Elías Amor: El canciller Rodríguez, las remesas y las familias cubanas

Elías Amor: El canciller Rodríguez, las remesas y las familias cubanas

El ministro de Exteriores cubano, Bruno Rodríguez, ha atacado con una dureza digna de él, a EE UU, al declarar que “la nueva medida contra las remesas reafirma que no existen límites para un Gobierno criminal en la imposición de políticas que limiten los contactos, la comunicación y la ayuda mutua entre las familias de ambos países”. No es buen argumentario para alguien que se supone deben tener competencias diplomáticas. Además, hay gente que suele dedicarse a alterar o ignorar la memoria histórica. Tal vez por ello, en Cuba será necesario prestar mucha atención a lo ocurrido a lo largo de la existencia del régimen castrista, porque los que juegan a ocultar el pasado suelen ganar con sus actuaciones, y eso es imperdonable.

Culpa el ministro comunista Rodríguez a Estados Unidos por tratar de imponer políticas que limitan los contactos, la comunicación y la ayuda mutua entre las familias. Y a lo mejor habría que preguntar quién fue primero, el huevo o la gallina, porque la historia confirma que el régimen castrista fue el primero en romper los contactos familiares entre los que se iban de Cuba y los que quedaban a partir de 1960.

Durante décadas, los cubanos que elegían la vía del exilio no tenían la oportunidad de, ni siquiera, tener noticias de los que habían quedado en la Isla, en algunos casos retenidos por las autoridades, como ocurría con los jóvenes en edad militar. Fidel Castro se especializó en impedir la entrada al país a exiliados que pretendían acudir al funeral de un familiar, y se mostraba mucho más crítico con el reencuentro en momentos de felicidad.





Algún día será necesario recuperar esa memoria histórica de familias cubanas rotas por culpa de la posición del Gobierno revolucionario, que era muy clara: quienes rompen con la Revolución son enemigos y hay que impedir el contacto con los que quedan en la Isla. Todavía hoy se dejan escuchar mensajes de este calibre. De hecho, con el tiempo, los cubanos se convertían en una especie de rehenes que eran utilizados para controlar a los exiliados y emigrados, trasladando mensajes, a través de las redes de espionaje en el exterior, de significado mafioso, “pórtate bien, o los tuyos en Cuba lo van a pasar muy mal”.

No parece necesario extenderse en las historias de vida provocadas por la separación de familias del régimen castrista; forman parte del sufrimiento de los cubanos, de la memoria histórica de esta etapa de la historia de la nación y los que ejercen la desmemoria, como el canciller Rodríguez, saben de qué se está hablando.

Por eso, cuando se dedica a lanzar críticas a la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC) del Departamento del Tesoro hacia una norma que será publicada oficialmente en el Registro Federal el 27 de octubre, que procede a eliminar el alcance de ciertas autorizaciones generales relacionadas con las remesas, Rodríguez muestra lo que verdaderamente le interesa: el dinero que envían los cubanos residentes en EE UU a sus familias en Cuba.

Pero es que, como no se lee los documentos administrativos, lo normal es que meta la pata y eso es imperdonable para un canciller. O tal vez no cometa un error, sino que aproveche la normativa de la OFAC para atacar a EE UU, y buscar esas adhesiones que siempre encuentran los comunistas cubanos en sus corifeos por todo el mundo. En concreto, cuando Rodríguez ataca a la OFAC por aplicar controles a las remesas que se envían desde EE UU a Cuba, debería decir que los afectados por la norma no son los cubanos de a pie, que mandan dinero a sus madres o hijos para llegar a fin de mes, sino a esa relación de entidades llamada Cuba Restricted List, que incluye a más de 200 entidades y subentidades cubanas, “definidas” como prohibidas para los estadounidenses, por su dependencia del ejército comunista o la seguridad del estado, o del aparato comunista que mantiene el control político de país.

La norma de la OFAC tiene como objetivo restringir el acceso de dichas entidades y subentidades a los fondos obtenidos en relación con las actividades relacionadas con las remesas, incluso en su función de intermediarios o en su recepción de tarifas o comisiones por procesar transacciones de remesas. Una ganancia fácil para el régimen castrista que había venido obteniendo, al actuar en régimen de intermediario del monopolio en un sector que mueve más de 2.000 millones de dólares al año.

Un buen ejemplo ha sido la inclusión en la lista a la institución financiera Fincimex, que es la contraparte en Cuba de la compañía de transferencias de dinero Western Union en Cuba. Ya es sabido que en la Isla para operar en cualquier ámbito las entidades internacionales precisan de un socio cubano, detrás del que suele estar el Estado castrista. La inclusión de Fincimex obedece a que se trata de una entidad estatal, dependiente del régimen, y que se pretende excluir del negocio de comisiones de las remesas. Una buena decisión. El canciller Rodríguez ha salido en defensa del negocio de Fincimex, eso le preocupa mucho más que los lazos familiares. Su mensaje en Twitter tiene muy poco que ver con la ruptura de las familias cubanas. La decisión de apartar a Fincimex ha dado en la diana.

Ojalá que todas las disposiciones de EE UU para cercar al aparato comunista para que no obtenga beneficios de actividades humanitarias tuvieran el éxito similar al de apartar a Fincimex. Esta es una buena estrategia de EE UU, pero difícil de implementar, como ya se ha señalado en este blog. El régimen extiende sus lazos sobre el conjunto de la economía y se hace muy difícil sortear esa presencia hegemónica.

El envío de remesas a las familias es, en el caso de los cubanos, una actividad humanitaria, dada la precariedad de las condiciones de vida de los cubanos, que solo puede mejorar si se tienen dólares para comprar en las tiendas en MLC. En esta ocasión, las autoridades de EE UU no se oponen a que las familias cubanas reciban remesas de los suyos que trabajan y viven en el vecino del norte, no existe la menor intención de romper lazos familiares, sino de poner algo de orden en un negocio fácil del régimen castrista que le ha proporcionado cuantiosos beneficios. El canciller Rodríguez no debe faltar a la verdad. No es lo propio de la diplomacia