Américo De Grazia: Conspiración pendiente

Hemos sido permanentes constructores de fracasos, gracias a las conspiraciones subalternas de un cóctel de compromisos narcisistas, grupales y crematísticos que cíclicamente se repiten de manera copiosa. Tal como era de esperarse, ante la coyuntura presente, estamos en víspera de una nueva conspiración. Quienes tenemos intenciones de no prestarnos para ello, tenemos la obligación ética de advertirlo y desvelarlo ante los ojos de propios y extraños.

Los venezolanos debemos vacunarnos informándonos y prevenirnos para no pecar de incautos. Facturando desde ya la conspiración en marcha; poniendo las cartas al descubierto con todos los elementos que esto implica. No es una tarea menuda, ni agradable. No somos analistas, sino actores. Por ello hay que situarse en el contexto presente, teniendo en referencia las conspiraciones inducidas en las últimas dos décadas.

La más relevante de todas las conspiraciones se ejecutó contra las fuerzas sociales organizadas, destacando la CTV (como motor instrumental de los trabajadores venezolanos) y las asociaciones de vecinos como núcleos ciudadanos de representación colectiva. Ambas fueron diezmadas, sin que generasen réquiem u obituario de difuntos. Desaparecieron del escenario político venezolano de manera silenciosa y complaciente. Hasta seguramente, casi sin temor a equivocarme, más de uno lo celebró y aún lo celebra. Más que por falta de visión, por ceguera política e incluso por causas no ajenas a los tres elementos conspirativos antes descritos.

Y junto a esos dos instrumentos de fuerza social pudiéramos citar otros. Ese es el músculo del que hoy adolecemos para terminar de echar del poder al narco madurismo que nos ocupa. Peor aún, seguimos conspirando conscientemente para que no se recuperen, invisibilizándolos y negándoles protagonismo, privando el criterio atribuido al poeta alemán Bertolt Brecht “…vinieron por los judios y no me importó, porque yo no era judio”.

Chavez, por instrucciones de Castro, sabía que para instrumentar su totalitarismo, tenía que desarticular a las fuerzas sociales capaces de hacerle peso. Y lo hizo sin que nadie advirtiera el peligro. Movimientos sociales que, veinte años después, siguen sin capacidad de resiliencia, huérfanos y náufragos sin GPS que les sirva de brújula hacia su recomposición. Hasta hoy les negamos importancia e incidencia en el quehacer nacional. Apostando inútilmente a la política “pura” o de salón. Aquella que se fragua en tabernáculos o conciliábulos.

La respuesta solo se encuentra en el miedo que tenemos las castas políticas en ser desplazadas de nuestro eje de confort. Una democracia sin fuerza social es solo una entelequia. Negar su fortalecimiento es nuestra mayor debilidad para la acción final y el fortalecimiento de un país libre.

Otra conspiración inusitada fue la sufrida por la MUD, organización que agrupaba a todos los partidos democráticos del país y que sufrió el parricidio por sus propios hijos. No fue el narco madurismo quien defenestró ese instrumento sino sus afiliados que primero lo desacreditaron y luego salieron corriendo a profundizar su deslegitimación e ilegalización. En el entierro no hubo ni obituario.

Hoy estamos en presencia de una conspiración más. Esta vez contra la AN, el gobierno interino e incluso el alumbramiento del gobierno de emergencia que le dé vigencia, permanencia y pertinencia a la continuidad de la lucha.

Una vez lograda la deslegitimación del narco madurismo de origen y de ejercicio y a nivel popular, tanto para con los nacionales e internacionales, vuelven los conspiradores domésticos. Aquellos que anteponen sus egos e intereses a los propósitos superiores. Ese es el punto. Para ello, recurren insistentemente a los lugares comunes. Sobreponen los adjetivos antes que el razonamiento estratégico. El telón que sirve de fondo es generalmente el mismo, “la corrupción”; sirvió para conspirar contra CAP, para dejar a su suerte a la CTV, para defenestrar a la MUD y hoy a la AN. Curioso argumento. Citan con frecuencia a Churchill y sus hazañas, sin percatarse que para ganar la 2da Guerra Mundial, éste tuvo que unirse a su peor enemigo, el Comunista y genocida más grande de todos los tiempos, Stalin.

En política las alianzas no se dan entre buenos y malos, sino con los necesarios para lograr el objetivo superior. Quienes conspiran tienen la mala costumbre de enrostrarle al pueblo sus fracasos, alegando la vocación “coprofoga” de los ciudadanos, de querer vivir comiendo basura. Como acaba de ocurrir en Bolivia donde los narcos presentan un solo candidato y los “demócratas” presentan siete. Esa es la casta política del desastre que, para garantizarse continuar en la escena, termina responsabilizando de su error al pueblo boliviano. Aquí no estamos lejos de presenciar un teatro similar a propósito del fraude en marcha y de los acontecimientos del próximo 5 de Enero. Cuando advertimos de lo que está por ocurrir, reaccionan como duquesas ofendidas.

En Upata, mi pueblo, se suele decir “al perro hay que espantarlo antes de que se obre”.
Por eso insistimos en que el destino de la lucha por la libertad de los venezolanos, no depende de quién ocupe la Casa Blanca en Washigton, ni de los resultados del fraude del 6D, ni de cuanto pueda ocurrir el 5E.

Tres premisas a tener presentes:
una, el peor pecado de un político es la ingenuidad; dos, los políticos tienen que saber anticipar eventos y construir escenarios y, tres, el político está en la obligación de alertar e informar a sus ciudadanos de los peligros de su entorno, para que no pequen de incautos o de tontos útiles a intereses banales.

Hoy, aquí y ahora, en tiempo presente, bajo estas circunstancias, conspirar contra el Presidente Guaidó, la vigencia de la única y legítima AN, su continuidad constitucional para la consecución del Gobierno de Emergencia es conspirar contra la libertad del pueblo de Venezuela. Todo lo demás es subalterno. A los colegas diputados que legítimamente alegan que se encuentran en el insilio de nuestros predios y se exponen a la persecución del régimen de continuar ejerciendo el rol que les compete les recuerdo que en Colombia, para luchar contra la tiranía del terror impuesta por el narco Pablo Escobar, hubo que usar jueces y escabinos “sin rostro” para reponer el estado de derecho y hacer justicia.

De modo que sí hay alternativas si existe voluntad política. La inercia no es una ella. Debemos combinar múltiples formas de lucha, tal como se hizo en el pasado contra los tiranuelos que ocuparon el trono. La responsabilidad colectiva es el resultado del concurso individual. Siempre es bueno recordar que nadie es más que otro si no hace más que otro. Estos no son tiempos de héroes, sino de útiles. Y no cabe preguntar por quién doblan las campanas, lo hacen por ti.