Chile: El fracaso de la vieja derecha, por Antonio Sánchez García @sangarccs

Las victorias casi simultáneas de Sebastián Piñera en Chile, de Mauricio Macri, en Argentina, de Iván Duque en Colombia y de Jair Bolsonaro en Brasil fortalecieron las esperanzas de un cambio político, amplio y profundo, en una región tradicionalmente hostil a la derecha. Al cabo de unas gestiones caracterizadas por la pusilanimidad, el temor y la disposición a rendirse ante las renovadas exigencias de las izquierdas, sin la menor duda, incentivadas, promovidas e incluso financiadas por el castro comunismo desde La Habana, pasando por la Venezuela de Maduro y los partidos comunistas y frentes amplios dominados por las izquierdas respectivas, todas esas esperanzas se diluyeron
en agua de borrajas. Nada cambió para mejor en ninguno de los países en los cuales la derecha se hiciera con el poder de los respectivos gobiernos. El balancees un aplastante fracaso.

La razón principal se debió a la pusilanimidad y carencia de fortaleza ideológica de parte de los respectivos gobiernos. Tanto para adelantar los cambios socioeconómicos esperados y prometidos, como para hacer frente al renovado y fortalecido embate de las izquierdas, comprometidas a satisfacer las necesidades de un castro comunismo dispuesto a llevar las cosas al enfrentamiento.

El caso de Chile es emblemático: el gobierno de Sebastián Piñera, asediado por un embate que mezcló terrorismo con insurrección, se rindió ante el brutal y escandaloso despropósito de comunistas, socialistas y frenteamplistas. Y su aparato ideológico escabulló la necesidad y la obligación de ver y comprender el verdadero sentido y la única intención de las acciones desestabilizadores de octubre de 2019: acorralar al gobierno, imponerle una agenda política e incluso precipitar su caída. En un ominoso caso de cobardía y falta de entereza política, las fuerzas de la derecha y el gobierno de Piñera cedieron a la tramposa exigencia de la izquierda: aceptar la realización de un plebiscito para convocar a una asamblea constituyente eir hacia una nueva Constitución. En otras palabras: se rindieron al cuestionamiento del sistema democrático vigente y abrieron la puerta para dar paso a una embestida revolucionaria.

Cuestionar la legitimación de la Constitución vigente en Chile desde su fundación republicana, la misma que, en su esencia, ha persistido por encima de los cambios que la afectaran desde 1833 al día de hoy, permitiendo un ejemplar desarrollo institucional y garantizando la existencia e intangibilidad de sus instituciones, es como ceder al embate de una pandilla de violadores entregándoles previo acuerdo la virginidad de la asaltada. No nos llamemos a engaño: aceptar la realización de un plebiscito para discutir si se acepta o no se acepta la vigencia y legitimidad de nuestra Constitución bicentenaria es darle poder y validez a quienes pretenden derrocar la institucionalidad democrática y permitir la instauración de una dictadura castro comunista en Chile. La misma que fuera reiterada en su aprobación por quienes les dieron el voto a Piñera y, al borde de desatar una guerra civil para imponerla, fuera quitada violentamente del juego por la intervención de las Instituciones del Estado, incluida las fuerzas armadas.

Sorprende a los observadores la pérdida del sentido de Estado y la disponibilidad a dejarse violar de parte de un gobierno que acepta renunciar a la legitimidad plena de que fuera investido por una indiscutible mayoría electoral. Al aceptar el chantaje del Frente Amplio y de los partidos marxistas chilenos, renunciando a su derecho a defender la Constitución y el Estado de Derecho vigente, Sebastián Piñera y todas las fuerzas que lo respaldan, demostraron con total impudicia la falta de patriotismo y el insólito oportunismo político que las caracterizan.

De hecho, del resultado del plebiscito depende la existencia misma del gobierno de Piñera, identificado de manera aviesa y deshonrosa con la jugada del castro comunismo chileno. De ganar las fuerzas anti constitucionalistas, la institucionalidad chilena habrá recibido un golpe mortal. De la Constitución que pergeñen los constituyentistas dependerá la naturaleza del sistema político chileno del futuro. De triunfar el rechazo, Piñera habrá perdido toda su legitimidad. La única opción que le quedaría en sus manos sería la renuncia. Los vencedores tendrían todo el derecho a elegir un presidente que los represente. Será la hora de la emergencia de una Nueva Derecha.