Juan Pablo García: Cultivar la (des) confianza

Padecemos una sociedad distinta a la que conoció la Venezuela petrolera. El mandato de todo el mundo es el de sobrevivir hoy, casi a cualquier precio. Y esto supone unas crecientes relaciones sociales prácticamente de desconfianza en el reino de la hiperinflación, la catástrofe humanitaria y la represión, a pesar d nuestra naturales resistencia por todo lo que testimoniamos de solidaridad, desprendimiento, fe en el esfuerzo común.

Esa desconfianza la ha cultivado cuidadosamente el régimen socialista, comenzando por el resentimiento. Donde no lo hay, lo crea. Por razones de clase social, académicas, regionalistas y hasta raciales. El otro es el culpable de nuestras desgracias personales, pero nunca el régimen que ha hecho del desempleo la norma, por ejemplo, y así sucesivamente. Esto genera odio, rencor, animadversión, prejuicios que antaño no se conocían. Divides y vencerás, reza la consigna.

Sin embargo, la mayor y más contundente desconfianza reside en el poder que dice una cosa y hace una muy otra. Partiendo del supuesto de una cultura electoral tan arraigada, herencia de la democracia que fuimos hasta cerrar el siglo XX, juega con la buena fe de la ciudadanía. Habló de elecciones para un nuevo parlamento y, mediante el fraude masivo y descarado, creó un parapeto sólo nominalmente conocido como Asamblea Nacional. Saboteó antes la designación de los rectores del CNE por el parlamento legítimo, y recientemente ese parapeto los nombro, haciéndole creer a la gente que fue una demostración de la auténtica vida institucional que lleva una República que ya no es tal, ni tiene instituciones en pie.

Y como si nada pasara, los nuevos integrantes del CNE se juramentaron y despacharon la materia el mismo día, instalándose cómodamente para aportar a la desconfianza generalizada. Los mientan de oposición, en esa jerga que la prensa tarifada va recreando. Hacen el aguaje, pero el rey está desnudo de acuerdo a la conocida fábula.

Por ello, nuestro camino es el de recobrar la confianza de la ciudadanía, cultivarla con posturas sobrias, convincentes y también profundas.