José Rafael Herrera: De aquella revuelta en Haymarket Square

La prensa lo calificó como “un incidente”. Los trabajadores, en cambio, lo designaron con un muy distinto calificativo. Fue, para ellos, una masacre. Inició un primero de Mayo de 1886, en Chicago. Desde las fábicas paralizadas, se hacía un llamado a huelga general con el propósito de reducir la jornada laboral de diez -y en algunos casos de doce- a ocho horas. La huelga se extendió por tres días más, hasta el cuatro de Mayo. La situación se hacía cada vez más tensa y los empresarios presionaban a políticos y jefes policiales para que pusieran fin al creciente conflicto. Un grueso número de los más diversos sectores laborales se concentraron en Haymarket Square, en señal de solidaridad con los huelguistas. Las autoridades policiales, en un intento desesperado por disolver la manifestación, ordenaron a sus agentes reprimir con saña a un movimiento que, hasta ese momento, sólo gritaba consignas de descontento frente a la injusticia. Pero alguien lanzó una bomba incendiaria contra los policias. Y, entonces, los demonios se desataron. 

El resultado fue de doble factura. Por un lado, la detención de los treinta y un responsables principales de las manifestaciones -acusados como “enemigos de la sociedad y del orden establecido”-, terminó en el juicio y sentencia de ocho de los “cabecillas”: tres de ellos fueron a prisión y cinco condenados a la horca. Uno de ellos, Louis Lingg, se suicidó antes de ser ejecutado. Al final, como escribiera José Martí: “les bajan las capuchas, luego una seña, un ruido, la trampa cede, los cuatro cuerpos caen y se balancean en una danza espantable”. No obstante, y por otro lado, a partir de aquel terrible momento, las víctimas de la protesta por la defensa de los derechos laborales fue ganando cada vez mayor consenso hasta convertirse en un movimiento mundial. El propio gobernador de Illinois, John Altgeld, declaró que aquellos trabajadores habían sido “víctimas de un complot de los empresarios, los tribunales y la policia”. A finales de aquel infausto mes de Mayo, las empresas accedieron a otorgarle a sus trabajadores las ocho horas de jornada laboral exigidas. Y cabe señalar el hecho de que ninguna de las reivindicaciones que hoy día disfrutan la mayoría de los trabajadores ha sido gratuita. Más bien, ha sido la unidad, la organización y la constancia en la lucha de la fuerza laboral la que, como resultado, ha conquistado las reivindicaciones que hoy día son percibidas como si siempre hubiesen existido. Los derechos no nacen, se conquistan.

Mucho de aquella fuerza originaria ha perdido en el presente el movimiento laboral. La cada vez mayor burocratización, la transmutación de legendarias organizaciones sindicales en auténticas agencias de colocación y, en el peor de los casos, en “empresas” para la defensa de los intereses de unos cuantos “dirigentes gremiales” corrompidos, o, incluso, incondicionales al servicio de los intereses de determinados regímenes, ha terminado por desvirtuar las glorias de otros tiempos. Rescatar las organizaciones de los trabajadores en función de sus justas reivindicaciones, es una tarea pendiente, que sólo puede surgir de sus propias entrañas. Más que una efeméride, una vana curiosidad de la historia, los sucesos de Haymarket Square deberían motivar la reflexión de más de un luchador sindical.

@jrherreraucv


José Rafael Herrera es Profesor Titular en el Escalafón del Personal Docente y de Investigación de la Escuela de Filosofía de la Universidad Central de Venezuela, en Caracas. Licenciado en Filosofía (1983) y Doctor en Ciencias Políticas (1998). Fue Director de la Escuela de Filosofía de la UCV; Rector de la Universidad “Rómulo Gallegos”; Director  de Cultura de la UCV. Ha publicado siete libros, dedicados a temas y problemas relativos a la Filosofía de la Praxis, la Dialéctica y el Historicismo filosófico