy vulnerables”, señaló.

Para Shahin Gobadi, portavoz del CNRI, “la situación de estos prisioneros es una bomba humana de efecto retardado”, dijo a la AFP.

– Fugas masivas –

En pánico, decenas de detenidos se han fugado en las últimas semanas.

“Los presos no necesitan que se les informe sobre la grave situación a la que se enfrentan; hay detenidos que han muerto por coronavirus y otros han sido hospitalizados. Estos prisioneros saben que cuando el virus llegue estarán indefensos, por eso recurren a estas acciones desesperadas como motines y fugas”, dijo Gobadi.

En un informe publicado el 9 de abril, Amnistía Internacional estimó que “varios miles de detenidos en al menos ocho cárceles” llevaron a cabo protestas.

“En varias cárceles, las fuerzas de seguridad dispararon munición real y usaron gases lacrimógenos” para reprimirlos, “mataron a 36 prisioneros e hirieron a varios cientos, según fuentes confiables”, según la organización.

Este “movimiento de protesta en las cárceles es uno de los más importantes de los últimos años y muestra la gran preocupación de los detenidos”, dijo Roux.

– Presión psicológica –

Ghaemi dijo no había visto hasta ahora “prisioneros atreviéndose a escapar o rebelándose”, y acusó a las autoridades de utilizar esta epidemia como un medio de “tortura” con esos detenidos: “los mantienen en una situación de peligro (…) y angustia psicológica”.

La justicia iraní dijo el martes que más de 1.000 detenidos extranjeros habían sido liberados provisionalmente.

“Lo que Irán ha hecho para garantizar la buena salud de los prisioneros y otorgarles salidas temporales es un paso significativo”, en comparación con lo que otros países han hecho, argumentó el portavoz de las autoridades judiciales, Gholamhossein Esmaïli.

La semana pasada, expertos en derechos humanos de la ONU pidieron a Irán que ampliara la lista de detenidos que podrán beneficiarse de un permiso de salida a “presos de conciencia, a presos con doble nacionalidad y a extranjeros”.

El grupo señala que algunos de estos prisioneros corren un “alto riesgo de atrapar la COVID-19 debido a su edad o a sus problemas de salud”, citando en particular al activista Morad Tahbaz (de nacionalidad iraní, británica y estadounidense) y al austriaco-iraní Massud Mossaheb (arrestado en enero de 2019), ambos “mayores de 60 años”.

Encarcelada desde 2018, la abogada iraní Nasrin Sotudeh, portavoz de los derechos de las mujeres y ganadora del Premio Sájarov del Parlamento Europeo en 2012, no formó parte de la lista de personas liberadas temporalmente.

“No entendemos que el régimen iraní, en medio de tanta catástrofe y peligros, no deje en paz a los presos políticos”, escribió su esposo Reza Khandan, después de visitarla en la prisión de Evin en Teherán en compañía de sus hijos.

La antropóloga franco-iraní Fariba Adelkhah, arrestada en junio de 2019 en Teherán, también sigue detenida en la prisión de Evin, acusada de intentar “atentar contra la seguridad nacional”. A pesar de la epidemia, la mujer, muy debilitada por una huelga de hambre de 49 días, compareció el domingo ante el tribunal para una nueva audiencia.

“Los temores son reales dada la gravedad de la situación. Fariba está en una celda con otras personas”, apuntó Jean-François Bayart, profesor del Instituto de Estudios de Altos Estudios Internacionales y Desarrollo en Ginebra y miembro del comité de apoyo para Adelkhah.

“Hasta donde sabemos, las guardianas la han protegido, tiene máscaras y gel hidroalcohólico”, agregó.

AFP