Carlos Ochoa: La guerra de las vacunas

Carlos Ochoa: La guerra de las vacunas

La pandemia se ha convertido en el hecho noticioso más difundido en el planeta, es la noticia más comentada y de mayor cobertura en todo el mundo, superando la de la crisis en el estrecho de Formosa en donde China amenaza a Taiwán con una invasión y la de permanente tensión que causa Rusia en Ucrania en donde ambos escenarios pueden desencadenar una guerra de impensables consecuencias, en donde no se descarta el uso de armas atómicas ni de ningún tipo. Los Estados Unidos han estado enviando portaaviones, buques de guerra de última generación y personal militar para defender a Taiwán de los planes de China de invadir la isla a la que nunca han reconocido como nación independiente sino como provincia rebelde. Por su parte Rusia continúa su expansionismo en Ucrania, que inicio invadiendo y anexándose la península de Crimea en 2014 para hacerse con accesos directos al mar Negro y al mar de Azov,  que le proporcionarían a su flota militar y mercante ventajas y control marítimo de suma importancia y la explotación de ricos yacimientos de petróleo. 

La pandemia desató una guerra de vacunas en donde Rusia y China por el momento llevan la delantera, hasta se podría afirmar que están ganando batallas sin disparar un tiro y por eso aprovechan el momento para avanzar en sus respectivos planes expansionistas, que si bien no son nuevos estaban en estado de hibernación, al menos el chino. El mundo unipolar que surgió después del fracaso del comunismo y la caída del muro de Berlín, está transitando hacia una nueva bipolaridad con el protagonismo de China, que con alianzas con Rusia y otros socios menores le disputan a Estados Unidos y sus aliados, mercados e influencias en regiones distantes como América Latina, basta con observar el incremento de la presencia  China y Rusa en Venezuela con los gobierno de Chávez y Maduro, en negocios de todo tipo que abarcan desde los hidrocarburos, la minería hasta asistencia militar y venta de armas a Venezuela. Con el apoyo de estos países y de otros de menor peso como Cuba, Irán y Turquía es que ha podido Maduro sortear la presión internacional de las principales democracias del mundo y las sanciones personales a miembros de su gobierno en medio de la peor crisis de la historia de la república. Las demandas que se le hacen desde todos los sectores de la sociedad para que deje entrar las vacunas que gestionó la Asamblea Nacional de 2015 para salvar vidas son ignoradas porque el plan es otro, se trata de posicionar a Cuba en el escenario mundial como productora de una vacuna, entre otras cosas para recuperar el supuesto prestigio que una vez tuvo la medicina cubana, que no fue tal sino una campaña publicitaria bien mercadeada y calculada para que diera réditos políticos y económicos más que resultados científicos demostrables, un ejemplo de esta campaña es el famoso pseudo fármaco PPG, que se vendió como una panacea que podía curar casi todas las enfermedades, desde reducir drásticamente los niveles de colesterol y triglicéridos hasta la impotencia, recuerdo a un amigo comunista que viajo a la isla en los 90 para buscar apoyo para un proyecto y la primera noche en La Habana salió a buscar a una jinetera para tener sexo pago y antes de salir para su cita se tomó una caja entera de PPG esperando un milagro que no ocurrió, esa noche ni las siguientes, perdiendo esos reales como decimos en venezolano, cuando regresó estaba tan desilusionado que regaló todo el lote que había adquirido.

Pero lo lamentable de todo esto es que al gobierno poco le importa la salud del pueblo, no hay un plan de vacunación que atienda la emergencia de la pandemia, total ya Maduro y todo el alto gobierno, los generales y almirantes ya se vacunaron con la vacuna Sputnik rusa, quedamos los venezolanos de a pie que por lo que han declarado intentaran aplicarnos la vacuna cubana producida en Venezuela que no ha sido sometida a las fases que se exigen como protocolo por la Organización Mundial de la Salud para poder ser utilizada con garantías a la población de cualquier país.





En el nuevo orden mundial autoritario se nos pretende imponer que sirvamos de conejillos de Indias, las vacunas Soberana y la Abdalá,  son parte de un plan político para incrementar el control sobre la sociedad venezolana, pero van a encontrar una fuerte resistencia de los ciudadanos porque no poseen avales ni garantías de ninguna clase, el venezolano no va a dejarse colocar una vacuna que puede ser como el PPG si hay otras alternativas confiables y probadas que Maduro niega al pueblo sin dar una explicación convincente y que todo el mundo sabe que existen.

Cuando el mundo retorne a una normalidad que no sabemos cómo será, Rusia, China y sus aliados grandes y pequeños tendrán que retroceder a defender sus líneas de antes de la Pandemia, porque su avanzada depende de la paralización de occidente que no será permanente, fundamentalmente porque no es lo mismo desarrollar capacidades tecnológicas como en el caso de Europa y los Estados Unidos que clonarlas como los chinos.