¿Qué significa y qué hacer cuando “se te sube el muerto”?

 

Te despiertas en medio de la noche pero un peso se posa sobre ti y te impide moverte, quieres gritar pero eres incapaz de emitir siquiera un pequeño gemido. Despiertas y estás seguro que hay un cuerpo sobre ti. Pero no, sólo “se te subió el muerto”, un fenómeno formalmente conocido como parálisis del sueño o parálisis nocturna.

Por Harmonia.

Pero ¿qué es lo que realmente está pasando? Cuando dormimos atravesamos dos etapas fundamentales para alcanzar el sueño profundo. La primera de ellas es conocida como fase ligera, la cual se caracteriza por la ralentización de las ondas cerebrales. Aproximadamente 90 minutos después entramos en el sueño profundo. Nuestro organismo sufre una baja en la temperatura corporal y en el pulso; el oído se alerta, los ojos se mueven bajos los párpados de un lado a otro de una manera similar a cuando vemos una película.

A este fenómeno ocular se le denomina MOR, movimiento ocular rápido o REM, por sus siglas en inglés, rapid eye movement. En este momento es cuando ocurren los sueños y el cerebro está tan activo como cuando estamos despiertos.

Una serie de pasos puede ayudarte a salir de este estado:

1. Reconoce los síntomas

Las experiencias varían pero en general los síntomas incluyen una parálisis total o parcial de los músculos especialmente brazos, piernas y torso, sensación de asfixia o de un gran peso sobre el pecho, alucinaciones visuales o auditivas como una pesadilla en la que con frecuencia las personas perciben una presencia no grata o una sombra. Debido a lo inusual de esta experiencia se puede experimentar confusión, impotencia y miedo.

2. Concéntrate en el movimiento del cuerpo.

Pon atención a intenta mover los dedos de tus pies, tus manos, o tu lengua. Luego concéntrate en tus ojos y en abrirlos y moverlos, esta facultad no debe verse afectada por la parálisis del sueño. Intenta moverlos de un lado a otro con rapidez para terminar de despertar.

3. Concéntrate en tu respiración.

Sigue las sensaciones de tu respiración, no trates de manipularla, sólo obsérvala. Este ejercicio es similar al segmento de la respiración que se realiza para desarrollar atención y concentración al empezar a meditar.

4. Imagina que te mueves.

Visualiza cómo te mueves, imagina que puedes hacerlo sin esfuerzo. Esto también te ayudará con los sentimientos de miedo e impotencia.