La pandemia deja al descubierto las desigualdades de la educación en Brasil

Cinthia Pergola asiste a su hijo Francisco Pergola durante una clase en línea en su casa en Sao Paulo, Brasil, el 22 de septiembre de 2020, en medio de la pandemia del nuevo coronavirus. – Después de más de seis meses sin escuela presencial, padres y estudiantes comparten sus preocupaciones, ya que el Ministerio de Educación sigue siendo vago en Brasil. (Foto de NELSON ALMEIDA / AFP)

 

El niño de 13 años que vende mangos en un mercado de Río de Janeiro tiene la misma edad que la hija de Vanessa Cavalieri y hasta hace unos meses ambos estaban en el mismo ciclo escolar.

Pero la niña toma cursos en línea desde su casa, en tanto que la educación del niño fue interrumpida por la pandemia de coronavirus, que expuso y exacerbó las profundas desigualdades del sistema educativo de Brasil.

“No ha tenido clases desde el 16 de marzo. Ha estado ayudando a su padre a vender fruta en tres mercados”, escribió Cavalieri, una jueza de un tribunal de menores, en una publicación en Facebook que se hizo viral.

“Mientras tanto, Valentina estudia portugués, inglés, ciencia y matemáticas en línea”, agregó.

“El abismo de desigualdad entre las escuelas públicas y privadas, que ya es horrible, se está agravando”, alertó la magistrada.

Brasil, con casi 145.000 muertos, es el segundo país con mayor número de decesos por covid-19.

Pero la tragedia no ha sido igualitaria: se ha ensañado principalmente con los pobres y las minorías. Y la educación es uno de los sectores donde las fracturas de esta nación de 212 millones de habitantes se han hecho más evidentes.

Padres, maestros y legisladores lidian con las incertidumbres que rodean a las escuelas de todo el mundo, con un factor suplementario de complejidad.

Los 48 millones de estudiantes primarios y secundarios de Brasil están básicamente divididos en dos sistemas: el de la educación privada para el 19% de familias que pueden pagarla y el de la pública para el resto.

El tenso proceso de reapertura iniciado en algunos colegios y escuelas ha provocado discusiones incómodas.

“Esta situación no ha sido fácil para nadie ni en ningún país, pero las circunstancias de Brasil la hacen aún más difícil”, afirmó Catarina de Almeida Santos, profesora de educación en la Universidad de Brasilia.

“La educación en línea para los alumnos pobres es un cuento de hadas. No tienen el equipo, conexión a internet o recursos familiares”, dijo a la AFP.

“Hay escuelas sin agua potable, sin baños, sin electricidad. Más del 40% carecen de saneamiento básico (…). Si las abres, tienes un aumento garantizado de contagios de covid-19”, advirtió.

– Año perdido –
Como muchos padres, Cinthia Pergola, una trabajadora social y madre soltera en Sao Paulo, ha batallado para que sus hijos sigan estudiando en el departamento que comparte con otra familia.

Sin embargo, dice que su hija de 8 años y su hijo de 9 no están aprendiendo mucho en la escuela pública en línea.

“Lo estoy viviendo como un año sabático, con tiempo para estar juntos. Pero en cuanto al aprendizaje, es un fracaso”, contó a la AFP.

Aun así, reconoce que su familia es afortunada, mientras su hijo estudia con un MacBook.

“Tenemos un computador, un teléfono celular. Muchas familias ni siquiera tienen internet”, señala.

Juliana Stefanoni Iwamizu puede dar fe de ello.

Maestra de primaria en una escuela pública de Sao Paulo, dice que solo el 10% de sus estudiantes asisten a las clases en línea.

“Muchos viven en favelas, no tienen saneamiento básico, dependen del almuerzo del colegio para comer. Y obviamente no tienen acceso a internet”, enumera.

– ¿Iguales? –
La situación tampoco es ideal en el sistema privado, confrontado al caos y la confusión.

Pese a disponer de más recursos, la mitad de las escuelas privadas medianas y pequeñas están amenazadas de quiebra por los cierres durante la pandemia, indicó un estudio reciente.

Y han tenido que improvisar el aprendizaje a distancia, con mensajes contradictorios de las autoridades locales con los del gobierno ultraderechista de Jair Bolsonaro.

Timmon Vargas, profesor de química de 32 años en tres colegios privados de Río de Janeiro, describe la desorganización de la enseñanza a distancia.

“Cada escuela utiliza una plataforma diferente y tiene reglas y estrategias de educación diferentes”, expone.

“El gobierno federal no comunicó ningún plan (…). La educación parece ser su enemiga”, agrega.

El caos no hace más que aumentar con los proyectos de reapertura.

En Río de Janeiro, los colegios privados se preparaban para abrir el 14 de septiembre, bajo estrictos protocolos, y las familias se abastecían de mascarillas y desinfectantes de manos para las mochilas escolares.

Pero una batalla legal, con informaciones contradictorias entre gobiernos estatales y municipales, sindicatos de maestros y cortes judiciales sembró el caos.

Un magistrado bloqueó el retorno, argumentando que la reapertura exclusiva de escuelas privadas violaba el principio de igualdad ante la ley. “Eso solo contribuiría a aumentar la desigualdad”, explicó.

Pero esa decisión fue a su vez anulada por un tribunal de apelación el miércoles por la noche.

AFP