Cheo Peñaloza, por Luis Barragán

Cheo Peñaloza, por Luis Barragán

Luis Barragán @LuisBarraganJ

Desde los muy tempranos ochenta, nos vinculamos con el Táchira, luego de visitar a San Pablo, más allá de Queniquea, por cierto, motivo de una anécdota inolvidable. Aquella ya remota militancia juvenil, febril y contestaría, no se explica sin los afectos que los años multiplicaron y profundizaron para darle también significación a la geografía andina que nos es tan grata.

La vida política deja constancia de su autenticidad, cuando son las diferencias las que acercan, pues, varias veces, las coincidencias suelen marcar sus distancias. El respeto mutuo, la confiada solidaridad y una limpia consecuencia, se convierten en vigas para sostener las incontables vivencias, situaciones y experiencias que, en los más variados escenarios, edifican la amistad.

Integrante de dos o tres promociones generacionales posteriores a la nuestra, conocimos a Cheo Peñaloza por aquellos parajes. El activista que devino dirigente político destacado, trillando los caminos del liderazgo en el sector educacional, ejemplificó al ciudadano activo, afianzado por convicciones constantemente sometidas a la prueba de las realidades, por lo demás, algo incomprensible para quienes todavía queman incienso en los altares de la video-política, creyendo hacerla.





Al igual que a otros amigos de añales, el Covid19 se ha llevado físicamente a Cheo. Empero, invocando el salmo 23, camino a la Casa de Dios, lo recordaremos aún más, cuando superemos al régimen al que adversó y que tanto se ha afincado en el occidente montañoso.

Suscribiendo estas notas, igualmente elevamos nuestras oraciones por quienes siguen en el duro combate contra el coronavirus, como Abelardo Díaz, otrora vecino de curul hasta 2015, en la Asamblea Nacional. Vencerá en ese, tan intenso combate, como lo logró Víctor en Aragua, Goyito en Caracas, Samuel en Bolívar o Alvaro en el Táchira, o – con una severa afectación renal – lidian Simón en Mérida o Jesús en Aragua.