Omar Estacio Z.: Abstemios de vanidad

Una mujer, vía celular, intenta convencer a su mejor amiga, que no rompa su matrimonio. Son las 11:45 pm.. El caso es de emergencia. Que esas cosas no pueden terminarse, así, de manera, impulsiva, precipitada, abrupta. Que es una locura, escaparse en vuelo privado, a Nueva York, mañana muy temprano, llevándose consigno a los tres niñitos del matrimonio. Que si, otra vez, le ha descubierto un romance al buen señor, es más práctico armar un zafarrancho y acabarle la “rochelita”. Que al final –lo dice la improvisada consejera, por experiencia propia- todos los hombres son una porquería y, que en todo caso, el de su amiga no es el peor. Que, además, el adulterino, es un destacado político venezolano, que ha luchado y sigue luchando de manera denodada por reponer la democracia en Venezuela.

Precisamente, de eso, es lo que se trata– le responde la esposa enardecida – ¡Es que tú no sabes, lo que es, estar casada con un “político! Que si vas con, él, al cine o un restaurante y porque nadie lo reconoce, pasa toda la velada quejándose que la película fue un desastre o que la comida estaba podrida; que si al señor, lo entrevistan en un programa, nadie logra despegarlo por varias horas del televisor, viéndose una y otra vez en la repetición de la entrevista,  para masajearse el ego; que todo es  “yo hice”, “yo, lo dije”, “ fui, yo” , “soy, yo”,  “yo, yo, yo”.

Se ha estudiado, poco y mal la vanidad en la política. Al contrario de lo que mucha gente piensa, es un elemento regenerador de tal actividad. Nuestra dirigencia, la opositora, en particular, sufre de embriaguez de vanidad, de voladoras de egocentrismo de borracheras de vedetismo, de sobredosis de narcisismo.  Algo que ha sido visto, injusta, pero, sobre todo, erróneamente, como un obstáculo insalvable para la ansiada unidad y el subsiguiente derrocamiento de la narcotiranía ¡Pamplinas! La vanidad, a falta de verdaderos principios te constriñe a comportarte como debes. Si no lo haces por convicción, te obliga la vanidad. Por lo demás, la pretendida unidad no se decreta. La impone el que sea más convincente de los aspirantes. El macho – o hembra- Alfa. No el menos, vanidoso.

Dos enviados, mujer y hombre, procedentes de Oslo desembarcan en el Aeropuerto Internacional de Maiquetía. Él, de gafas redondas imitando carey, corbata pasada de moda, terno muy ajado, con varias semanas, quizás meses, sin llevarlo a la lavandería. Élla, luce – o desluce- batola, sin ninguna aspiración, muy holgada,  sandalias tacón bajo, con tiras muy anchas de cuero oscuro, que sin embargo, permiten verle las uñas, muy sucias, del dedo gordo de cada pie (como corresponde a toda activista nórdica en materia de solución pacífica de controversias ajenas).  

Vienen a moderar un pretendido diálogo “político”, gobierno-opositor. Zapatero, venía a lo mismo, con otros atavíos, raqueta en mano en específico, porque ni siquiera se molestaba por aparentar. 

Cederles, territorio venezolano a las FARC, al ELN, al narcofundamentalismo islámico o a cualquier otro bicho de uña del hampa internacional, para que repriman, esquilmen, vejen, ultrajen venezolanos, desarmados. Para que trafiquen cocaína. Para que depreden el medio ambiente del Arco Minero. Para que rematen, nuestro oro, tinto en sangre de niños, pemones, piaroas, eñepás, curripacos, banivás, pumés, piapocos, barés, kariñas, yekuanas, sanemás, waraos, akawayos, arawacos, niños y niñas criollitas en general.  Para ponérseles en decúbito ventral (Madrino se les arrodilla) a castrocubanos, chinos, rusos, turcos, iraníes. Son crímenes a causa de la carencia de vanidad. Maduro, Diosdado, El Aisami, los Rodríguez-Gómez, Madrino, no saben lo que es amor propio, pudor, pena personal ni ajena. De vergüenza, que fue gema que en otro tiempo adornó nuestro gentilicio. De sentido de historia ni de trascendencia. Son abstemios de vanidad. Político sin vanidad no es político. Ni siquiera gente

 ¡Venir a un pretendido diálogo “político” con quienes no son más que delincuentes! Que alguien se los diga a esos noruegos. 

@omarestacio