Emergencia humanitaria y pandemia hacen que las canas pesen más en Venezuela

Emergencia humanitaria y pandemia hacen que las canas pesen más en Venezuela

Un hombre sostiene un cartel que dice “No más injusticias. Hay hambre” durante una protesta de jubilados por su pensión en Caracas, Venezuela, el 1 de septiembre de 2018. REUTERS / Marco Bello / Foto de archivo

 

Los adultos mayores no encuentran cómo vivir con una pensión que hasta ahora ha sido de solo 400.000 bolívares mensuales. La mayoría no puede asegurarse tres comidas diarias y pasan gran parte del día con hambre

Luna Perdomo / María de los Ángeles Graterol





La vejez trae consigo complicaciones inexorables, pero en Venezuela a esa lista se le agregan unas cuantas más debido a la irresponsabilidad del Estado en lo que respecta el garantizar salud y bienestar social a las personas de la tercera edad.

La organización no gubernamental Convite, defensora de derechos humanos, lleva más de cinco años alertando sobre la difícil situación que atraviesan las personas mayores en el país. Recientemente, en medio de la pandemia por el coronavirus, la ONG realizó una investigación para conocer las necesidades humanitarias de esta población.

Luis Francisco Cabezas, director de la organización no gubernamental Convite, detalló que este estudio arrojó que en Venezuela “tres de cada cinco adultos mayores se acuesta regularmente con hambre, uno de cada diez se acuesta todos los días con hambre y 23% de las personas mayores viven solas”, resume.

Con la llegada de la covid-19 a Venezuela en marzo de este año y las medidas obligatorias de cuarentena para prevenir el contagio de la enfermedad, la situación de las personas mayores empeoró: en su mayoría estos se recogieron en sus casas y el hambre tomó más terreno.

Hernán Salinas, un buhonero de 70 años de edad que trabaja en Catia, cumplió la cuarentena estricta por la pandemia desde marzo hasta mayo. En tres meses, este hombre se las ingenió para sobrevivir con una pensión de 400.000 bolívares (menos de un dólar mensual) y los bonos que otorga la administración de Nicolás Maduro a través del carnet de la patria. Sumando todo esto no llegaba a $3 mensuales.

A pesar de que en el mes de junio comenzaron a repuntar los casos de coronavirus en el país, el hambre y la falta de dinero atemorizaron más a Hernán y lo empujaron a salir a la calle a continuar con la venta de libros en una acera.

Este buhonero de 70 años vive alquilado en un cuarto de pensión en la carretera vieja Caracas-La Guaira, mensualmente debe cancelar cinco dólares, pero pocas veces alcanza a pagarlo porque no tiene forma de reunir el monto. Agradece la consideración que le tienen y que no lo hayan botado del lugar.

A Hernán Salinas le parece que la renta que está pagando es muy cara porque la plata no le alcanza. Para este señor, hacer 800.000 bolívares semanales es un milagro y cuando lo logra, aprovecha para comprar “salado” (proteínas) para acompañar los carbohidratos que trae la bolsa CLAP.

“Pasé unos meses rudos. Me daba miedo salir, pero después me dio más miedo morirme de hambre y volví para acá”, resume Hernán mientras recoge los libros y las bolsas que tenía expuestos en la calle, porque funcionarios de la Guardia Nacional lo corrían del lugar por incumplir las medidas de confinamiento. Para el momento en que fue consultado, el país estaba en semana de cuarentena radical.

“A veces no puedo comer nada, cuando no llega la bolsa, por ejemplo. Ahorita estoy comiendo dos veces al día. Cuando puedo desayuno algo bien fuerte que me aguante todo el día, una arepa rellena con espinaca; ese es mi salado. Y en la cena, otra arepa más”, describe.

Ya en el mes de agosto, Convite advertía que habían logrado determinar que “seis de cada tres encuestados manifestaron que solo perciben comida del Comité Local de Abastecimiento y Producción (CLAP), situación preocupante porque son rehenes de la caja y están en un contundente riesgo alimentario”, explicaba en ese entonces Francelina Ruiz, directora de proyectos de la ONG.

Es común oír a los adultos mayores debatirse qué hacer con los 400.000 bolívares que cobran mensualmente de pensión, no porque sea mucho dinero, sino que no saben cómo adquirir algo para alimentarse. Son muchos quienes compran pellejos de pollo para sentir que están comiendo proteína porque ni para una mortadela completa alcanza.

El Inass es una entelequia

A juicio de Luis Francisco Cabezas, el Instituto Nacional de Servicios Sociales (Inass), entidad que tiene como propósito garantizar el bienestar, la inclusión social y el respeto de los derechos de los adultos mayores, “es una entelequia; una cosa que está ahí, pero que poco hace por el tema de instrumentar una política pública, ni siquiera ha sido capaz de construir un plan nacional de envejecimiento, donde se establezca una política completa del tema adulto mayor”, expone.

Del mismo modo, afirma con dureza que es una organización que “no sabe dónde está parada”, pues se desconoce su labor. Tienen una página web caída desde hace años y una cuenta de Twitter que se dedica a hacer campaña política oficialista y retuits a los mensajes de los dirigentes del gobierno.

En cuanto a la oferta de ancianatos públicos, Cabezas recuerda que es muy limitada y resume que no llega al 30% “como mucho”. El director de Convite explica que la mayoría de los ancianatos en el país son privados y lo que hace el Estado, a través del Seguro Social, es subvencionar a los privados por una cantidad de cupos en alrededor de 56 clínicas, “pero no les paga nada”.

En este sentido, Luis Francisco Cabezas también lamenta que tampoco exista otro programa que atienda a los adultos mayores en el país. “No hay nada. Lo único que dice el Estado que hace por los adultos mayores es que han aumentado la cobertura de la pensión, pero ¿de qué vale aumentarla si el monto es irrelevante para la vida de las personas?”, se interroga.

Recuerda que el gobierno también se inventó el Plan Chamba Mayor, otro fracaso que solo buscaba mano de obra barata, sin condiciones claras y sin contratos. “Les han dado empleo precario. No se valora con dignidad la posibilidad de que las personas adultas mayores pueden seguir siendo activas económicamente”, puntualiza Cabezas.

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