Gustavo Coronel: Una reflexión sobre el sentido de la vida

Gustavo Coronel

En su búsqueda de un sentido para la vida el escritor Viktor Frankl, ver: : “Man’s search for meaning”, nos habla de tres posibles caminos: (1), una vida en base a logros, creación intelectual, artística o acciones meritorias; (2), una vida en base al aprecio por, y deleite de la belleza de la naturaleza y del ejercicio del amor; y (3), una vida basada en el sufrimiento propio, en el sacrificio, a fin de lograr un mundo mejor. Ninguna de estas respuestas se refiere específicamente a nuestro papel en el cosmos, si es que existe algún papel para nosotros, que no sea el de simples actores de reparto en una monumental tragicomedia. Pensando en este tema he escrito lo que sigue:

ESTARÉ EN CUALQUIERA PIEDRECITA, A LA ORILLA DE UN RIO

No ya como geólogo, lo cual ha sido mi ocupación en vida, sino convertido en geología, algo bastante más duradero, aunque tampoco eterno. Vengo de la oscuridad y del silencio de miles de millones de años y aparecí como un milagro, ya que todo nacimiento es un milagro, un improbable encuentro entre dos microscópicos viajeros. He podido disfrutar de unos breves años de luz, darme cuenta de que en el cosmos hay algo más que frio y tinieblas, que hay belleza, risas y llantos.

Todo lo que fue fortuito en el nacimiento se convierte en certeza con la muerte. Ni William Saroyan pudo lograr que el creador hiciera una excepción con él*. Todos somos víctimas de ese colosal error cósmico que es la muerte, hecho trágico y aterrador puesto que a los seres humanos se les ha dado la facultad de soñar con el futuro e imaginarse la eternidad. Esa incongruencia nos recuerda lo que dijo Jorge Luis Borges sobre el Creador, quien le había dado, al mismo tiempo, los libros y las tinieblas, su condición de ciego.

Torpe error cósmico que el modesto ser humano, con todo y sus grandes limitaciones, ha podido corregir en sus propias creaciones. Las computadoras que elabora el hombre tienen un disco duro salvable. Pero el disco duro del ser humano no es salvable y debe desaparecer con todos sus tesoros aún no expresados, desaparecen para siempre. ¿Se imaginan ustedes lo que se ha perdido en belleza, ingenio y maravillas con la desaparición de los discos duros de Leonardo, Rachmaninov, T.S. Eliot o Cervantes? Cuantas invenciones perdidas, tantas aventuras del Quijote truncadas, cuantas sinfonías que nunca escucharemos, tantos poemas que nunca verán la luz. Esto representa un terrible impuesto a la vida, un castigo injusto y aterrador contra el cual el ser humano lucha dignamente, con sus modestas armas, pero con plena conciencia de que se trata de una batalla perdida.

En su paso por la escena cada quien desempeña, decía Shakespeare, diversos papeles. Cada uno de nosotros va estructurando su mini- universo particular, donde todo gira a nuestro alrededor y, por ello, damos suma importancia y seriedad a las vicisitudes que toman lugar en nuestro pequeño mundo. Pero, tarde o temprano, casi todos nos damos cuenta de que todo ha sido, apenas, un pequeño fragmento de un juego sin sentido, el cual parecería algo inventado por un padre de dimensiones súper cósmicas para la distracción de su niño. Uno se lo imagina diciéndole: aquí te traigo este sistema solar como regalo de cumpleaños. Fíjate que incluí a unos pequeños seres cuyas vicisitudes te divertirán. Podrás relegarlos a la caja cuando te canses de ellos y crear otros. No tienen valor individual.

Desde lo más grande hasta lo más pequeño del cosmos, por lo que conocemos sobre él, tiene una similar estructura de sistema solar, con planetas o electrones girando alrededor del sol o núcleo. ¿Qué es el átomo sino un pequeño sistema solar en pequeño? Y nuestro cosmos, dicen los astrofísicos, no es más que parte de una infinita sucesión de universos, uno dentro del otro, como esas muñecas rusas que llaman Matrioshkas.

En una de esas infinitas muñecas aparecí, he vivido y desapareceré. Como los cristales de nieve, desapareceremos y nunca habrá otro igual, No porque seamos notables sino porque somos físicamente irrepetibles y porque nuestros discos duros se van con nosotros.

Aparentemente, como es el caso de los autos que salen defectuosos, nos hicieron un lunes por la mañana.

* “Everybody has got to die, but I have always believed an exception would be made in my case.”

William Saroyan