El pronóstico que se cumplió con Juan Pablo II y otras anécdotas del día de su elección

Foto archivo: AP

 

Tres fumatas negras precedieron al esperado humo blanco que por fin se elevó sobre la capilla Sixtina en la tarde del 16 de octubre de 1978, suscitando un aluvión de aplausos, gritos y pañuelos en la Plaza de San Pedro. Desde la ventana de la fachada, el cardenal Felici anunció el «gaudium magnum» y sorprendió al mundo al pronunciar el nombre del nuevo Papa. El polaco Karol Wojtyla, arzobispo de Cracovia, había sido el elegido por el Colegio Cardenalicio reunido en cónclave. Comenzaba el Pontificado de Juan Pablo II, el primer Papa no italiano desde 1522.

Por ABC

«Otra vez la sorpresa. Si fue grande hace un mes con la elección del cardenal Luciani, un prelado casi desconocido y al margen de todos los pronósticos, esta vez los cardenales se han atrevido a lo que nadie osábamos pronosticar, no sólo a romper las barreras geográficas y a elegir lo que aquí llaman un “extranjero”, sino a elegir un purpurado de un país en la frontera del mundo y de la fe», escribió José Luis Martín Descalzo en ABC. La noticia era enorme, destacaba el conocido sacerdote y escritor. Se rompía una tradición de cuatro siglos de Papas italianos y se elegía al primer Papa polaco de la Historia, en un momento, además, en que un Gobierno comunista mandaba en ese católico país.

Martín Descalzo, que había seguido en Roma los rumores que habían apuntado al cardenal Siri o a Benelli, recogió en su diario aquel momento en que el cardenal Felici dijo el nombre de «Carolum», el elegido, tras una pausa llena de suspense. «Me di cuenta de que algo no encajaba. ¿Carlos? ¡Ninguno de los cardenales italianos se llamaba Carlos” ¿No sería un error y habría querido decir “Corradum” refiriéndose a Ursi o habría confundido al obispo teólogo Carlos Colombo con el cardenal Juan Colombo? Había, sin duda, un error: los obispos italianos se llamaban José, Juan, Sergio, Sebastián, Salvador, Antonio y Hugo; no había ningún Carlos. Y, de pronto, el apellido: Wojtyla. ¡Era el milagro! ¡Se habían atrevido! Rompían el viejo complejo nacionalista que duraba ya desde hacía cuatrocientos años y se atrevían a elegir a un Papa… polaco».

Para el director de la sección «La Iglesia en el mundo de hoy» de ABC, que conocía desde hacía tiempo a Wojtyla, su elección era «un acierto total» porque tenía «una cabeza enorme, densa, sólida», tenía «un corazón de luchador» que no había perdido la ternura y era «un cardenal que sería socialmente progresista en cualquier país, pero a quien creen conservador por la simple razón que ha de luchar a diario con un comunismo que trata de aplastar su fe». Un cardenal que había paseado el mundo, que dominaba cinco lenguas vivas y «un pastor para quien la fe no es un castillo que hay que defender, sino un pan que hay que repartir y propagar».

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