Juan Pablo García: (Des) igualdad

“… Si una autoridad es lo suficientemente

poderosa para igualar a la gente, también lo

será para otorgarse privilegios a sí misma”

Aníbal Romero (*)

El problema de la igualdad ha atravesado toda la historia venezolana que dijo ir a la Guerra Federal para saldar de una buena vez el problema, pero no lo logró. Y en este siglo XXI, se ha agravado a niveles impensables la desigualdad, irónicamente en nombre de la igualdad. El socialismo en curso nos ha hecho más desiguales y un cogollito político y social que ha ejercido la autoridad de hecho, encubierta con una retórica institucional, goza de todos los privilegios del poder tras el saqueo gigantesco de la riqueza petrolera. La demagogia de Chávez fue infinita e hizo creer a todo el mundo que la riqueza natural la repartía, desprestigiando el trabajo como fuente insustituible de la prosperidad. Maduro trata de inflar las expectativas, pero todos ya están convencidos de la infinita ruindad hacia la que definitivamente vamos, excepto que se consiga la cada vez más difícil ocasión de enchufarse exitosamente con la usurpación.

Bastará con citar, apenas comenzada la pandemia, el escándalo de La Orchila. Hijitos de papá fueron a celebrar el cumpleaños y se filtraron imágenes y videos de lo que resultó una tragedia: contrajeron muchos de los fiesteros el COVID19 y, por supuesto, no se ha sabido más de ellos porque la censura y la represión impide indagar y averiguar el asunto. Casas de lujos, yates, aviones, licores, prepagos, en fin, un despilfarro de los boliburgueses creados por este socialismo al amparo de la corrupción y de los más oscuros negocios. Mientras tanto, bajo el control territorial el malandraje, los que habitan los sectores populares  y la cada vez más disminuida clase medi, ya saben lo que es el hambre en sus extremos, la falta de medicamentos, la desescolarización de los muchachos, la desesperación. Al finalizar la anterior centuria, a un obrero calificado le alcanzaba ara alimentar a los suyos, enviar a los hijos a la universidad y, además, pagar un viaje de placer por cuotas. Hoy, ese obrero desempleado, forma parte de los cinturones de miseria de ciudades y pueblos. Increíble las extravagancias fuera y dentro del país de quienes gozan de todas las comodidades, al lado de las inmensas mayorías empobrecidas. Existe una poderosa élite chavista que desprecia a los suyos, se burla de la gente que creyó en el hijo de Sabanetas, y todavía habla en nombre de la igualdad.

Todos somos y no somos iguales. Hay una desigualdad vertical que se basa en el acceso privilegiado al poder, a los medianos y pequeños contratos, a los más turbios negocios que le aseguran a sus herederos una carta de nobleza por ser socialistas, fundándose en el realero acumulado, en la educación a la que se acceden y hasta en el colorcito de la piel. Hay otra desigualdad horizontal que apunta a las grandes mayorías de venezolano con diferentes talentos y vocaciones, con deseos de trabajar y ganarse el pan por sí mismos, demandando oportunidades iguales para todo el mundo, confiada a las posibilidades de una sociedad libremente competitiva, abierta y realmente libre, con el derecho de pensar y de hacer cada quien lo que más le convenga dentro de la ley. Los unos acumularon demasiado poder y, siendo una ínfima minoría, en nombre de populismo de la igualdad, se enriquecieron exponencialmente. Con el cese de la usurpación y la Operación de Paz y de Estabilidad (OPE), seguramente se esfumarán, aunque no todos porque tienen cuentas pendientes con la justicia.

(*) “Aproximación a la política”, Universidad Simón Bolívar, Caracas, 1990: pág. 194.