Cuba: marcharse, protestar o someterse Por José Azel

Cuba: marcharse, protestar o someterse Por José Azel

Marcharse, protestar o someterse: respuestas a la decadencia en empresas, organizaciones y Estados es el título de un libro publicado en 1970 del economista y politólogo Albert O. Hirschman. El autor nació en Alemania en 1915 y vivió una vida plena e intrépida. Educado en la Sorbona y en la London School of Economics, más tarde se ofreció como voluntario para luchar del lado de la República en la Guerra Civil española.

En la Segunda Guerra Mundial, Hirschman ayudó a escapar a muchos de los intelectuales prominentes de Europa, llevándolos de la Francia ocupada a Portugal atravesando los Pirineos. Desde 1943 hasta 1946 sirvió en el Ejército de Estados Unidos en la Oficina de Servicios Estratégicos, predecesor de la Agencia Central de Inteligencia.

Hirschman obtuvo prestigiosos nombramientos académicos en las universidades de Yale, Columbia, Harvard y el Instituto de Estudios Avanzados, y en 2001 fue nombrado entre los cien mejores intelectuales estadounidenses y murió en Estados Unidos en 2012 a los 97 años.





Marcharse, protestar o someterse se convirtió en un libro influyente y de lectura obligatoria para los científicos sociales. La tesis de Hirschman propone que un individuo en una relación decepcionante o fallida tiene tres opciones: puede largarse, quejarse o aguantar en silencio.

Las tres opciones son aplicables a circunstancias comerciales, personales o políticas y, aunque el enfoque de Hirschman se centra principalmente en las organizaciones, los partidos políticos y la selección que hacen los consumidores, su trabajo es también esencial para comprender las preferencias de los inmigrantes y los exiliados: escapar, oponerse o resistir en silencio.

Según Hirschman, “marcharse” es abandonar un país, migrar a un Estado diferente; “protestar” es la opción de articular el descontento; y “someterse” es prestar lealtad al régimen de gobierno o su ideología. Aquí reflexiono sobre las alternativas disponibles para la ciudadanía de regímenes opresivos como los de Cuba, Venezuela y otros países donde la opción de protestar se ha cercenado.

Es necesario tener en cuenta que, incluso en regímenes represivos, siempre hay una cierta lealtad al Gobierno. Todos los regímenes necesitan al menos un mínimo de aceptación por parte de algunos sectores de la población para mantener la legitimidad y las capacidades operativas de sus instituciones. Si no existiera ninguna lealtad, las instituciones políticas y económicas del régimen, como las Fuerzas Armadas, no podrían operar ni sobrevivir. Esto reduce a “largarse” y “protestar” como las opciones, mutuamente excluyentes, disponibles para aquellos que no son fieles a un régimen.

En el análisis de Hirschman, protestar es un esfuerzo de los ciudadanos para cambiar las prácticas del régimen. Lo define como cualquier intento de cambio, en lugar de escapar. La protesta es un concepto complejo porque “puede manifestarse desde quejas débiles hasta protestas violentas”. También señala que si escapan los que tienen mayor influencia, la protesta pierde sus voces principales.

Cuando la opción de largarse no es posible, la protesta es la única opción de oposición. En opinión de Hirschman, “el papel de la protesta aumenta en la medida que disminuyen las oportunidades de largarse”. Por otro lado, cuanto más fácil es la opción de marcharse, menor es el incentivo de protestar. “Por lo tanto, la posibilidad de marcharse puede atrofiar el desarrollo del arte de protestar”. Conociendo esto, los regímenes opresivos han tratado de que sus enemigos políticos y críticos se retiren de la esfera nacional.

La formulación de Hirschman de “marcharse, protestar o someterse” es poderosa y válida. Sin embargo, pasa por alto la posibilidad de quedarse y resistir sin protestar, por ejemplo, trabajando lo menos posible en sistemas socialistas. Tampoco menciona la opción de largarse para poder ejercitar una protesta más contundente. Este fue el caso de mi generación de exiliados cubanos que abandonaron el país en búsqueda de los medios y la oportunidad de regresar y derrocar al régimen opresivo de Cuba. El desembarco de la Brigada 2506 en 1961 y otras acciones emprendidas en las décadas de 1960 y 1970 ejemplifican las razones de esta salida.

Hoy, nuestras voces son más añejas y sosegadas, pero continúan leales a la libertad.


Este artículo se publicó originalmente en 14ymedio el 17 de marzo de 2021