Emilio Nouel: Coronavirus en Venezuela (espero que los expertos se equivoquen)

En estos días de recogimiento casero forzado, la Asociación Civil Grupo La Colina invitó a un foro virtual que resultó ser muy bueno y útil para los que como yo, ignoramos los intríngulis de la peste que nos asedia. No solo fue importante el tema (Pandemia y escenarios), también lo fue el excelente expositor, el doctor Julio Castro, el cual nos honró con sus vastos conocimientos sobre asunto tan delicado y complejo.

El trabajo presentado, muy riguroso en el fondo y también impecable en las formas, tuvo una muy buena acogida entre los participantes, los cuales, por su calidad y procedencia, deben ser también referidos.  Allí se dió cita gente de todo el país, sobre todo, de organizaciones de la sociedad civil. De la Capital, Zulia, Portuguesa, Nueva Esparta y otras Estados. Había dirigentes sociales, médicos, profesores universitarios y hasta un rector de una importante universidad. 

El escenario expuesto allí como el más probable que ocurra en nuestro país no es muy alentador ni tranquilizador, habida cuenta de nuestra situación en extremo precaria en todos los sentidos, y particularmente, en materia sanitaria.  

Debo confesar, sin embargo, siendo temerario, que espero que ese posible escenario no se dé, como creo que en su sano juicio nadie quiere. Fervientemente, deseo que Venezuela al final salga de esta terrible situación con el menor daño posible, y podamos decir, como asomó el expositor, que fuimos un “caso raro”, excepción de la regla, frente al que se estrellaron los pronósticos que arrojaban concienzudos estudios y la experiencia.

Me ilusionó pensar en ese final venturoso, el hecho -sin ningún soporte científico, por supuesto- de que en mi encuesta personal con familiares y amigos a lo largo y ancho del país (Caracas, Coro, Barquisimeto, San Felipe, Guanare, Valencia, Puerto La Cruz, Cumaná), con las cajeras de los supermercados y panaderías, los vecinos de mi urbanización, y en las eventuales  “colas”, casi todos me contestan que no conocen a nadie con coronavirus, ni  a algún fallecido por esa causa, aparentemente.

Sé que no tiene asidero científico, ni lo pretendo, llegar a una conclusión incontrovertible a partir de mi “encuesta” particular, y cualquiera podrá rebartirla con mucha razón, pero es lo que me ha permitido alimentar el deseo arriba señalado, quizás fantasioso, quien sabe. 

Seguiré apostando a que así sea, a pesar de las afirmaciones y razonamientos fundamentados expuestos en el Foro de marras, por el experto doctor Castro. 

Estoy consciente del estado de abandono deplorable de nuestros servicios de salud públicos, de la carencia de equipos, medicinas y personal suficiente, para atender este grave desafío. A eso nos ha traído un régimen político de incompetentes, ignorantes y malversadores del erario público.  

Obviamente, estoy conteste en que el causante principal de este desbarajuste, de este crimen social, es la tiranía que nos oprime. Ella no va a ser la que nos conduzca a ese resultado feliz que añoro, más allá de que decretó, a mi juicio, la cuarentena de manera rápida, por razones de conveniencia política. 

La pandemia, lo digo en un artículo publicado hace algunas semanas en una revista de asuntos internacionales de la Universidad de Chile, le vino como anillo al dedo a los tiranos venezolanos. No solo para el control social, que le permite prolongar su permanencia en Miraflores. La carencia de gasolina, el verdadero coronavirus nuestro, para algunos, que impide el transporte de los ciudadanos, de las empresas y de cualquiera, también es una razón para que el régimen mantenga las restricciones que lo favorecen en sus propósitos de subsistencia.   

A los tiranos, con seguridad, no les deberemos un posible saldo satisfactorio de esta crisis, si es que al final y con mucha suerte, lo logramos. 

De modo pues que espero, desde mi ignorancia enorme sobre estos temas,  que nuestros respetados y responsables científicos se equivoquen a pesar de sus estudios y análisis profundos y sustentados sobre comportamientos históricos de las epidemias, datos y estadísticas. 

No sé, pero al final de estas líneas, y hablando de estadísticas, me viene a la mente una frase de Winston Churchill acerca de ellas, que viene en mi auxilio. Decía él en cierta ocasión, que las estadísticas son como para el borracho un poste de la luz, que le permite a éste agarrarse y apoyarse para no caer, más que para alumbrarle el camino.

Ojalá se equivoquen nuestros competentes expertos, y es posible que ellos, en el fondo, también lo deseen. 

Por el bien de todos los venezolanos, si salimos no tan golpeados de esta, empezaré a creer en milagros.