Gabriel Reyes: Mensaje con destino

Manejarnos desde el título de una de las principales obras de un gran venezolano como Mario Briceño Iragorry resultaría para muchos un gran atrevimiento de este escribidor, pero resulta muy interesante rescatar la vigencia del mensaje original del ilsutre pensador trujillano del siglo pasado y proyectarlo al contexto actual de nuestra querida Venezuela.

La «crisis de pueblo» que desnudó Briceño en 1951, fundamentada por el anti historicismo del venezolano, hoy cobra sentido y razón cuando nos mantenemos en un estado de catatonia política, pareciendo que estamos a merced de tiranos y cómplices, cuando en realidad tenemos un país que perdió un tercio de sus electores en una migración masiva, que perdió casi todos los partidos políticos de oposición entre escaramuzas internas y maniobras gobierneras que les despojaron sus símbolos y tarjetas de representación por la vía judicial, y perdió lo principal, la confianza en el liderazgo que pretende conducirla.

Algunos románticos invocan todavía al «bravo pueblo» que entonamos en nuestro himno nacional, y Briceño señala que «nunca llegará a nada un pueblo que se resigne a mirar con tímido respeto la gloria que pasó».

En esto estamos. Culpando un liderazgo político que nunca tuvo verdaderos líderes, sino dirigentes partidistas, y que, una y otra vez, desgastó en el crisol del asfalto de las principales ciudades del país las esperanzas de un pueblo entre sangre, sudor y lágrimas, literalmente.

Ya no podemos seguir viviendo del pasado, ni del glorioso independentista ni del reciente de protestas aparentemente estériles. Tenemos que construir el futuro, y el futuro debe constituir una realidad posible, factible y realizable, dejando a un lado el pesado lastre del conglomerado de egos que llevan años vociferando una Unidad que solo es válida si ellos son la piedra angular de la misma.

En su obra Peonía, Manuel Vicente Romero García refería que «Venezuela es el país de las nulidades engreídas y las reputaciones consagradas». Eso fue en 1890. ¿Es que acaso hemos cambiado?

Partidos políticos sin más ideología que el oportunismo fetichista del clamor popular esgrimiendo banderas y franelas con colores vacíos de pensamiento, de discursos variopintos que todos apuntan al fin del régimen que nos desgobierna, pero ninguno dice cómo lograrlo ni nos invita a un proyecto de país alternativo que nos devuelva las esperanzas.

Leer los medios y validar que la clase política, sólo parece interesarle la agenda política, la de elecciones, posiciones y aspiraciones, los distancia demasiado de los electores que se manejan con su agenda doméstica, compartida por millones, de problemas sin aparente solución, que es la agenda pública, esa que los autodenominados «líderes» evaden porque temen demostrar sus propias falencias.

Venezuela necesita desarrollar verdadero liderazgo desde cada uno de nosotros, con el primer objetivo de recuperar nuestra ciudadanía, que la entendemos como la capacidad plena de ejercer nuestros derechos individuales y colectivos, cercenados sistémica y sistemáticamente, por una plutocracia cleptócrata que se erige todopoderosa sobre la miseria colectiva.

Rescatar la esencia del militar que como diría Adenauer es un «ciudadano en uniforme», sin sesgo ideológico alguno, al servicio de una democracia que se construya sobre valores y no sobre el ejercicio sin escrúpulos de proyectos trasnochados de igual distribución de la miseria entre los venezolanos.

Este mensaje sí tiene un destino. Y está dirigido a quienes pretenden mantenerse en una agenda electoral donde nadie confía en el voto como institución de cambio político o social, porque la anomia destruyó la credibilidad en sus elementos.

Este mensaje está dirigido a quienes de forma desvergonzada exhiben un capital político inexsitente sustentado en las preferencias pasadas de un voto castigo que es implacable contra el régimen y que ellos se hacen a título de inventario, engañándose más a sí mismos que a quienes los hemos visto como alternativas al oprobio, muchas veces sin ni siquiera conocer o simpatizar con sus candidatos.

Este mensaje está dirigido a todos los venezolanos de bien, para que comprendamos que cada uno de nosotros debe ser un verdadero líder, comprometido con el cambio como un proceso que va de lo social a lo político logrando una sociedad de emprendedores y no de cazadores de cajas y bolsas, súbditos de un perverso mecanismo clientelar que compra nuestro silencio, y muchas veces, alimenta demostraciones públicas de apoyo inexistente.

No sé en este momento cuál será el destino de este mensaje, pero estoy seguro de que quien lo haya digerido con la misma intención de quien lo produjo, lo multiplicará entre personas como ellos, como quien lo escribe, venezolanos que no deseamos seguir atrapados entre la dificultad material y las miserias humanas.

Tengo confianza en una Venezuela diferente donde el progreso sea el norte, y el sol salga cada mañana por el Oriente del trabajo honesto y el estudio como caminos de superación. Esa es la tarea!!

Amanecerá y veremos…

@greyesg