General Motors Venezolana y su aniversario en silencio

 

Fachada de la General Motors Venezolana
Foto: El Carabobeño

 

El 3 de noviembre de 1911, hace ya 109 años, la unión comercial entre un empresario como William Crapo Durant y un conocido e intrépido piloto de automóviles como Louis Chevrolet, dio vida a la empresa Chevrolet Motor Car Company, que en esos primeros años de industria automotriz en EE.UU y en el mundo, fue usada por Durant para apuntalar su presencia en la naciente General Motors Corporation, recurriendo a la popularidad local de Louis Chevrolet para presentar sus productos ante los consumidores.

Por: Julián Afonso Luis

Al poco tiempo de ser fundada, Chevrolet se enfocó hacia la producción de vehículos de bajo precio en volúmenes cada vez más altos, buscando imitar el éxito de Henry Ford y de Ford Motor Company. Ello con el tiempo provocó que las posiciones comerciales de Louis Chevrolet (que quería producir autos caros y exclusivos en poca cantidad) y William Crapo Durant se separaran hasta ser irreconciliables, momento en el cual el ex piloto acabó separándose de la empresa que creó e inició un proceso involutivo en su vida, que terminó discretamente, dedicándose a la creación de autos de competición denominados Frontenac, curiosamente sobre la base mecánica del Ford Modelo T.

En paralelo a la decadencia de Louis Chevrolet, William Crapo Durant logró su objetivo de posicionar a Chevrolet Motor Car como una empresa de alto volumen de fabricación y eso le convirtió en una empresa sumamente rentable.  Una consecuencia de ello fue que Chevrolet entró definitivamente al esquema comercial de General Motors en 1917 y otra consecuencia fue que a partir de 1918 la posición comercial de la empresa, como escolta de Ford Motor Company, fue expandiéndose de tal forma que acabó por otorgarle el liderazgo absoluto de producción y ventas en el mercado norteamericano en 1927.   Desde ahí, muchos eventos han marcado la historia de la marca, que sigue siendo la más importante de la panoplia global de GM.

 

Una historia venezolana

La presencia comercial de Chevrolet en Venezuela se remonta a los años ’20, cuando diversos distribuidores locales – primero en Caracas y luego en ciudades como Maracaibo, Valencia y Barquisimeto – comenzaron a importar vehículos fabricados por Chevrolet y otras marcas del imperio GM.   El creciente volumen de ventas justificó que Chevrolet y GM enviaran de vez en cuando a sus agentes comerciales y gerentes a Caracas, para visitar a los concesionarios y atender invitaciones especiales como las que en ocasiones extendió la propia oficina de la Presidencia de la República.

El creciente fortalecimiento de la relación comercial entre Chevrolet, GM y Venezuela no se limitó a la importación de vehículos nuevos, sino que trascendió hacia algo mucho más importante, pues en 1944 la empresa asignó a uno de sus ejecutivos la misión de establecerse en Caracas y abrir formalmente operaciones en nuestro país a nombre de la División Chevrolet y de la propia GM.  Así fue registrada la razón social GM Interamericana Corp. y se abrió un pequeño establecimiento comercial en Puente Hierro (donde estaban establecidas las principales empresas dedicadas al sector automóvil en Venezuela) en el cual trabajaron inicialmente ocho personas.

 

 

De la oficina a la fábrica

Los dependientes del establecimiento de GM Interamericana en Puente Hierro tenían básicamente dos misiones.  La primera era coordinar la importación y distribución de piezas de repuesto para los varios centenares de unidades Chevrolet y GM vendidas por los concesionarios y representantes oficiales de la empresa en el país.  La segunda era coordinar la importación de vehículos nuevos para atender los pedidos de esos concesionarios.   Sin embargo la verdadera razón de ser de aquel establecimiento fue otra;   establecer una ensambladora propiamente dicha a fin de producir vehículos a motor en Venezuela, gracias a la buena pro recibida del propio Gobierno Nacional.   Una buena pro recibida, curiosamente, en tiempos de verdadera turbulencia política y en los que todos los actores políticos entendían que por muy irreconciliables que fueran sus diferencias y pugnas, ninguna podía detener los programas macroeconómicos de desarrollo industrial y social.   Otros tiempos.

La idea de armar automóviles en Venezuela fue toda una novedad en 1944.  Para entonces circulaban en Venezuela algo más de 9.000 vehículos a motor y la demanda iba en aumento.  Las diversas visitas de los gerentes norteamericanos de GM a Miraflores, además de presentar parabienes, también tenían como objetivo explorar oportunidades comerciales y justamente de allí surgió la posibilidad de establecer GM Interamericana para desde ahí colocar las bases industriales.

Pronto el equipo de trabajo de GM Interamericana en Puente Hierro formalizó la adquisición de un terreno bastante plano, situado bien a las afueras (para entonces) de Caracas.  Ocurrió concretamente en Carapa, en Antímano.   Allí pronto comenzaron las obras que permitieron levantar un enorme taller y un edificio de oficinas.   Las obras estuvieron terminadas en 1948 y paralelamente se fue coordinando el modo de recibir piezas en el Puerto de La Guaira e instalar la logística necesaria para subirlas en camiones – vía Carretera Vieja – hasta Antímano.  Todo eso permitió el 16 de septiembre de 1948 celebrar con una cuarentena de empleados la culminación de la primera unidad GM armada en Venezuela;  un camión ligero Chevrolet 3100 de color rojo.   Eso a pesar de que la vida política en el país vivía un momento tremendamente delicado que hará explosión apenas un mes más tarde, el 18 de octubre de 1948.

 

Cada vez más carros

Una vez puesta en marcha la planta ensambladora en Antímano, la producción comienza a aumentar y la denominación comercial GM Interamericana da paso a otra denominación; General Motors de Venezuela (cambiada en los años ’90 por GM Venezolana).   Pronto comienzan a subir las cifras de producción a un ritmo de 2.000 unidades por año y en 1952 se celebra la producción del primer vehículo de pasajeros;  un sedán Chevrolet Bel Air con motor de seis cilindros.  Un poco después, en 1954, un Bel Air sedán de color blanco se convirtió en el vehículo Nro. 10.000 armado por GM Venezolana.    En 1957 ya se podría considerar que la industria automotriz estaba en plena expansión en Venezuela, pues para entonces habían registrados 40.000 vehículos en todo el país, de los cuales casi una tercera parte eran de marca Chevrolet y/o habían sido armados en el país.

A partir de 1963 el Gobierno Nacional invita a las numerosas empresas automotrices que distribuían productos de importación a través de pequeños concesionarios y/o de representantes comerciales, a seguir disfrutando las ventajas de participar en un mercado en plena expansión instalando operaciones fabriles.   Ese año ya GM Venezolana había armado 100.000 unidades y ello representaba algo así como el 60% del parque automovilístico total.

En 1967 circulaban en Venezuela unos 200.000 vehículos a motor, es decir, veinte veces más de los que circulaban apenas dos décadas antes.  Ello explica que para 1968 en GM Venezolana se instale el primer laboratorio de Ingeniería de Productos, a fin de masificar desde allí la producción de autopartes hechas en el país por proveedores de la empresa y aumentar de ese modo el porcentaje del peso en cada carro armado en el país representado en piezas locales.

A lo largo de los años ’60, GM Venezolana se convirtió en una de las filiales más versátiles de GM Corporation;  en Antímano se armaban vehículos de las marcas Chevrolet, Pontiac, Acadian, Buick, Vauxhall y Opel.   Salvo error de nuestra parte, en ninguna otra factoría GM ni en ningún otro país del mundo hubo producción en paralelo de todas esas marcas.  También en los años ’60 se completaron trabajos de expansión en la planta de Antímano y se inició el desarrollo del proyecto de ensamblar vehículos en Mariara, a través de COVENAL Mariara.

 

General Motors Venezolana

 

De Caracas a Valencia

En Venezuela, durante los años ’70, el negocio de ensamblaje y ventas de vehículos nuevos se expandió notablemente, al punto que para 1977 el parque automotor se situaba en 500.000 unidades, de las cuales más de la mitad habían sido ensambladas en Antímano.

Paralelamente, la crisis de combustible y el embargo petrolero árabe estaban afectando severamente a la industria automotriz norteamericana, siendo Chrysler Corporation la primera en sufrir las consecuencias hacia 1978.

La búsqueda desesperada de liquidez para sostener las operaciones industriales en Norteamérica hasta que llegaran tiempos mejores, Chrysler Corporation decidió vender sus operaciones más rentables de ultramar, incluyendo la planta que por cuenta de Chrysler de Venezuela había inaugurado nueve años antes, en 1968.

Así, en febrero de 1979 se formaliza la venta de tan notable instalación industrial a GM Venezolana, que la recibe formalmente en abril de ese año.   Apenas unas semanas después, en agosto de 1979, salió la primera unidad Chevrolet valenciana;  un sedán Malibú de 1979.

La compra de la planta de Valencia hizo que por vez primera una empresa automotriz nacional ensamblara vehículos en tres localidades diferentes;  GM Venezolana todavía mantuvo altos números de producción en Antímano mientras la operación industrial en Valencia despegaba y a eso se sumaban los vehículos comerciales ligeros que se armaban en COVENAL Mariara, a los que en 1982 se les sumó el sedán Chevrolet Chevette, con el cual GM Venezolana participaba en el recién establecido segmento de carros populares.

Sin embargo aquella situación no se mantendría en el tiempo, pues poco a poco las operaciones fabriles en Antímano fueron migrando a Valencia y el lugar se dedicó a funciones administrativas y burocráticas.  En 1983 se dejó de producir en Antímano y hacia 1986 se abandonó definitivamente la operación, para concentrar todas las actividades de GM Venezolana en Valencia.

Vale la pena recordar acá el nombre del famosísimo Oscar D`León, quien antes de convertirse en el “diablo de la salsa” fue obrero del departamento de tapicería de GM Venezolana en Antímano y se rebuscaba en las noches trabajando como taxista en un Chevrolet Nova de 1972 que pudo adquirir nuevo gracias a los planes de apoyo al personal concebidos por la empresa.

 

La caída de la General Motors Venezolana

A lo largo de su historia, GM Venezolana se fue acoplando a los vaivenes económicos y políticos del país, logrando de una forma u otra seguir añadiendo capítulos a su historia y aplicando soluciones gerenciales adecuadas en los tiempos de crisis que permitieran aguantar hasta que llegaran tiempos mejores.  Fue así en 1983, cuando llegó la primera macro devaluación a través del Viernes Negro y el consecuente control de cambios y volvió a ser así en 1989, cuando ocurrió el crack cambiario y el Estado Venezolano impuso a la industria automotriz cancelar a valor de dólar libre una deuda con proveedores extranjeros contratada a dólar con valor controlado.

A partir de 1999, el mercado automotor y sector industrial del automóvil entraron en una etapa que sus ejecutivos denominaron de “alta sensibilidad”, que se caracterizó por cambios bruscos en el panorama cambiario y el marco jurídico y que se evidenció con una sucesión de años en los que se alternaban períodos de altas ventas (lo que por entonces se llamó “industria en expansión”) y bajas ventas (o “industria en recesión”).   Ello fue así hasta 2007, año en el cual Venezuela registró su mejor temporada comercial con 491.000 unidades vendidas y al final del cual se promulgó una nueva política automotriz que tuvo efectos verdaderamente negativos.

Desde 2008, el mercado automotor venezolano se caracterizó por una contracción tremenda de las actividades de ensamblaje de vehículos y de importación (autos y autopartes), con caídas interanuales del 50%, en medio de restricciones aduanales y cambiarias cada vez más profundas que impedían mantener los niveles de producción de una época.

Todavía a inicios de la primera década de este siglo, la planta GM Venezolana en Valencia era una de las pocas de la corporación a nivel mundial que trabajaba tres turnos (24 horas) y su capacidad instalada de 100.000 unidades/año le hacía (todavía lo es) una de las más grandes de Sudamérica, pero la producción dependía más de la posibilidad de conseguir piezas de los proveedores nacionales y extranjeros, que de la demanda o de otros factores.  Finalmente la demanda también comenzó a decaer y en mayo de 2016 hubo que suspender la producción por falta de material, cediendo el liderazgo industrial y comercial a otra empresa ensambladora, Ford Motor de Venezuela, tras ostentar desde 1980 el liderazgo absoluto del mercado y la industria de manera ininterrumpida.

 

Kaled Kansao (izq), el hombre tras el embargo de la planta de GM Venezolana en Valencia

 

Un golpe aún más duro recibió GM Venezolana el 21 de abril de 2017.  Ese día, en 1904, se había publicado la primera reseña en un periódico venezolano sobre la llegada del primer automóvil al país (el 18 de abril de 1904).  Ese día, pero en 2017, GM Corporation anunció la cesión de todas sus actividades industriales en Valencia y la liquidación de todo el personal hasta entonces operativo, 2.678 personas.  Ello fue consecuencia directa de la decisión de un tribunal menor zuliano de considerar “a lugar” la demanda por 476 millardos de bolívares de la época que hizo un concesionario zuliano que en el año 2000 había iniciado un litigio contra GM Venezolana luego que ésta rescindió el acuerdo comercial que les vinculaba a ambas alegando incumplimiento de términos.

Las instalaciones de la planta de GM Venezolana en Valencia han sido paulatinamente desmanteladas y afectadas por el desuso, la falta de mantenimiento, el vandalismo y el deterioro, desde que en el 2017 quedara fuera del control de sus legítimos dueños, según diversos reportes.

Las operaciones industriales de GM Venezolana en Mariara (que había sido reactivada en 2009) fueron limitándose a la distribución de repuestos en inventario para la red de concesionarios.

En la actualidad, no hay actividad industrial ni en la planta de GM Venezolana en Valencia, ni en las instalaciones de Mariara y la red de concesionarios de la empresa  (79 establecimientos a nivel nacional en 2017) se sostiene gracias a la autorización otorgada por la corporación desde EE.UU para realizar servicio posventa a sus clientes, distribuir repuestos y ofrecer en sus salones vehículos usados de cualquier marca y, en algunos casos, vehículos nuevos importados por los dueños del establecimiento.

Hoy – cuando la marca Chevrolet celebra 109 años de haberse fundado en Detroit –  es triste recordar que el pasado 16 de septiembre se cumplieron 72 años desde que GM Venezolana declaró inauguradas sus instalaciones al completar el primer vehículo armado en Antímano, que también fue el primer vehículo armado en el país.

A la fecha, según cifras oficiales, el parque automotor nacional es de algo menos de 4.000.000 de unidades, de las cuales algo más de 1.6 millones fueron producidas o importadas por GM Venezolana.   Cifras e historia que testifican sobre un legado construido con tenacidad, trabajo y confianza en el país, pero que ahora se encuentra huérfano de padres, del mismo modo en que casi lo están los cientos de miles de clientes que durante siete décadas largas han sido receptores de esta confianza y dadores de la suya.