Gustavo Coronel: Serendipia y educación ciudadana

Gustavo Coronel

Nota: Mi proyecto FÁBRICA DE CIUDADANOS ha recibido ya el apoyo de COENER, del Grupo de amigos de Houston, del Grupo de amigos de Washington DC, del Grupo ULISES y del Foro Hatillano. Esta nota toca uno de los temas que se desarrollarán en el proyecto   

****  La casualidad no existe para quien está atento al hallazgo

****  La curiosidad lleva al descubrimiento

Hace casi 600 años, en 1557, Cristóforo Armeno  publicó un pequeño volumen llamado, “Peregrinajio di  tre Giovanni Figliuoli del re di Saerendippo”. El libro es una colección de historias cortas traducidas del idioma persa, la historia de los tres príncipes de Serendip, los hijos del rey  de la comarca que luego se llamaría Ceilán y hoy se llama Sri Lanka, quienes fueron enviados por el padre a viajar para educarse.  En sus viajes hacen hallazgos y descubrimientos que parecen producto del azar pero que son producto de su sagacidad y poderes de observación. Estos hallazgos, generalmente provechosos, son los que Horace Walpole, en 1722, dio en llamar “serendipity”, una nueva palabra que él definió como la habilidad de hacer descubrimientos felices de una manera inesperada.

Realmente, los descubrimientos y hallazgos de los tres príncipes, más que inesperados, estaban relacionados con su gran capacidad de observación, su insaciable curiosidad y la emoción que sentían de observar y aprender del entorno. Los príncipes “encontraban”, no gracias al azar sino porque siempre andaban buscando.

Una de las historias se refiere a un camello perdido. El dueño les pide ayuda a los príncipes quienes le preguntan:

¿Es el camello tuerto del ojo derecho?

¿Le falta un diente?

¿Cojea?

¿Carga mantequilla y miel?

¿Lo cabalga una mujer embarazada?

Y le dijeron al dueño: Su camello debe andar a unos pocos kilómetros por delante de nosotros.

El dueño respondió afirmativamente a todas las  preguntas y pudo encontrar  el  camello de acuerdo con lo que los príncipes le habían dicho. Ellos habían deducido que el camello era tuerto del ojo derecho porque la grama del camino había sido comida solamente del lado izquierdo. Los trozos de grama remanentes eran de una forma tal que indicaban que al camello le faltaba un diente.  El contorno de sus  huellas mostraba que arrastraba una pata. El cargamento se identificaba por la presencia en el camino de hormigas y moscas que perseguían la miel y la mantequilla. La mujer estaba embarazada porque existían huellas de sus manos en la arena, la manera como la mujer embarazada se levantaba del suelo después de descansar.

Hallazgos similares serían hechos mucho después por Sherlock Holmes (Conan Doyle) o el Padre Brown (Chesterton), aquellos maestros de la deducción.

Hoy en día estamos aprendiendo que estos hallazgos no son enteramente casuales sino el producto de procesos cerebrales que generan la observación y el conocimiento. Más que serendipia se trata de la existencia de ventanas cerebrales que permiten a las neuronas entrelazarse por medio de las sinapsis, poniendo en movimiento procesos que conducen al pensamiento crítico, a la deducción y a la lógica. En los últimos 30 años hemos asistido al florecimiento de una nueva ciencia, la neuroeducación, la cual se encuentra en la intersección de disciplinas pre- existentes tales como la psicología, la sociología y la medicina. Esta nueva ciencia utiliza el conocimiento del cerebro humano y de su funcionamiento para optimizar los procesos de aprendizaje. Aunque sus posibilidades son extraordinarias no ha pasado todavía del terreno de las hipótesis y de las teorías y aún no representa una ciencia aplicable de manera confiable a las estrategias de educación en el aula. Lo que ya se conoce, sin embargo, es suficiente para comprender que la educación de calidad debe ser impartida por maestros quienes estén al día con los progresos de la neuroeducación y que ellos mismos hayan sido entrenados poniendo los conocimientos de esa nueva ciencia  en práctica.

Entre los campos de la educación que pueden beneficiarse de estos nuevos conocimientos se encuentra la educación en valores, aspecto de la educación del ser humano especialmente importante para la existencia de sociedades civilizadas y armoniosas. Sin una masa crítica de buenos ciudadanos activos no puede existir una sociedad que camine hacia el progreso. Venezuela es un ejemplo dramático de esta aseveración. Un país con riquezas minerales considerables se encuentra hoy reducido a la miseria más espantosa, debido a la carencia de responsabilidad ciudadana por parte de sus líderes y, también, a la indiferencia y lasitud de muchos de sus habitantes, quienes se acostumbraron a depender del estado paternalista, el cual es hoy un estado forajido y fallido.

En el proyecto FÁBRICA DE CIUDADANOS que estamos desarrollando, la neuroeducación deberá jugar un papel importante, no solo para optimizar la manera y oportunidad de llevar a cabo el proceso de aprendizaje sino para la formación de los maestros o tutores quienes llevarán a cabo la tarea de la enseñanza. Ya se sabe que la educación en valores debe comenzar a los tres años, mantenerse durante toda la pubertad y continuarla hasta el  nivel universitario, ya que el neurocientífico Francisco Mora nos dice en su libro “Neuroeducación” que hasta unos 26 años de edad “los circuitos y redes neuronales de la corteza prefrontal del cerebro humano aún representan  los sustratos neurobiológicos de los valores”.

¿Cuáles son los valores básicos que pueden enseñarse, según el neurocientífico Francisco Mora?:

Puntualidad, responsabilidad ante los compromisos, autosuficiencia, autocontrol, dominio emocional del lenguaje, ética, respeto por el espacio ajeno, la libertad, la dignidad, la igualdad, la nobleza, la justicia, la verdad, la belleza, la felicidad.

A ellos agregaríamos la tolerancia, el uso racional del tiempo y del dinero y la elaboración de un proyecto de vida.

Pensemos en lo importante que sería el poder contar con ciudadanos venezolanos que puedan desarrollar algunas o todas  estas cualidades como una segunda naturaleza.

Queridos amigos:

Educar es mucho más que instruir. Educar es atender a la formación integral de un ser humano responsable, socialmente contributivo, abierto a la apreciación y defensa de la belleza y la naturaleza, alguien que sea realmente digno de su nombre Homo sapiens. Sin suficiente gente como esta Venezuela jamás podrá ser una nación civilizada. En este momento nos encontramos al nivel de los países más atrasados del planeta, después de muchos años de darle a nuestra gente una pésima educación ciudadana.

Venezuela precisa caminar hacia su redención rechazando los  atajos providenciales sugeridos por los falsos Mesías. Necesita emprender el largo, hermoso y luminoso camino que llevará a la transformación de nuestro gentío en una nación de buenos ciudadanos activos. Cuando un nuevo gobierno democrático tome las riendas del país le pondremos en sus manos un proyecto nacional que muestre ese camino.