La “revolución” de los drones iraníes y turcos en las montañas de Irak

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Archivo: Imagen ilustrada

 

El uso por parte de Irán y Turquía de drones contra los kurdos en las montañas del norte de Irak es, para los expertos, una “revolución” militar, pero en el terreno empujó a los habitantes a huir y hacen temer un rebrote de las tensiones regionales.

“Todos los días, se ven drones, tan bajos que se les distingue a simple vista”, asegura a la AFP Mohammed Hasan, alcalde de Qandil, principal bastión del Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK), que libra una sangrienta guerrilla en suelo turco desde 1984.

Tanto el PKK como el Partido Democrático del Kurdistán de Irán (PDK-I) han hecho del Kurdistán iraquí, autónomo desde 1991, su retaguardia.

Para Ankara y Teherán, son grupos “terroristas” que hay que eliminar a cualquier precio, incluso más allá de sus fronteras.

Tras disparos de artillería desde su territorio, desde 2018, los dos vecinos de Irak ahora optan por los drones, más precisos para apuntar contra un enemigo que se mueve a pie o a bordo de camionetas en zonas muy escarpadas.

La operación “Garra de Tigre”, lanzada en junio por Ankara, puso en evidencia este cambio, informan a la AFP expertos y habitantes.

Según militantes, la frecuencia de estos ataques es tal que obligó a habitantes de decenas de pueblos a escapar. Otros añaden que miles de yazidíes, diezmados y forzados a huir por el grupo yihadista Estado Islámico (EI) en 2014, no regresan por miedo a los ataques contra el PKK, un grupo presente en su región de las montañas Sinyar.

 

– “Revolución” –

 

Los drones son una “revolución”, afirma a la AFP Nicholas Heras, del Institute for the Study of War. “Gracias a estos drones Turquía gana su guerra contra el PKK en el norte de Irak”, estima. Pues permiten localizar, identificar y eliminar a sus blancos en unos minutos.

Y lo que es más, Turquía puede ahora dirigir sus misiones por menos dinero, añade Sibel Duz, experta turca de drones.

Ankara intercambió sus costosos F-16 estadounidenses por drones de fabricación local como los Bayraktar TB2, que presentan tres ventajas: mejores herramientas de vigilancia, autonomía de vuelo de 24 horas y coste bastante bajo para que su pérdida sea amortizada, detalla la especialista.

El PKK derribó “siete” aparatos turcos, asegura su portavoz Zagros Hiwa en la región de Qandil.

Pero la contribución de los drones turcos, combinado a las operaciones terrestres, cambió la situación, reconoce en una entrevista exclusiva con la AFP.

Los turcos, dice, “perpetraron incursiones hasta 15 kilómetros en el interior de Irak” e instalaron nuevos puestos militares en la zona, creando de facto una zona tapón en su frontera.

Estos drones preocupan igualmente a los estadounidenses.

Un observador estadounidense señala a la AFP que las fuerzas especiales enviadas por Washington para operar en secreto en el norte de Irak vieron aumentar recientemente “la frecuencia e intensidad” de los ataques de drones turcos.

“Los turcos sobrevuelan posiciones estadounidenses con aparatos militares armados. Es absolutamente inaceptable”, sostiene.

 

– “Mucho más sofisticada”-

 

En cuanto a Irán, ya utilizaba aviones equipados con cámaras durante su guerra contra Sadam Husein hace 40 años.

Actualmente, sus drones Mohajer-6 y Shahed-129 vigilan, atacan y, sobre todo, ayudan a los artilleros en tierra a ser más precisos, explicó en una entrevista poco habitual con un medio iraní el coronel Akbar Karimloo, encargado de los drones.

La manera en la que Irán utiliza sus drones en Irak es “mucho más sofisticada” que en otras partes, confirma a la AFP Adam Rawnsley, del Foreign Policy Research Institute.

Irak, que ya perdió dos altos oficiales por disparos de drones turcos, y Erbil, capital del Kurdistán iraquí, no hacen comentarios oficiales. Pero, bajo anonimato, responsables confiesan que no tienen manera de presionar a sus vecinos.

“El problema de Irak es que potencias más importantes lo utilizan como un campo de tiro”, resume Rawnsley

Mientras, en tierra, las víctimas civiles se acumulan sin que nadie pueda establecer un balance real, alerta Wim Zwijnenburg, de la oenegé holandesa PAX.

AFP