¿Y si nos casamos por videollamada?

¿Y si nos casamos por videollamada?

Carolina y Lucas y en sus alianzas de boda. El confinamiento por el famoso coronavirus impidió que ese día pasaran por el altar, pero no logró frenar sus ganas de dar el “sí quiero”: vestidos para la ocasión, y junto a sus invitados, una videollamada hizo el resto. EFE

 

 

“18 de abril de 2020”. Esta fecha estaba marcada a fuego en las vidas de Carolina y Lucas y en sus alianzas de boda. El confinamiento por el famoso coronavirus impidió que ese día pasaran por el altar, pero no logró frenar sus ganas de dar el “sí quiero”: vestidos para la ocasión, y junto a sus invitados, una videollamada hizo el resto.





El plan de estos argentinos, comprometidos desde noviembre pasado, era parecido al de muchas parejas. Primero irían al registro civil en Buenos Aires y días después a una iglesia, para terminar la fiesta festejando con un convite por todo lo alto. También tenían la luna de miel contratada. Hasta que un mes antes de todo eso, llegó el chasco: su país entraba en cuarentena.

“Nos dimos cuenta de que no iba a poder ser, porque aunque la levantaran no estaba bueno hacer un evento con tanta gente. Eran 50 personas en un mismo espacio”, relata a Efe Carolina Gobatto en una entrevista junto a su prometido, Lucas Cullari, por la misma vía por la que decidieron sellar su amor.

“ALGO TENEMOS QUE HACER”

La novia, licenciada en Marketing y empleada en un laboratorio de cosmética, decidió que las cosas no podían quedar así, que ya tenían las alianzas con la fecha grabada y que ese día ya guardaba un fuerte significado para ellos.

“Lo concretamos en tres días. Se lo comento a Lucas y me dice… ‘¡bueno, hagámoslo!’ Nunca imaginamos que iba a tener la emoción y lo que sentimos y cómo fue”, afirma Carolina, de 33 años.

Este fue el proceso: a la novia se le ocurrió contactar con alguna persona o empresa que se dedicara a preparar ceremonias y aceptara hacerlas por internet, por más que la suya, al menos por el momento, no pudiera tener valor civil o religioso, pero sí simbólico.

De primeras ya había descartado que alguien cercano pudiera ejercer de maestro de ceremonias y, tras bucear en la red, encontró la solución.

“Un amigo, o se ríe, o se emociona, o no sabe qué decir.. nadie se va a sentir cómodo en ese papel. Me contacté con Javier y le dije… ‘mira, la verdad es que no sé si alguna vez sucedió esto. Yo te lo propongo'”, evoca.

EL “CEREMONY PLANNER” VIRTUAL

Hace casi dos décadas que Javier Gerenschtein decidió compaginar su profesión, la abogacía, con la organización de ceremonias. Y hoy ya encabeza un equipo de cinco “maestros de ceremonia” con quienes se reparte eventos en Argentina y otros países.

No obstante, si el COVID-19 no hubiera hecho acto de presencia, esta semana habría viajado a Barcelona para oficiar el casamiento de una pareja de argentinos que querían que un compatriota los ‘casara’ allá, pero todo quedó pospuesto.

“Lo que hacemos son ceremonias simbólicas, que apuntan mucho más a la parte humana de la pareja y no a la ley ni a la religión”, explica el también docente, cuya empresa, Tuceremonia, planifica desde el discurso que darán él o sus compañeros hasta la música del evento y la participación de los testigos y familiares.

Sin embargo, nunca había casado a nadie a través de internet.

TODOS DE “ELEGANTE SPORT”

Tras aceptar el reto que le propuso Carolina, activó el engranaje que pone en marcha en todas sus ceremonias: envió a los novios, por separado, un cuestionario para saber detalles de su historia de amor, tener las dos versiones de la historia y armar el discurso del casamiento de acuerdo al perfil de la pareja.

Mientras, los novios se encargaron de avisar a sus invitados.

“Les dijimos: el sábado a las 8 hacemos un Zoom (nombre de la plataforma web de llamadas) por el tema del casamiento. Nada más que eso. Lo único que dijimos es ‘todos vestidos de elegante sport’. Y así fue”, cuenta a Efe el prometido, de 32 años y técnico electrónico en un canal de televisión.

Los hombres, algunos con chaqueta y camisa, y las mujeres con vestido, maquilladas y con cuidados peinados. Y Carolina y Lucas, juntos en su casa y con similar look al que habrían llevado a la ceremonia civil, aunque con algún divertido detalle añadido, como el velo de la novia y su llamativo ramo floral rosa.

Con el mosaico de invitados en la pantalla -según se ve en el video de bodas- y tras el ‘sermón’ de Javier, quedaba ir al grano:

“Estoy muy seguro de mi respuesta. Sí, quiero estar con Caro toda mi vida”, soltó el novio.

“Obvio que quiero seguir riéndome y compartiendo toda la vida con él”, lanzó ella.

Luego hubo beso, brindis y tarta a la distancia, palabras de amor entre los protagonistas y la intervención de los testigos. En total, una media hora de duración en la que solo faltaron los familiares de mayor edad, menos dados a la tecnología.

LA BODA OFICIAL, EN MANOS DEL CORONAVIRUS

Unos 5.000 pesos (75 dólares) costó a los novios tramitar su ‘ciberboda’, menor cantidad que la que Gerenschtein suele presupuestar para las ceremonias en persona.

“Tuvimos que improvisar, pero queríamos hacerla y no nos preocupó tanto el presupuesto”, indica el abogado, quien tras el éxito de su debut ya está recibiendo consultas de otras parejas.

Pero el amor sellado en lo simbólico entre Carolina y Lucas aún tardará en quedar oficializado en el registro civil y en la iglesia: “Tenemos una fecha estimada de noviembre, pero no es seguro todavía”, señala Lucas, consciente del incierto escenario que deja el coronavirus.

También deberán reprogramar su ansiado viaje a las Cataratas de Iguazú, pero son optimistas.”No es nada que no se pueda hacer en un futuro”, concluye el prometido. EFE