Voces de libertad | El gran derrumbe, por Omar González Moreno

Mientras en Acción Democrática el secretario nacional de organización, Bernabé Gutiérrez, muestra el puñal ensangrentado que le metió por la espalda a su jefe político y protector de toda la vida, Henry Ramos Allup, para apoderarse de la tarjeta, los símbolos e inmuebles de la tolda blanca.

Mientras en Primero Justicia sus fundadores, Henrique Capriles y Julio Borges, reciben una cachetada judicial de un recién llegado a ese partido, el diputado José Brito, para también apropiarse de los activos de la tolda amarilla.

Mientras en Un Nuevo Tiempo le dan el premio de un arrebatón contencioso a su creador, promotor, fundador, iniciador, patrocinador, benefactor, receptor y novio de la madrina, Manuel Rosales, por parte de uno de sus pupilos, el diputado Chaim Bucaram, que igualmente quiere quedarse con la tolda azul, roja y blanco.

Mientras Juan Guaidó respalda candidatura del musiú Mauricio Claver-Carone a la presidencia del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y el testaferro del régimen, Alex Sabb, espera ser extraditado a los Estados Unidos donde seguramente cantará como Luciano Pavarotti todo lo que se robó en Venezuela y con quienes repartió ese botín.

Mientras todo ese sucede en el sector político, la Ciudad Universitaria de Caracas, la ilustrísima Universidad Central de Venezuela, que fue declarada por la Unesco como Patrimonio de la Humanidad y como tal incorporada en la lista correspondiente de ese organismo de la ONU, se cae a pedazos como el resto de las casas superiores de estudio del país.

El techo del pasillo frente a la Facultad de Humanidades y Educación de la UCV se desplomó este miércoles, 17 de junio, y la misma suerte corre el resto de las instalaciones de esa obra maestra de planificación urbanística, de arquitectura y de arte de la “casa que vence la sombras”.

Esa obra maestra fue diseñada por el insigne arquitecto Carlos Raúl Villanueva, el Padre de la Arquitectura Moderna de Venezuela.

Ojala que el Aula Magna, el Estadio Olímpico y la Plaza Cubierta del Rectorado, por mencionar solo algunas de las instalaciones de la UCV, no sigan la ruta del techo de los pasillos de la facultad de humanidades ni mucho menos el de algunos partidos políticos, que tanto creer en diálogos, negociaciones y elecciones para salir de esta tragedia, ahora los llaman creyones.