Cómo es el nuevo trabajo sexual en la web que no incluye casi nada de sexo ni erotismo

Objetos que las personas venden en línea como una forma de trabajo sexual (Amy Lombard/The New York Times)

 

La pornografía es la experiencia sexual más común disponible en línea, quizá es tan común que ha surgido un mercado para intimidades más raras.

Por infobae.com

Botellas de agua de baño de influencers se venden a 30 dólares el frasco. Algunas modelos de videollamadas se han apartado de las actuaciones eróticas puesto que pueden ganar más vendiendo galletas caseras y broches de cabello. Incluso puedes pagarle a un desconocido para que se atiborre de bocadillos de Trader Joe’s, si te gustan este tipo de cosas.

Para algunas personas, esa clase de servicios son un empleo de tiempo completo. Otros lo ven como un trabajo complementario, en el que la remuneración por hora puede ser mucho mayor al salario mínimo por, digamos, pasear perros o servir de barman. Además, puedes hacerlo desde la comodidad de tu apartamento o tu residencia de estudiante.

“Tendría que trabajar de niñera durante muchas horas para ganar 250 dólares, los cuales puedo conseguir en unas pocas horas de trabajo sexual en línea”, dijo Ella, de 19 años, estudiante de segundo año en la Escuela de Diseño Parsons que solicitó que se le identificara por su nombre de pila como una precaución de seguridad. “Lo sé porque fui niñera durante mucho tiempo. Lo odiaba”.

Ella relató que, en su primer semestre en Parsons, ganaba alrededor de 800 dólares a la semana de distintas fuentes de ingresos basadas en el trabajo sexual, entre ellas estaba la venta de fotografías de sus pies. Abrió una cuenta de OnlyFans después de que cerró su campus en la primavera y regresó a vivir a su casa de la infancia, pero aún no ha publicado nada en esa plataforma. “Es un poco difícil hacerlo con mi familia siempre en casa”, comentó. En la mayoría de los casos, sus clientes se comunican con ella a través de sitios de uso más común como Tinder e Instagram.

“Muchos sexoservidores ahora ofrecen parte o la totalidad de sus servicios en un entorno digital”, señaló la socióloga Angela Jones en un artículo académico de 2016 llamado “I Get Paid to Have Orgasms” (me pagan por tener orgasmos), publicado en la revista Signs Journal of Women in Culture and Society de la Universidad de Chicago. En otras palabras, el trabajo sexual ha sido, en gran medida, un oficio virtual desde hace años.

La pandemia solo ha acelerado esa tendencia. En marzo y abril, por ejemplo, OnlyFans declaró que vio un aumento del 75 por ciento en sus nuevos usuarios y creadores.

Tal vez ya es bien sabido que el hecho de venderte a ti mismo —tu cuerpo, tu contenido, tus fotografías de desnudos, tu apetito, tu línea telefónica— ya no es un tabú ni es considerado denigrante. Muchas personas, sobre todo las que crecieron con las redes sociales, se sienten totalmente cómodas con exponer cada detalle de sus vidas en línea. Además, la idea de que cualquier cosa o persona se puede monetizar como una marca se ha convertido en una creencia popular en el mundo empresarial.

“Bueno, quizá soy parcial porque soy una estudiante de arte que vive en la ciudad de Nueva York, por lo que mis amigos y yo vemos el trabajo sexual en línea como algo muy normal”, afirmó Ella. “Hablamos sobre estar conscientes de nuestro privilegio, en el sentido de que somos trabajadores sexuales y no tenemos que serlo”. (Para la gran mayoría de los sexoservidores, hay menos alternativas).

Sin embargo, es válido cuestionar, ¿qué tiene de atractivo que alguien te pague por contar tus estrías, o vender fotografías de tus falanges a desconocidos?

Algunos de los nuevos “trabajadores sexuales” ganan dinero vendiendo sus galletas caseras

 

Aunque el estilo de vida sin duda influye, la economía es el catalizador. Este año, The Atlantic destacó que Estados Unidos, donde dos de cada cinco adultos tendrían dificultades para conseguir 400 dólares en caso de una emergencia, está viviendo una “crisis de asequibilidad” y que “los administradores de hospitales, los tesoreros de las universidades, los centros de cuidado infantil y los arrendadores les han quitado hasta el último centavo” a las familias.

Y eso era antes de la crisis del coronavirus, la cual afectará en particular las oportunidades económicas y de empleo de los jóvenes, según predicen los expertos.

Así que cualesquiera que sean las inquietudes válidas en términos morales, éticos y de seguridad con respecto al trabajo sexual en línea, no se puede negar que para esta nueva cohorte de actores y creadores de contenido —muchos son trabajadores independientes expertos en tecnología que tienen empleos ajenos a la industria del entretenimiento para adultos y no se identifican como estrellas porno— este es un camino hacia algo parecido a la estabilidad financiera.

Los calcetines de 850 dólares

Varios puntos de entrada a esta línea de trabajo ahora se encuentran en las redes sociales más populares, lo cual amplía el campo de juego y aminora el estigma. “Yo trabajo principalmente a través de Twitter, Snapchat y OnlyFans”, dijo una trabajadora sexual en línea de 29 años que vive en Seattle y solicitó que se le identificara por su alias, Eevie Lain, por motivos de seguridad.

“Creo que esos sitios les han abierto las puertas a muchas personas en línea que no se identifican como ‘trabajadores sexuales’ pero venden cosas como ropa interior porque ven que hay demanda de eso”, afirmó Lain, quien vende su lencería por precios desde 50 hasta 400 dólares. También ha vendido broches de cabello, sostenes, calcetas de gimnasio, medias y galletas navideñas hechas en casa que la gente compra por 200 dólares la tanda (no, no tienen forma de genitales).

“Las personas solo quieren cosas tuyas cuando empiezas a interactuar con ellas en línea, incluso si no hay contacto físico”, explicó. “Ya no hago videollamadas, pero sigo vendiendo mis pertenencias”. (Cuando empezó a hablar con clientes por videollamada en 2012, Lain dijo que ganaba 10.000 dólares al mes, lo cual le permitió renunciar a su trabajo en una cafetería y mudarse a un mejor apartamento. Desde el brote de coronavirus, afirmó que ha aumentado la demanda de sus servicios y pertenencias).

Mz. Kim, una titulada universitaria de treinta y tantos años que solía trabajar en la industria tecnológica y ahora se dedica de tiempo completo a ser dominatriz en línea, comentó que gana de 18.000 a 22.000 dólares al mes. Ha vendido un par de calcetines por 850 dólares y unas pantimedias por 1500 dólares (más de una vez). “Sé que suena muy ridículo cuando lo piensas”, admitió. “En realidad esto se basa en que la persona siente una especie de apego hacia ti. Siente una clase de amor por tu imagen, tu apariencia y tu marca”.

Incluso ahora, mientras la mayoría de las demás industrias están en apuros debido al COVID-19, Mz. Kim dijo que su negocio en línea está prosperando. “Muchos de mis clientes están en casa y necesitan una voz segura que los guíe, comprenda y reconforte”, escribió en un correo electrónico, y agregó que “otra de las razones por las que quizá le está yendo bien al negocio es que el subconjunto de hombres que ahora deben quedarse en casa simplemente tiene más oportunidades de jugar”.

Si bien las sumas aparentemente exorbitantes de dinero pueden ser tentadoras, la investigación de Jones de casi 500 sexoservidores en línea indica que los que ganan grandes cantidades —digamos, unos 50.000 al mes— trabajan de tiempo completo. “Entrar y salir de la industria puede ser problemático y poco lucrativo”, explicó. Según los hallazgos de Jones, los ingresos medios mensuales de un trabajador sexual en línea son de aproximadamente 1000 dólares al mes; las mujeres cisgénero alcanzan un promedio de 1250 dólares, las mujeres trans, 1000 y los hombres cisgénero, 350.

Si eso suena como una suma mísera por publicar contenido sexual que podría permanecer en línea hasta que tus nietos tengan oportunidad de verlo, sin mencionar los varios otros riesgos físicos y profesionales que esto implica, Jones sugirió pensar en esa cantidad dentro de un contexto global. “En algunos lugares, 1000 dólares al mes pueden cubrir los gastos completos de cuidado infantil de una persona”, afirmó.

Convertirse en un exitoso sexoservidor en línea no es sencillo. Para obtener seguidores, los trabajadores independientes deben ser comerciantes inteligentes, volverse expertos en la optimización del motor de búsqueda, saber armar presupuestos, llevar un blog, y tener habilidades bastante avanzadas para la edición y producción de videos.

Mz. Kim ha creado cursos para ayudar a las personas a desarrollar ese conjunto de habilidades, entre ellos está el llamado “Monetiza tu atractivo en línea: estrategias de contenido para modelos”. Antes de la pandemia, impartía clases en todo el país. Parte de su credo es: “No se trata de abrir un perfil en Twitter. Debes ofrecer algo más que selfis. Debes pensar en cuál es tu atractivo en esencia”. (Una nueva clase en línea, “Inversiones para trabajadores sexuales”, se transmitirá en vivo la semana que viene).

Broches de pelo son otros de los objetos que hacen ganar dinero a los jóvenes estudiantes de Nueva York después de algún contacto en la web.

 

Entre los presentes en la clase de cuatro horas en Las Vegas estaba una oficial militar retirada de cincuenta y tantos años, un fotógrafo desempleado y una empleada de casino de más de 40 años que estaba explorando nuevas opciones profesionales. Todos estaban sentados en el espacio iluminado del segundo piso de Studios, un club que promociona a su clientela como personas de género fluido y que siempre está al tanto de costos de arranque y tácticas de publicidad. (Un truco secreto que Mz. Kim suele compartir es usar la plataforma SextPanther, que monetiza los mensajes de texto y el contenido en línea).

Mz. Kim es sincera con sus estudiantes pues les dice que, aunque el trabajo sexual en línea puede ser bastante lucrativo, dista mucho de ser una utopía laboral. Sus advertencias son: perderás amigos. Tu familia quizá no te apoye. Es probable que todo lo que publiques en línea se quede ahí para siempre, lo cual podría poner en riesgo futuras oportunidades de empleo. Deberás tomar muchas medidas para proteger tu privacidad (esta es la razón por la que la mayoría de los sexoservidores en línea usa un alias).

También siempre existe el miedo de ser expulsado de las plataformas y programas que son cruciales para la conexión entre los trabajadores sexuales y sus seguidores, como Instagram, Twitter y MailChimp. Los procesadores de pago, como PayPal y Venmo, no aceptan pagos por trabajo sexual legal, explicó Mz. Kim, lo cual obliga a los sexoservidores a recurrir a servicios de terceros que suelen tomar del 30 al 80 por ciento de las ganancias.

Uno de los productos más valiosos que pueden ofrecer los trabajadores sexuales en línea es algo que las mujeres suelen ofrecer de manera gratuita: labor emocional, o “la experiencia de tener novia”.

“Las mujeres proporcionan un menú de servicios digitales: acceder a mis mensajes de texto cuesta tanto. Una llamada de FaceTime tiene este precio, un Snapchat, este otro”, comentó Sean Dunne, director del documental “Cam Girlz”. “Muchos de estos hombres solo quieren sentir que tienen un tipo de relación, como si tuvieran una novia que les pone atención. Las mujeres han monetizado ese aspecto”.

Comprar “la experiencia de tener novia” a menudo no implica el intercambio de dinero por sexo. Dunne ha observado que “mucho de lo que sucede en línea en realidad son comportamientos muy inocentes como de novios”. Por ejemplo, Ella, la estudiante de arte en Parsons, cobra de 160 a 200 dólares por una sesión de Skype de 45 minutos, muchas de las cuales no son de índole sexual. “Solo me siento en mi cama a hablar con esta persona”, relató.

“Cada vez es más común que venda mi tiempo”, dijo Lain. “Hago muchas videollamadas personales. Es como llamar a un amigo normal por FaceTime, pero me pagan 5 dólares el minuto. Estoy creando conexiones sociales con las personas”. Afirmó que, actualmente, el 70 por ciento de su trabajo no está relacionado con realizar ninguna clase de acto sexual grabado o en vivo.