En crisis y con temores, trabajadoras sexuales en Venezuela enfrentan un nuevo reto durante la pandemia (Fotos)

Era un sábado cualquiera en una icónica y peligrosa avenida de Caracas. Su apariencia fue discreta, nada vulgar, ni mucho menos extravagante. Los tacones y vestidos cortos quedaron atrás. Tenía suéter, jeans y zapatos deportivos. El rostro estaba descubierto. No llevaba mascarilla. Pero su presencia distante, entre la penumbra, a altas horas de la noche, la delataban. Apenas iniciaba su jornada. Se trataba de una prostituta.

Caramelo, como el color de sus ojos, así prefiere que la reconozcan. Desde hace cuatro años se pasea en este negocio. En medio de la crisis económica que atraviesa Venezuela, fue el único escape que halló para sustentarse. Ganar dinero es su único fin, aunque esto signifique un gran riesgo: Contagiarse por Covid-19.

Por la patilla.com

Su mamá la corrió de la casa cuando todavía era una adolescente. Con tan solo 23 años, acude constantemente al mismo lugar para cazar clientes. La travesía comienza desde las 9:00 de la noche hasta las 5:00 de la mañana. Durante la pandemia, el distanciamiento social no es una opción. El contacto físico es inevitable. Sus prácticas se mantienen para sobrevivir. “No utilizamos protocolo de seguridad. Tampoco tenemos precaución por nuestro trabajo. El coronavirus no nos detiene en nada. Lo dejamos a la suerte. Si uno no trabaja, no come”, admitió.

La joven delgada de piel morena y cabello negro, aseguró que la cuarentena intervino en sus ingresos. “Es totalmente diferente. Sí afectó un poco porque ya no hay tantos clientes. Ya no es tan abundante. Pero igualito trabajamos”.

Pese a esta situación, aumentó la tarifa de sus servicios a 35 dólares por hora. Asimismo, resaltó que las semanas radicales son más favorables, porque tienen “más vida” que los días de flexibilización. “En momentos flojos, no se atiende a nadie o puedes atender a un solo hombre. En un día bueno, puedes recibir tres, cuatro, cinco, o uno solo que sea positivo porque pagan 250, 350, y 400 dólares. Muy positivos”, detalló.

Pocos saben a qué se dedica. Sin embargo, su experiencia le permite andar con tranquilidad por donde transita. Aunque se mantiene alerta con lo que sucede en su entorno. Dejó claro que se ve forzada a continuar “vendiendo su cuerpo” puesto que el salario mínimo no es suficiente. “He pensado buscar entradas de otra forma, pero este trabajo es más fácil y cómodo. En una profesión normal, no vas a ganar lo que ganas aquí diario”, opinó.

Caramelo confesó que sus compañeras han sido víctimas de maltratos de las autoridades policiales. El repertorio atroz incluye desde arrestos hasta abuso sexual. “Los policías son muy malos. Les han cortado el cabello a varias chicas. Uno en este trabajo tiene mucha suerte. Hay mujeres que no tienen la suerte que yo. Mis amigas han sido violadas. La mayoría de las violaciones son hechas por funcionarios policiales. Mayormente, Policía Nacional Bolivariana, FAES y Guardia Nacional”, reveló.

Según contó, existen historias aún más aterradoras que han sufrido sus amigas. De la misma manera que ella, se limitan a guardar silencio por temor.

La cifra de mujeres que se dedican a la prostitución en Venezuela aumenta de manera acelerada. Así como Caramelo, decenas de jóvenes, incluso, menores de edad, circundan las esquinas, avenidas y rincones de Caracas a plena luz del día por necesidad.

Finalmente, hay quienes ofrecen sexo por comida. En casos extremos, otras lo hacen por una noche de hotel porque no tienen dónde dormir. Las venezolanas se degradan, los clientes cancelan por placer. ¿Y quién paga por esta calamidad que predomina en el país?