César Vidal: No tendrás nada y serás feliz

Corría el año 2008, cuando el Foro económico mundial, también conocido como Foro de Davos, por la ciudad suiza en que suele reunirse, lanzó la “Cumbre Inaugural sobre la Agenda Global» en Dubái. En el curso de esta reunión, en la que estuvieron presentes 700 expertos mundiales, se abordó la realización de 68 cambios globales. La centralidad de la agenda globalista constituía un paso adelante en las actividades de un foro establecido en 1991 – justo al término de la guerra fría – cuyos miembros – seamos sinceros – carecen de legitimidad democrática, no representan a ninguna de las naciones, se han autodesignado para regir el mundo y el año que viene celebrarán una reunión denominada el Gran reseteo con el respaldo de la Organización de las Naciones Unidas. Jamás en toda la Historia universal, un grupo de poder internacional ha mostrado tan claros sus objetivos, unos objetivos que afectan sin excepción al conjunto del planeta y que además encajan con la denominada Agenda 2030 de la ONU.

Precisamente, el Foto de Davos ha publicado un breve video publicitario – que puede contemplarse en mi página web – donde se anuncian ocho predicciones para el mundo en 2030, el año que da nombre también a la agenda globalista de la ONU.

El video comienza afirmando: “No tendrás nada… y serás feliz”. A continuación señala: “Lo que desees lo alquilarás y te lo entregarán con un dron”.

El segundo anuncio no es menos llamativo: “Los Estados Unidos no serán la superpotencia que dirige el mundo. Un puñado de países dominará”.

En tercer lugar, se nos dice que “No morirás esperando que alguien done un órgano. No trasplantaremos órganos. En su lugar imprimiremos nuevos”.

En cuarto lugar, se nos anuncia que nuestra dieta variará aunque, por supuesto, por nuestro bien ya que “Comerás mucha menos carne. Será un plato ocasional, pero no un alimento básico por el bien del medio ambiente y de nuestra salud”.

En quinto lugar, como si las metas del Foro de Davos hubieran sido diseñadas por personajes como el papa Francisco o George Soros – uno de sus patrocinadores, dicho sea de paso – se afirma con rotundidad: “Mil millones de personas serán desplazados por el cambio climático. Tendremos que hacer un mejor trabajo para dar la bienvenida e integrar a los refugiados”.

En sexto lugar, se nos deja de manifiesto que la calentología logrará sus últimos objetivos ya que “Los contaminadores tendrán que pagar por emitir dióxido de carbono. Existirá un precio global por el carbón. Esto ayudará a que los combustibles fósiles pasen a la Historia”.

En séptimo lugar e ignoro si para compensar un mundo sin propiedad privada, sin consumo habitual de carne y descoyuntado por el asalto a Occidente de mil millones de inmigrantes ilegales se nos dice que “Podrías estar preparándote para ir a Marte. Los científicos habrán trabajado para mantenerte sano en el espacio. ¿El inicio de un viaje para encontrar vida extraterrestre?”.

Finalmente, en octavo lugar, el breve, pero sustancioso video concluye: “Los valores occidentales habrán sido sometidos a prueba hasta el punto de quebrarse. Los frenos y contrapesos que sostienen nuestras democracias no deben ser olvidados”.

Se puede o no estar de acuerdo con que el mundo avance hacia esas metas que deberían haberse alcanzado en 2030, pero lo que resulta indudable es que resulta muy difícil anunciar más cosas en menos de dos minutos de tiempo.

El Foro de Davos conocido como Foro económico mundial no es una organización cualquiera. Por el contrario, es una autoerigida y autolegitimada organización que pretende marcar el rumbo de todo el planeta de acuerdo con la agenda globalista. De manera nada, sorprendente entre sus miembros más importantes se encuentran George Soros – que contribuye con el Soros Fund Management – Bill Gates – que realiza aportaciones a través de la Bill and Melinda Gates Foundation – los grandes bancos del mundo o la industria farmacéutica, todo ello con el aliño de personajes como el príncipe Carlos de Inglaterra, Al Gore o el papa Francisco que dirigió un mensaje al citado foro en su reunión de finales de enero de este año.

El breve video publicado por el Foro de Davos resulta extraordinariamente revelador porque desvela siquiera en parte lo que pretende la agenda globalista. En primer lugar, no tendremos nada. Se nos privará mediante impuestos, confiscaciones y colectivizaciones de todo lo que tengamos o hayan podido ganar nuestros padres, pero se nos anuncia que aunque no tengamos nada, seremos felices. Picketty lo anunció hace años y parece que no se trata ni mucho menos de especulación sino de un plan concreto.

En segundo lugar, se nos anuncia que cualquier cosa que poseamos no pasará de ser algo alquilado aunque, eso sí, nos llegará a través de un dron.

En tercer lugar, se afirma que Estados Unidos dejará de ser la superpotencia actual porque el mundo será regido por un grupo de naciones sin precisar.

En cuarto lugar, tras afirmar que podremos tener órganos impresos, se nos dice que dejaremos de consumir carne salvo de manera ocasional, pero ya nunca como un alimento primario. Ese cambio en el consumo alimenticio será justificado como algo benéfico para el medio ambiente y para nuestra salud.
En quinto lugar, se nos anuncia un movimiento de poblaciones que afectará a más de mil millones de personas, más de mil millones de personas que tendrán que ser acogidas en las naciones occidentales lo que – no cabe engañarse – implicará el final de esas naciones y de sus culturas. Por una razón fácil de entender: no ha existido cultura a lo largo de la Historia desde los sumerios al imperio romano pasando por culturas como la minoica o la micénica que haya podido soportar una llegada tan colosal – y nunca se llegó a tanto – de gente procedente del exterior de sus fronteras. Si esos movimientos migratorios tienen realmente lugar, el Apocalipsis constituirá un pic nic de ancianitos comparado con lo que le espera a naciones como Estados Unidos o las que componen la Unión europea.

En sexto lugar, se nos anuncia que las tesis de la calentología se impondrán implicando cambios económicos de enorme trascendencia al acabar con el uso de combustibles fósiles. Imagino que a los que sueñan en ganar una fortuna con los denominados productos verdes les parecerá un porvenir glorioso, pero el daño que, económicamente, causará cualquier movimiento en esa dirección en una nación como Estados Unidos resultará colosal.

En séptimo lugar, se nos anuncia que viajaremos por el espacio quizá para encontrarnos con extraterrestres, circunstancia que no dudo que resultará atractiva para muchos, pero que, sinceramente, no creo que compense la privación de la libertad privada o del consumo habitual de carne.

Finalmente, todo queda rematado con el hecho de que los valores de la democracia occidental se verán sometidos a una presión inigualable – ¿alguien puede dudarlo? – presión que, personalmente, el que escribe estas líneas no cree que pueda soportar.

El mundo que el Foro de Davos nos anuncia para el año 2030 es un mundo similar al que hemos escuchado anunciar a George Soros en distintos artículos y entrevistas o al descrito por el papa Francisco en diferentes documentos como su última encíclica Fratelli tutti. Es un mundo donde no habrá lugar para la libertad ni para la propiedad privada ni para conservar la cultura occidental y donde además Estados Unidos que ha sido durante décadas garante de la democracia se verá relegado en favor de un conjunto indeterminado de naciones que se habrán sometido a la agenda globalista.

No cuesta ver que deberemos olvidar la idea de tener algo que podamos llamar nuestro porque nos lo arrancarán aunque eso sí, asegurándonos que seremos felices.

No podremos comer carne posiblemente porque la alimentación estará racionada en favor de las élites, pero se nos dirá que es por nuestro bien y el del medio ambiente.

No podremos ver el desarrollo de multitud de naciones porque se impedirá alegando que su desarrollo contamina el medio ambiente.

No podremos impedir que las fronteras que protegen nuestras naciones salten, que nuestra cultura e identidad se vea anegada por millones de inmigrantes – más de mil millones según el Foro de Davos – y que el planeta se vea reducido a la condición de masa ovejuna más fácil de controlar por las élites gobernantes.

Finalmente, todo indica que en ese mundo donde ya no tendremos nada propio y nos habrán extirpado hasta el último jirón de libertad intentarán entretenernos hablando de viajes por el espacio e incluso de contactos con extraterrestres y, por supuesto, insistiendo en que todo lo han hecho por nuestro bien. Para que seamos felices, literalmente.

Antes de que nos hayamos dado cuenta, nuestro mundo en parte libre, en parte próspero y en parte civilizado se habrá visto transportado a una nueva Edad Media, sin duda, más tecnificada que la primera, pero igualmente carente de libertad, de propiedad privada para la mayoría, de posibilidad de pensar con libertad, de capacidad para actuar libremente y de fuerza para contener las invasiones. Todo ello se implantará gracias a una aristocracia autodesignada para gobernar el planeta que recibe su supuesta legitimación de las fuentes más diversas. Se tratará no de porvenir rutilante sino de un espantoso nuevo mundo del que sólo puede salvarnos la misericordia de Dios. Un nuevo mundo en la que gente supuestamente será feliz sin tener nada aunque ese no tener nada no aplicará a George Soros, a Bill Gates, al Vaticano, a las grandes empresas farmacéuticas o a la banca internacional. En cuanto a los que se piensan que nuestro mundo es el mismo que el de la guerra fría seguirán enhebrando diagnósticos equivocados sobre la realidad mundial que seguirán también siendo irrelevantes.

Surge, naturalmente, la pregunta acerca de lo que hará el presidente de Estados Unidos frente a esas metas que se anuncian cada vez de manera más concreta y abierta. Es muy fácil responder a esa cuestión. Si Trump permanece en la Casa Blanca – algo que no es imposible – se opondrá frontalmente a la agenda globalista como ha hecho hasta ahora. El foro de Davos se reunirá para dar inicio al Gran reseteo en enero, pero entre los que lo apoyan no estará la nación, hasta ahora, más poderosa del globo. Si Biden entra finalmente en la Casa Blanca – lo que tampoco es imposible aunque quedará marcado para siempre por el tufo del fraude – apoyará desde el primer día la agenda globalista tal y como ha manifestado en multitud de ocasiones. De hecho, según sus propias palabras, en su primer día en el Despacho oval regresará a los Acuerdos de París, instrumento máximo de la calentología planetaria. Ese mismo día, la proa del barco nacional viraría hacia el triunfo de la agenda 2030 y del Foro de Davos que ya nos han anunciado abiertamente que Estados Unidos dejará de ser la primera potencia mundial. No tendremos nada y seremos felices… ¿de verdad hay alguien que pueda creerlo?


César Vidal es historiador y escritor; tiene doctorados en Historia, Derecho, Filosofía y Teología y es miembro del Directorio del Interamerican Institute for Democracy y de la Academia norteamericana de la lengua española.

Este artículo fue publicado originalmente en Interamerican Institute for Democracy el 23 de noviembre de 2020