Hora de definiciones, por @lmesculpi

En estos primeros días del año se ha difundido distintas reflexiones, que se venían realizando con anterioridad, la temática general trata sobre la necesidad de redefinir la ruta a seguir por las fuerzas del cambio. Llama particularmente la atención que tales expresiones, al menos la que se conocen públicamente, no provienen del universo partidista, sino de personalidades independientes con experiencia política, académicos e intelectuales, representante gremiales y de diversas  organizaciones de la sociedad civil.

Las organizaciones partidistas, más allá de uno que otro llamado general a la unidad y eventualmente a la necesidad de rectificar, no han proyectado hacia la sociedad, los contenidos de sus debates internos y las alternativas que analizan. Parecieran inhibidas y también presas de la incertidumbre presente en diversos espacios sociales. Los esfuerzos que realiza Juan Guaidó no se ven compensados con el acompañamiento de los partidos que lo respaldan.

Ya desde mediados del año pasado se vislumbraba la necesidad de redefinir la estrategia y recomponer la unidad opositora. De tal manera que las distintas iniciativas provenientes de la sociedad civil no resultan sorpresivas. Independiente del respaldo a los distintos documentos de reciente circulación, lo cierto es que provienen de la necesidad legítima de debatir la política a seguir por las fuerzas del cambio.

Lo ideal hubiese sido que la iniciativa partiera de las fuerzas representadas en la Asamblea Nacional electa en el 2015, como en otras oportunidades en que la dirección política promovió su recomposición y las redefiniciones en materia estratégica. Al no haberse procedido de esa manera, naturalmente el vacío dejado tiende a ser llenado por otros sectores.

No se trata, en general, de la pretención de sustituir o disminuir  el rol que le corresponde a los partidos políticos. Pareciera existir conciencia de su importancia para conducir la lucha democrática por el cambio. Resulta inexplicable la inhibición de las organizaciones partidistas, pareciera que ella se debe a conflictos internos en la alianza, o a concepciones distintas que dificultan el consenso.

La actual situación no debiera continuar prolongándose en el tiempo, es hora de definiciones y hay instituciones que por su propia naturaleza no pueden eludir el papel que le corresponde.

El surgimiento de la iniciativas de la sociedad civil ha posibilitado colocar el debate en la agenda de la opinión pública, siendo un factor de presión hacia el mundo político, que necesariamente tendrá que abordarlo, superando la mutua desconfianza  existente entre las organizaciones políticas y las de la sociedad civil. No se trata de revivir la experiencia de la Coordinadora Democrática, ni repetir la del Frente Amplio. Está planteada iniciar la búsqueda de un nuevo tipo de relación, respetando el perfil y el rol que cada quien está llamado a desempeñar.

Ese encuentro puede ser muy fructífero y significar una importante contribución en el diseño estratégico, colaborando en despejar varias de la interrogantes planteadas en los escenarios previstos en el campo de la oposición. Superando el déficit en elaboración política de los últimos tiempos. No se trata de generar expectativas exageradas, las reflexiones no constituyen un material acabado, pero sí pueden ser una buena base para la realización de un debate profundo y enriquecedor, necesario para responder a las difíciles circunstancias en que se desarrolla la lucha hoy.

Asumir la discusión sin posiciones mineralizadas, con la flexibilidad necesaria para recoger los matices existentes en las distintas opiniones, para generar consensos y el relanzamiento de una plataforma política en torno a definiciones estratégicas constituye un objetivo de primer orden, dadas la situación en la que se encuentran las fuerzas de la oposición venezolana.