Melissa Sáez: Renovador, conviviente y práctico

Imaginemos que las asociaciones e ideales de los actores políticos de nuestras sociedades, fuesen renovadores, convivientes y prácticos, que un día despertaran y sólo existiera la sobriedad de ofrecer  una idea coherente para pueblos reales. 

Una de las grandes brechas, entre las políticas actuales, sus actores y protagonistas son las estrategias divorciadas de las realidades de los pueblos. El desconocimiento y abandono de estudios sostenidos de la población, causa el desconocimiento  de la  audiencia;  basarnos de forma azarosa solamente en indicadores económicos, culturales y evaluar a la audiencia como un todo no basta.

En mi opinión, la sociedad mundial se está renovando, los pueblos han evolucionado de formas distintas,  y las políticas y estrategias siguen siendo las de tiempos pasados; a los gobiernos de hoy se les demanda ser más abiertos a los cambios, para que puedan evolucionar con una  sociedad que cada día se transforma, sin dejar de lado los indicadores económicos. Tal vez sea bueno empezar a evaluar el sentir de nuestros cohabitantes, trabajar en conjunto como una unidad y dejar de vernos como piezas separadas; dejar los viejos patrones y axiomas que ya no funcionan, para integrarnos en una sociedad que no es la misma del ayer.

Debemos apuntar a lograr transformar esa sociedad que se ha enfermado de individualismo a  ser convivientes, concientizar nuestros egoísmos y entender que en el bienestar de la sociedad en general, reside nuestro propio bienestar, sin dejar de lado la importancia del  yo, subrayar las semejanzas del grupo y mejorar nuestros procesos. Por muchos años nos hemos resguardado en afirmaciones como: “mi libertad acaba, donde comienzas los derechos del otros”, donde pareciera que partimos de que hacerle daño al otro, es lo que delimita nuestros rango de libertad. Es hora  de considerar  sumar afirmaciones y valorar el estado del bienestar de un nosotros, del todo y no solo de las partes, enalteciendo la dualidad otredad y mismidad.

Y finalmente un gobierno práctico; entendiendo por ello un equilibrio en el respeto de  los valores preestablecidos y evolucionar cuando estos dejan de ser prácticos para el buen funcionamiento de la sociedad, progresar de forma responsable y ser más flexibles a la hora de introducir cambios en nuestro valores,  protocolos, procedimientos, normas y acuerdos sociales, sin caer en ningún tipo de desorden ni anarquía. Tomar lo que nos es valioso en el aquí y ahora,  e incorporarlo en nuestro sistema. En este caso la practicidad apuntará a encontrar soluciones a las problemáticas y no por el contrario agravar la situación con posiciones externas o internas que no aporten resultados efectivos en la resolución de conflictos o situaciones adversas.