Ramón Peña: Vacuna oficialista

José Ignacio Cabrujas, en una de sus elegantes e irreverentes reflexiones, vaticinaba que algún día podríamos tener en el poder un régimen tan abusivo, que sus acciones no tendrían más sustento que el de “¡Porque me da la gana!”. Se fue José Ignacio cuatro años antes de que arribara a Miraflores un sujeto que traía el cometido mesiánico de hacer cierta su infausta premonición. Arrogándose credenciales de redentor, sanador y hasta ectoplasma del Libertador, el mandamás expropiaba, confiscaba cuanto podía de la riqueza productiva, a capricho, sin causa de utilidad pública o necesidad social, porque le daba la real gana. Lo aplaudía la corte de fócidos que le servían de comparsa.

Desapareció el mandón pero su huella sigue marcando la pauta. Mientras venezolanos pernoctan en una cola o pagan el soborno que le exige un uniformado para tener acceso a unos litros de gasolina, el régimen, sin explicación alguna, despacha regularmente a Cuba tanqueros con el escaso combustible de que dispone. Es su voluntad y punto.

Tal conducta no tiene límite. Ahora se trata de disponer a capricho, nada menos que de la vacuna contra la Covid-19 de la cual depende la vida de millones de venezolanos. Ignorando el criterio aceptado universalmente y pautado por los organismos internacionales de la salud, en cuanto al orden de distribución de la vacuna, el Golem gobernante anuncia con total desparpajo que, antes que segmentos de alto riesgo, como mayores de 65 años, pacientes sometidos a inmunosupresores, diabéticos y otros, aquí tendrá prioridad: el personal militar, “militantes chavistas que protegen a la gente en las calles”, gobernadores, alcaldes, policías. Juntando cinismo y temeridad, desliza que posiblemente también vendrán vacunas vendidas con fines de lucro. Estas últimas, seguramente, serán opción para los jubilados con su mesada de cuatro dólares.

Se quedó corto Cabrujas, su vaticinio no llegaba hasta la impudicia.