La estulta embestida contra la libertad de expresión, por @ArmandoMartini

Armando Martini Pietri @ArmandoMartini

Un mundo consternado, desorientado en un laberinto confuso de pandemia demencial, violación flagrante y ataque brutal a la libre expresión. Hecho aterrador, que muestra el poder de silenciar sin que el Estado de Derecho reaccione. Puede caer bien o mal, estar o no de acuerdo, pero lo que han hecho algunos medios no es solo violación del derecho consagrado a la libertad de expresión; sino una canallada que la ética no puede tolerar.

Ni siquiera innovación tecnológica, escinde el derecho a pensar, expresarse, y en consecuencia informar libremente, sin cortapisas ni censura, es derecho natural defendido con pasión a rajatabla. Hasta la pornografía, cuestionable para muchos, llegó a ser considerada por la justicia como libre expresión. 

Descuido inexplicable no haber detectado el ventajismo, estábamos ciegos y así lo demuestra la estrenada efeméride. Mientras de un lado se tensa con severidad, en otros es holgazana. La proliferación de organizaciones que consienten encono y antivalores, además de no disimular su objetivo e incitar a la anarquía, se multiplican sin freno, vinculándose a hechos fanáticos y aberrantes, catalogados como terroristas, que culilludos y adictos se niegan admitir.

Bobos celebran, imbéciles y gafos ovacionan la censura, sirven de tontos útiles, para quienes los valores humanos no tienen significado. El periodismo debe protestar agriamente y defender con firmeza la autonomía y el libre albedrío. Justificarla, así sea parcial, es una estulticia. Luego, se quejan dándose golpes de pecho cuando el castrismo se las arrebata. 

La doble moral que policías del contenido ejecutan sin que medie norma democrática que lo autorice, cuando objetan, borran mensajes, suspenden cuentas, pero permiten actuar a grupos de presión, individuos denunciados por crímenes de lesa humanidad, reconocidos legitimadores de dinero sucio e incluso organizaciones que revelan orondas su punto de vista, visiones controvertidas, enfoques extremistas y rumbos terroristas. Un comportamiento monopólico que pretende controlar a los demás; similar al de pandillas que se apoyan mutuamente, para imponer una política común; suficiente motivo para una acción inmediata antimonopolio. 

Que mutilen el derecho a opinar como y cuando lo deseen, es tan grave como los cierres de medios que la revolución bolivariana ejecuta, que se las da de democrática, pero no pasa de tiranía al estilo castro cubano. Absolutismo mediático. 

Indignante observar a medios tradicionales e informáticos, bloqueando el derecho a expresarse de cualquier ciudadano, porque no estén de acuerdo con su fondo ni su forma. El derecho constitucional a decir lo que siente y como lo siente, los acompaña. Recuerda aquél político que, disintiendo de un adversario, le aseguró no estar en absoluto de acuerdo con él, pero que daría su propia vida en defensa del derecho de su contrincante a decir lo que pensaba.

Principio que incluye el derecho de opinar e incluso informar de acuerdo a la posición política, ideológica o empresarial de sus accionistas. Se puede tener un enfoque -comunista, socialista, católico, evangélico- dejando clara la postura a fin de que lectores, televidentes, radioescuchas, o corresponsales a través de las redes sociales, sepan a qué atenerse. De no hacerlo, ¿con qué derecho suspende, o bloquea?

La libertad de expresión es un derecho ciudadano. Y donde se cercena, hay dictadura. El bloqueo dejó atónito, sin palabras al mundo; preguntándose hasta dónde llega el poder de las plataformas, para cercenar el derecho a la libertad de expresión de las personas. Lo peor, sin aplicar una regla neutral, sólo atendiendo a prejuicios. 

La autonomía de palabra tiene límites, más aun, cuando se incita a la violencia, pero: ¿a quién le corresponde determinarlo? Algunos tratan de justificar lo injustificable. En cualquier democracia que se encuentren aplausos cuando se decide silenciarla, está enferma, terapia intensiva, en fase terminal. Si las tecnológicas deciden quién puede opinar y quién no ¿de qué sirven las constituciones, soberanías, justicia y jueces? 

Las redes sociales, son hervidero de pensamientos, cerrarlas a la libre opinión y arrogarse indebidamente el derecho a decidir qué es lícito y qué no, es una conducta deplorable. Ebullición de un peligroso poder, que reconfigura las instituciones democráticas; imponiendo sin derecho, su verdad degradando a la justicia.

Los recientes acontecimientos, obligan a profundas reflexiones. Nos jugamos la libertad y democracia frente a la censura y tiranía. La Independencia de Expresión es un derecho ciudadano, indispensable para el sistema democrático. Expresar ideas sin miedo ni injerencias ilegítimas es esencial. Cuando se quebranta, callas a quien desea expresarse, arremetes contra los que aspiran informarse, y más grave aún, embistes sin piedad contra la Democracia misma.

@ArmandoMartini