Gehard Cartay Ramírez: Vacunas primero, luego lo electoral

En materia de sensibilidad humanitaria y frente a la ausencia de un plan masivo de vacunación contra el Covid19 hay que preguntarse seriamente: ¿Qué le ocurre a la gran mayoría de la clase política venezolana, incluyendo al chavomadurismo y ciertos sectores que se dicen opositores?

No es posible que, a estas alturas, unos y otros les otorguen una criminal prioridad a unas elecciones regionales, y no a la urgente necesidad de instrumentar, ya, la vacuna contra la pandemia a los fines de que tengan acceso a ella los venezolanos de todos los sectores.

¿Será que ignoran -pregunta ingenua, por supuesto- que frente a un sistema de salud pública destruido y otro de carácter privado colapsado, una seguridad social demolida por el propio régimen y otra privada que funciona mal por los altos costos, la pandemia crece exponencialmente si no hay mecanismos para atenderla y mucho menos para prevenirla?

¿O será que a esos dirigentes no se les habrá muerto un familiar o alguien cercano, como para no darse cuenta de la emergencia humanitaria que sufren los hoy venezolanos? Obviamente que todo esto lo saben, pero pareciera que no está entre sus prioridades combatir el Covid19 y proteger a los ciudadanos frente a su avance indetenible.

Hasta ahora, justo es decirlo, sólo el sector liderizado por Guaidó ha ofrecido alternativas de solución para adquirir las vacunas necesarias y desarrollar un plan al efecto. Ese planteamiento lo hizo, incluso, proponiéndole un acuerdo al régimen, tal como lo exigen las circunstancias extremas que vive el país frente a la epidemia. Pero, por desgracia, el oficialismo no tuvo la nobleza de deponer las diferencias y actuar de común acuerdo.

Lo cierto es que los hechos demuestran que el chavomadurismo y su oposición colaboracionista no tienen entre sus prioridades la necesidad de combatir el Covid19 y proteger a los venezolanos. Todo lo contrario. Un electoralismo irracional e indolente, que sólo busca celebrar unos comicios que no van a resolver ninguno de los graves problemas nacionales, ha sido colocado como única prioridad por parte de la cúpula podrida del régimen y también de ciertos sectores opositores que le hacen el juego, mientras miles de venezolanos mueren a consecuencia del virus chino que hoy azota a la humanidad.

Pero para estos dirigentes políticos insensibles primero están las elecciones regionales. El régimen, por supuesto, quiere aparentar que en Venezuela existe un régimen democrático. Y la dirigencia autocalificada como opositora le sirve de comparsa en ese propósito, mientras satisface la necesidad de figuración de algunos de ellos que desean participar como candidatos a gobernadores y alcaldes.

En esta criminal desatención a la pandemia de Covid19 para priorizar las elecciones, tanto el régimen como su leal oposición no han guardado ni siquiera las apariencias y han dejado de lado la vergüenza y el pudor. Porque lo del chavomadurismo era de suponer, vistos sus antecedentes de indolencia e insensibilidad frente a la tragedia que nos golpea en todos los aspectos, siendo ahora la pandemia el más crítico. Lo más grave, a mi juicio, es la actuación de ciertos candidatos vitalicios y profesionales, vinculados a la leal oposición al régimen, algunos de los cuales salen de sus invernaderos sólo cuando se anuncian elecciones y a quienes, por lo visto, poco o nada les importa la tragedia que el Covid19 significa para los venezolanos. Lo de ellos es absolutamente condenable y desdice de su fingida preocupación por los problemas de la gente.

Debería avergonzarlos que desde hace meses la gran mayoría de los países -incluyendo varios latinoamericanos- están vacunando a su gente, incluyendo a los extranjeros residentes. Aquí, en cambio, sólo unos pocos privilegiados del régimen han sido vacunados, mientras, en paralelo, crece un mercado negro de venta de vacunas, detrás del cual están mafias corruptas vinculadas al oficialismo, como es fácilmente deducible.

Hay que exigir las vacunas y luchar por ellas antes de que se haga más tarde. Hay que reclamarlas como un derecho de todos. Hay que priorizarlas porque nada es más importante ahora. Hay que dejar de lado lo electoral y exigir un plan nacional de vacunación masiva. Lo demás puede esperar.