Pacientes crónicos condenados a muerte por la cuarentena

Un paciente que sufre de insuficiencia renal recibe tratamiento de hemodiálisis en una clínica en Barquisimeto, Venezuela, el 24 de abril de 2019. – Para pacientes crónicos, la ayuda humanitaria aún está lejos. Se espera que la primera etapa de la ayuda dure un año y asistirá a 650,000 personas. Los medicamentos para pacientes crónicos se contemplan en una segunda etapa. (Foto de YURI CORTEZ / AFP

 

Estar enfermo en Venezuela es un drama. Desde hace poco más de cinco años el país ha estado sumido en una profunda crisis económica que hace que imposibilita cumplir al pie de la letra cualquier tratamiento médico. Los últimos reportes de la Federación Médica Venezolana (FMV) y de la Federación Farmaceútica Venezolana (FEFARVEN) revelan que en el país hay una escasez del 80% de medicamentos. Situación que se agrava en medio de una cuarentena social que acorrala a los pacientes crónicos.

Por Osman Rojas | LA PRENSA de Lara

Basta con dar una vuelta por las comunidades para darse cuenta de esta realidad. Personas que tienen semanas sin tomar una pastilla porque no las encuentran en las farmacias y cuestan un ojo de la cara en el mercado negro o casos de pacientes que caen en estado de desnutrición porque en medio de la cuarentena los familiares que los mantienen no han podido trabajar están a la orden del día.

Estas personas tienen como filosofía la lucha por la supervivencia; sin embargo, el confinamiento social en el que se encuentra el país hace que sus expectativas de vida se reduzcan. “Son muchos los enfermos que se van a morir en este país por culpa de esta cuarentena”, fue una de las confesiones que hizo la señora Anaís Angarita, paciente renal atendida en la unidad de diálisis Barquisimeto, quien asegura que al centro de salud llegan personas a aplicarse sus tratamiento sin tener un bocado de comida en el estómago.

“Es horrible. Hay personas que no comen porque no tienen dinero y se viene a hacer sus diálisis así. A veces dan desayunos en la unidad pero eso no es todos lo días”, comenta Angarita.

Ese no es el único drama de los enfermos renales pues, además de lidiar con la pobreza, en las unidades de diálisis las condiciones para la atención de estos enfermos no está dada. La insalubridad reina en cada uno de estos espacios, los tratamientos llegan incompletos, las máquinas se dañan y no hay quién las repare y si se llega a presentar una emergencia los mismos enfermos deben resolver pues no hay médicos especialistas.

“Aquí tenemos mucho tiempo sin contar con un doctor fijo. Si la persona se complica las enfermeras tratan de estabilizarlo o lo mandan al Hospital Central”, confiesa la señora Iris Romero, otra de las pacientes renales atendidas en la unidad de diálisis Barquisimeto.

Pero los problemas no se limitan únicamente a los enfermos renales. Aquellas personas que necesitan atención médica por ser de avanzada edad también padecen por las condiciones inhumanas causadas por la cuarentena. Mercedes Cordero es un vivo ejemplo. Ella tiene a su madre de 92 años en cama y debe alimentarla con jeringas pues luego de contraer una infección respiratoria hace poco menos de tres semanas la señora no consume alimentos sólidos.

“Lo que más nos cuesta es conseguir la solución fisiológica o el omeprasol para inyectarle”, dice. Cordero explica que en su casa todo el mundo se turna para cuidar a la señora, especialmente en las noches cuando, los cortes eléctricos hacen que los zancudos y el calor se vuelvan insoportables.

“Mamá se desespera y hay que empezar con un cartón a echarle aire. Ella tuvo una infección respiratoria y cuando hay calor le cuesta mucho respirar. Es por eso que todos nos trasnochamos y la cuidamos”, relata.

Cuando se le consulta el por qué la señora no está hospitalizada la familia Camacho explica que en el Luis Gómez López la dieron de alta de un día para otro. Presumen que esto fue producto de la pandemia. “Imagino que no sabían durante cuántos días se iba a extender esto y nos dijeron que la lleváramos a casa”, relata la señora Jackeline Cordero, nieta de la señora.

En estos momentos la abuelita de 92 años está necesitando una silla de rueda, yelcos, soluciones fisiológicas y un colchón antiescara; sin embargo, la familia no ha podido movilizarse debido a la cuarentena social.

En manos de Dios

Orar y esperar que la situación mejore. Esa es la premisa a la que se abrazan muchos pacientes en Venezuela. Ahora mismo el país está sumido en la peor crisis sanitaria de su historia pero los enfermos deben seguir luchando. Giovanny Colmenárez es un paciente con colostomia. Fue operado el pasado mes de enero de unos absceso que tenía en sus gluteos. Su condición hace que la higiene y el reposo sean claves pero no cumple ninguna de las dos.

En medio de la cuarentena este hombre ha tenido que familiarizarse con el sufrimiento para poder hacerse sus curas. Sin transporte y sin recursos para comprar las gasas necesarias para las curas el señor Colmenárez se ha visto en la necesidad de improvisar con retazos de tela. “Se picó una camisa de algodón y se esterilizó con agua caliente. Es lo que usamos para las curas”, relata la señora Margarita Morillo, enfermera encargada de cuidar al señor.

El drama con el que debe lidiar Colmenárez no se limita únicamente a las curas pues la escasez de transporte que ha generado la cuarentena lo obliga a caminar. Según su propio relato la semana pasada este hombre, en compañía de su esposa, tuvo que caminar desde el Hospital Central hasta la avenida Vargas. En condiciones normales el trayecto se recorrer en un lapso de siete minutos; sin embargo, el señor Colmenárez no puede caminar y tardó poco más de una hora en recorrer los 1.6 kilómetros que hay entre el Antonio María Pineda y la Vargas con Venezuela.

“Iba a paso lento. Caminaba poco a poco. Me cuesta mover las piernas pero como no hay transporte no tuvimos otra opción”, concluye.

Sin tratamiento

A unos muchos y a otros también. A su modo la cuarentena social afecta a todos los pacientes crónicos que hay en el estado y no sólo desde el punto de vista clínico sino también a nivel psiquiátrico. José Carlos Jiménez es hijo de una mujer que sufre de esquizofrenia, ansiedad y parkinson. Aunque la señora quizás no entiende de racionamientos o escasez de medicinas sabe que cuándo hay calor su cuerpo se fatiga y si no se toma el alprazolam no concilia el sueño.

“Es muy difícil poder hacerse cargo de una persona así. Yo soy hijo único y lo que gano no me alcanza para todo. En Farmatodo venden las pastillas para el parkinson en un millón 400 mil bolívares. Eso es algo que no puedo pagar”, dice Jiménez.

Los ansiolíticos que toma la señora tampoco han sido comprados. Su hijo dice que no cuenta con el dinero necesario así que trata de calmar a su madre dandole te con hojas de poleo. “No es lo mismo pero intento calmarla. No puedo comprar manzanilla porque está muy cara”, dijo.

El drama de estos enfermos no es algo nuevo. Desde hace un par de años diversas fundaciones como Lara Entera por la Salud o Cáritas Venezuela advierten sobre el no cumplimiento de tratamientos médicos. Esta crisis; sin embargo, ha cogido un impulso mayor en las últimas seis semanas pues la cuarentena saca las costuras a una crisis sin precedentes.

“No es sólo lo que mata. En Venezuela los pacientes están sufriendo ahora más que nunca porque con el cierre de las fronteras ya nadie está yendo a Colombia a buscar medicinas y eso es algo delicado porque los enfermos tienen que sobrevivir con lo que hay en las farmacias y eso es casi nada”, denunciaba el doctor René Rivas, presidente del Colegio de Médicos en el estado Lara.

La imposibilidad de viajar a países vecinos a buscar los tratamientos es tal que, en estos momentos, es común ver a través de las redes sociales a enfermos con cáncer buscando donaciones de quimioterapias pues no tienen cómo cumplir con sus tratamientos.

“La realidad es que cada vez hay menos tratamiento. En promedio los centro especializados están aplicando entre tres y cinco quimioterapias al día porque no todos tienen los medicamentos completos. Antes de la cuarentena en SAO hacíamos entre 15 y 20 quimioterapias por semana”, decía en días pasados la doctora Castro, del servicio de radiología del SAO.

Lo que más preocupa a médicos y pacientes es la limitantes que van a tener durante las próximas semanas pues hace pocos el presidente Nicolás Maduro firmaba la extensión del decreto de emergencia sanitaria lo que contempla por lo menos 30 días más de cuarentena.

“No todos los pacientes van a aguantar. La grave crisis económica, política y social que hay en Venezuela generará un colapso en la red hospitalaria. Ya las farmacias se están quedando sin medicinas y todo eso provocará más muertes en los hospitales”, decía la señora Juana Duarte, familiar de un paciente renal.