Ecuador, donde pandemia y desinformación viajaron veloces de la mano

Ecuador, donde pandemia y desinformación viajaron veloces de la mano

REUTERS/Vicente Gaibor del Pino

 

Al tiempo que el nuevo coronavirus se descontrolaba en Ecuador, lo hacía la desinformación, con bulos que iban del lanzamiento de cuerpos al mar, el hallazgo de muertos en las playas, o la proliferación de remedios “milagrosos” –a veces peligrosos– contra la enfermedad.

Latinoamérica, donde el virus llegó de España, con una nutrida comunidad de emigrantes, está lejos de China, cultural y geográficamente. De hecho Wuhan -foco del brote a fines de 2019- se encuentra en las antípodas de la provincia argentina de La Rioja. Estas distancias hacen fácil creerse cualquier cosa que supuestamente sucede en el otro extremo del planeta.





Incluso, los contenidos falsos sobre COVID-19 llegaron a la región semanas antes que el propio virus.

El 25 de enero ya circulaban en redes sociales videos sobre el supuesto origen de la enfermedad; eran imágenes de un mercado de animales vivos, pero no habían sido grabadas en Wuhan, China, sino a más de 3.200 km, en Indonesia.

Horas después, se multiplicaban denuncias sobre la creación y patentado del SARS-CoV-2 por “inventores estadounidenses” y por Bill Gates, otra vez invitado a la fiesta complotista.

Cuando China registraba casi 80.000 casos y unas 250 muertes, el 29 de febrero, Ecuador reportaba el primer contagio, Brasil ostentaba apenas uno y México, tres. En Colombia y Argentina, el virus todavía era cosa de otros. Un mes después, Ecuador contaba 2.748 casos, tres veces más que Argentina, para una población inversamente proporcional. Los servicios sanitarios colapsaron y la desinformación campó a sus anchas, con consecuencias tangibles para los ecuatorianos.

– Escenas de terror –

“¡No compren pescado! Muertos por coronavirus son arrojados al mar en Ecuador y Perú”, decía la leyenda de dos videos compartidos decenas de miles de veces en redes sociales. En realidad, uno mostraba cuerpos de migrantes en una playa libia en 2014 y el otro, el traslado en una embarcación de un fallecido cuyo cuerpo no ha sido arrojado al mar, dijeron a la AFP sus familiares.

“Soy comerciante de marisco. Ha afectado mis ventas, por las mentiras o las grabaciones falsas que se han hecho”, contó por WhatsApp a AFP Factual un usuario de Ecuador.

La rápida expansión de casos en el país generó incertidumbre sobre el paradero final de los cuerpos. Circularon sospechas de fosas comunes, con fotos de tumbas cavadas en descampados compartidas frenéticamente en redes sociales. Sin embargo, de las que verificó AFP Factual, una había sido tomada en México en 2018 y la otra en Ecuador, pero en 2016, sin vínculo con la actual pandemia.

“Todos los ataques estaban dirigidos a desestabilizar al Gobierno Nacional”, dijo la Secretaría de Comunicación de la Presidencia ecuatoriana, que da como ejemplo “la supuesta quema de cadáveres en las calles de la ciudad de Guayaquil, que fue replicado por noticieros de todo el mundo, cuando en realidad las imágenes correspondían a quema de muebles o llantas”.

Además de Facebook, el gobierno identificó unos 25 grupos con cerca 4.000 usuarios cada uno en Telegram y en WhatsApp, claves para la difusión de desinformación, con audios falsos. La entidad dice haber “desmentido más de 300 publicaciones desde marzo”, implementó acciones de respuesta con Facebook y Google, creó un portal con información sobre el virus, un robot para consultas en WhatsApp y la Unesco lo asesora para aclarar noticias falsas en temas sanitarios.

– Pico de desinformación –

“Durante la emergencia sanitaria por el COVID-19, esta campaña de desinformación se incrementó”, denuncia el gobierno de Ecuador.

Según datos de la red internacional de Fact-Checking (IFCN, por sus siglas en inglés), en 13 países de América Latina han sido verificados, sobre todo en Brasil, Colombia y México, cerca de 1.000 contenidos falsos desde el 24 de enero.

“Las dos categorías de falsedades que más llaman la atención son sobre ‘autoridades’ –es decir, desinformación de carácter político–, con 230, y las falsas curas, con 181 casos”, añade el IFCN.

– Remedios milagrosos (o mortales) –

Como en otras regiones, florecieron recetas caseras para curarse de la enfermedad: Tomar agua tibia “cada 10 minutos”, ajo, jengibre, miel, hacer gárgaras de sal o de bicarbonato, entre otros.

Hasta el presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, publicó en marzo una receta con estos fines, que Twitter se encargó de eliminar.

Autoridades de salud y expertos coinciden: estos ingredientes, en el mejor de los casos alivian síntomas, pero no curarán el nuevo coronavirus, ni prevendrán su contagio. E incluso advierten: ingerir alguno de estos productos en grandes cantidades puede ser dañino para la salud, y hasta mortal.

Inyectarse agua marina –como hicieron cientos de personas en Ecuador– puede descompensar “ya que el cuerpo va a sacar agua de los tejidos para bajar el nivel de la sal en organismo”, explicó a la AFP Juan José Yunis, profesor de genética e inmunología de la Universidad Nacional de Colombia.

Hoy, Perú, México y sobre todo Brasil han desplazado a Ecuador del protagonismo que tuvo al inicio de la crisis. Con unos 40.000 casos y 3.400 muertos –-en contraste con el medio millón de casos y casi 30.000 muertos de Brasil–, la curva estadística no presenta la verticalidad del principio, pero las estampas dramáticas que se vieron en Guayaquil, las reales, se confunden con las falsas, que abundaron a la par que la pandemia entraba en Latinoamérica, empezando por este país de 17,5 millones de habitantes.

EFE