2021: Cambios en la nueva década y sus impactos políticos, por José Ignacio Moreno León

Con el inicio de este nuevo año, comienza la tercera década de un siglo  que ha estado marcado por trascendentales acontecimientos y profundas transformaciones que tienden a acentuarse como secuelas de la pandemia provocada por el COVID 19. Hay que recordar que el pasado siglo cerró con un cambio político de grandes repercusiones con la desintegracion de la Unión Soviética y con ello el fin de la llamada Guerra Fría,  cuyas consecuencias en el ámbito geopolítico aún no han sido suficientemente percibidas. Con ese relevante acontecimiento concluyó el pasado siglo dando entrada a un siglo XXI que en sus primeras dos décadas ha registrado hechos y transformaciones que están provocando cambios relevantes en la sociedad global.

 En 2001 se produjo el ataque terrorista a las Torres Gemelas de Nueva York que provocó el marcado incremento de la guerra contra el terrorismo en los Estados Unidos, con invasiones a Afganistan e Irak  y el derrocamiento del régimen taliban y el de Sadam Husein. Igualmente comienza en firme el desarrollo de la nanotecnología y la gran revolución de las redes sociales impulsando, de manera determinante, la llamada sociedad de la información y el conocimiento. En 2002 entra en circulación el euro como moneda oficial de la mayoría de los países de la Unión Europea. En 2003 se logran importantes avances en la medicina, entre ellos le descripción del genoma humano o libro de la vida y en el ámbito político y militar se produce la invasión a Irak y el inicio de la segunda Guerra del Golfo, en la que se produjo el derrocamiento de Sudán Husein, quien fue ajusticiado (ahorcado) a finales de 2006. En 2008 se inicia la crisis financiera en USA con la quiebra de Lehman Brothers, la mayor quiebra en la historia de los Estados Unidos, la cual generó a graves repercusiones a nivel internacional; ese mismo año se logra la reprogramación celular en seres humanos y la NASA confirma la existencia de agua en Marte. En 2009 se declara la primera pandemia del Siglo XXI provocada por la gripe porcina, y ese mismo año se produce la quiebra de la General Motors. En 2010 se inician revoluciones y protestas en el mundo arabe, identificadas como la primavera arabe, las cuales continuaron en 2011 con el derrocamiento de los regímenes de Túnez, Egipto y Libia. En este último país los rebeldes derrocaron y mataron al líder Muamar Gadafi. Este movimiento se expande en Europa como movimiento de los indignados que en España dio origen al partido PODEMOS el cual en la actualidad comparte el gobierno con el PSOE. Tropas especiales de los Estados Unidos matan a Osama Bin Laden en un tiroteo en Abbottan, Pakistán, y a finales de ese mismo año finaliza la guerra de Irak que se había iniciado en 2003. En 2013 renuncia el Papa Benedicto VI creando una situación sin precedentes en la historia moderna de la iglesia católica, como también lo ha sido la elección del Papa Francisco como su reemplazo y primer Papa jesuita y latinoamericano. En 2019 la farmacéutica Merck logra la aprobación de su vacuna contra el ébola, epidemia que venía afectando especialmente a varios países del África.

De todos los hechos referidos y que han marcado los inicios del presente siglo, no hay dudas que los más relevantes, por su impacto en casi todos los aspectos de la actividad humano, están vinculados a la llamada revolución digital o científico-tecnológica que se ha acelerado en la pasada década caracterizada por la expansion del Cloud computing que surgió en 2006 y permite acceso remoto a softwares, almacenamiento de archivos y procesamiento de datos por internet. Igualmente otros relevantes avances han sido las industrias 4.0, el blokchain, el incremento de la aplicación de la inteligencia artificial, la biogenética, la nanotecnología, la robótica y las telecomunicaciones 4G que mejora la velocidad de descarga como cuarta generación de la telefonía móvil. Como hemos señalado todos estos cambios se están exponenciando como consecuencia de la parálisis mundial provocada por la pandemia del COVID-19 y están generando lo que Yuval Noah Harari idéntica como la entrada a la era del colonialismo de datos, con  notables impactos en la actividad económica, en la educación y en la política.

Por cierto con las mutaciones del COVID-19 y la nueva ola de esta pandemia se están acentuando las consecuencias económicas de la misma y ya se estima contracciones hasta de un 50% de los viajes vinculados al comercio y de un 30% de la asistencia a los tradicionales trabajos de oficina, con el cierre  de un 50% los grandes establecimientos comerciales, todo ello como consecuencia del surgimiento del teletrabajo y el e-commerce que marcarán la pauta de la actividad económica. Como hemos mencionado en artículo anterior, estos cambios ya están definiendo nuevas pautas en el sistema educativo con la masiva incorporación de la educación virtual y semipresencial.         

Las nuevas realidades generadas como consecuencia de la pandemia van a tener igualmente notable impacto en el ámbito socioeconómico, especialmente con devastadoras consecuencias en la clase media por la masiva quiebra de pequeñas y medianas empresas y el incremento del desempleo. Como se ha señalado siempre ha sido esta clase social la garante de la estabilidad económica y social en los paises, por lo que estas circunstancias, unidas a la profundización de la brecha entre ricos y pobres y al mayor empobrecimiento de países rezagados, son circunstancias propicias para el incremento del descontento social y las posibilidades de desestabilización política.

Los cambios de esta nueva década que está comenzando van a tener un impacto fundamental en el ámbito político y en el modelo de economía de marcado. En lo político las tendencias apuntan a un mayor cuestionamiento del tradicional sistema democrático de gestionar el gobierno y practicar la política, por lo que, frente a las críticas realidades referidas y a la notable ausencia de liderazgos y del déficit de gobernanza y de transparencia en la gestión pública , no hay dudas que la existencia del modelo capitalista y de la democracia liberal con sistemas de gobierno sustentados en la misma  confrontan el riesgo de ser víctimas de las corrientes populistas autoritarias. Todo lo anterior  plantea el gran reto de reformular la política sobre la base de sólidos fundamentos éticos, y resaltando el principio esencial de la democracia que es la soberanía del pueblo, lo cual supone el empoderamiento ciudadano mediante la educación para la democracia y para renovar la fe civica y ética como baluarte esencial frente a los vicios de la vieja política y a las tentaciones autoritarias y totalitarias. Igualmente los grandes cambios que se están provocando en la economía global al impulso de la revolución digital y como consecuencia de la pandemia del COVID-19 obligan a repensar el tradicional sistema de economía de mercado, incorporando en el mismo el objetivo del bien común, y los principios de inclusión, equidad y solidaridad.

James Madison, cuarto presidente de los Estados Unidos, considerado el padre de la Constitución y uno de los fundadores de la democracia en ese país, con su notable visión política afírmaba  que “Todo pueblo que pretende ser gobernante de sí mismo, debe armarse con el poder que da la educación y el conocimiento”. Y para el premio Nobel de economía (1998) Amartya Sen es muy importante aplicarle una visión más social y humanitaria a la economía, lo que supone un modelo en el que el énfasis no se hace en el progreso como crecimiento económico sino considerando el desarrollo       como libertad para que el individuo logre los objetivos de la vida con su propio razonamiento, lo que implica la eliminación de las principales fuentes de privación de la libertad como la pobreza, la tiranía, la escasez de oportunidades económicas y las privaciones sociales, así como  el excesivo intervencionismo estatal. Estas dos valiosas propuestas  en lo político y en lo económico son referencias fundamentales para enfrentar con éxito las difíciles realidades de esta nueva época, en la que además los países deben fortalecer el sentido del patriotismo frente a las amenazas globalistas y del progresismo liberticida.