Desgarrador: Antes de morir por coronavirus, paciente denunció las carencias del hospital Victorino Santaella

Desgarrador: Antes de morir por coronavirus, paciente denunció las carencias del hospital Victorino Santaella

La tía de Jaime cree que su sobrino podría haber tenido mejor posibilidades si se hubiera tratado en casa.

 

Venezuela actualmente atraviesa el peor momento de la pandemia por el colapso de los hospitales y el creciente número de casos de contagios y fallecidos por la Covid-19.

Por LaPatilla.com

Son miles los casos de familiares de pacientes con Covid-19 que denuncian las carencias presentes en los hospitales donde se encuentran ingresados “recibiendo tratamiento” contra la enfermedad; la infraestructura y las prácticas médicas no se encuentran a la altura de la situación actual.

“Por las tardes a veces se va la luz, y los que dependemos del aparato (para respirar) estamos a la suerte que el personal resuelva. Los equipos no tienen sus baterías”, reza una carta escrita por un paciente del Hospital Victorino Santaella ubicado en Los Teques.

“Aquí no siempre alcanza la medicina para todos, por eso pregunté para que me las compren. A mí casi no me las dan aquí”.

 

 

Jaime, como se llamaba este paciente, describía así cómo fueron los días que pasó en ese hospital hasta que murió por Covid-19 el pasado 25 de marzo.

Su familia no pudo ver a Jaime durante los días que estuvo internado en el hospital y solo a través de cartas se podían comunicar con él.

En sus apuntes, a veces desordenados, Jaime detallaba que todos los familiares de los pacientes debían aportar insumos, alimentos y hasta las medicinas que debían administrarles a cada uno.

La enfermedad y el ingreso

Jaime era un guaireño que comenzó a presentar los síntomas de Covid-19 el 4 de marzo: dolor de cabeza, fiebre y debilidad. Llamó a su tía, médico internista quien reside en la ciudad de Los Teques.

Luego de algunos exámenes médicos y del positivo por coronavirus inició un tratamiento vía telefónica con la asistencia de su tía.

A los pocos días de iniciar el tratamiento, la esposa de Jaime informó que había comenzado a tener dificultad para respirar.

Frente a la gravedad de la situación, había que ingresarlo de emergencia en un centro asistencial.

La doctora no tenía ningún contacto médico en La Guaira y tomó la decisión de llevarlo al Hospital Victorino Santaella de Los Teques, donde ella había trabajado años atrás.

El ingreso no fue fácil. Logró encontrar una cama en emergencias a través de un amigo. El lugar estaba colapsado por el aumento de casos en Caracas y la región próxima a la capital.

Una vez ingresado, la familia comenzó a hacerse cargo de las necesidades de Jaime y también decidieron dejarle un cuaderno y un bolígrafo para comunicarse con él.

Gracias a esta idea, Jaime pudo plasmar todas las irregularidades de las que fue testigo durante su estancia en el hospital.

 

 

Un guardia de seguridad ejercía de intermediario entre Jaime y su familia, y hacía posible el intercambio de cartas y la llegada de alimentos e insumos.

Con la poca fuerza que tenía, Jaime comenzó a relatar sus vivencias a la familia y a comunicarse por escrito con los médicos.

En algunas de las cartas a su familia se quejaba incluso de que no le daban tratamiento.

 

 

“Aquí no siempre alcanza la medicina para todos, por eso pregunté para que me las compren. A mí casi no me las dan aquí. Se las dan solo sus amistades y a quien le mojan bien la mano. Son pocas las enfermeras para tantos, y pocas con calidad humana. Hablen con los doctores para saber qué más hay que comprar. Esteroides y antibióticos no me las dan si yo no las compro”.

También denunció que no le hacían exámenes médicos y que los que llevó desaparecieron.

“Yo traje una de casa (placa de tórax), con resonancia, y la perdí aquí”.

“Requiero un pote de boca ancha para orinar”

En sus últimas correspondencias preguntaba a su tía si les estaban dando a ellos el parte médico diario, porque él mismo no sabía nada sobre su estado de salud.

A los parientes solo les informaban sobre la saturación de oxígeno, dice a BBC Mundo Vivian, tía del fallecido.

“Tía, anoche tuve problemas de ansiedad, aceleración del corazón y falta de oxígeno, porque estoy pegado con tirro a la manguera del punto de la pared, y le falta un acople. El tirro resuelve por un rato, pero es tanta la presión de oxígeno que es difícil encontrar la válvula”.

El suministro de oxígeno además estaba comprometido por las constantes fallas eléctricas del centro asistencial.

El paciente alertó varias veces sobre esos problemas al personal médico, según se lee en las cartas.

“Mosca con falla eléctrica de hoy, por fa”.

Necesidades adicionales

“Siempre pongan unas galleticas, yuca o jugo de más, con eso premio al personal”.

Y no solo alimentos

“Requiero un pote de boca ancha para orinar. Lo estoy haciendo en pote de agua mineral pero su boca es muy finita”.

“Las mazmorras”

Jaime, que en alguna de las cartas elogiaba al personal médico, estuvo cinco días en el sótano de emergencias, al que se refería como “las mazmorras”. Y contaba a sus allegados que no lograba que lo subieran a planta donde solían atender a los pacientes con Covid.

Los últimos 11 días de su vida los pasó en el piso 9 del hospital, un lugar que fue habilitado como terapia intensiva.

Allí narró las malas condiciones del área y el traslado que desde el sótano le hicieron por la escalera, porque el ascensor del hospital no funcionaba.

“Hola familia. Desde anoche estoy en UT Intensiva (piso 9), no estaba oxigenando mi sangre a pesar que días antes había recuperado algo de fuerzas, decaí y más después de un tratamiento (creo que solución con sulfato de algo). Eso me tumbó, sin contar la insalubridad, y la habitación inundada por todos lados”

Así fue como Jaime le detalló a su familia las condiciones en las cuales se encontraba la Unidad de Terapia Intensiva del Hospital.

Y no solo se comunicaba con sus familiares a través de cartas, con el personal médico también utilizaba este medio de comunicación.

“Con todo respeto, doctor, amanezco más débil que ayer. Tengo los labios rotos del frío y poca capacidad de movilidad (…) Anoche no dormí ni minutos, como días anteriores, solo me dediqué a luchar con lo helado del clima y el chorro exagerado de aire en la mascarilla”.

“Doctores, si es posible que me provean dos pedazos de gasas, uno seco y otro húmedo para ablandar costras y poder descongestionar fosas nasales. Sé que todo está escaso”.

“¿Qué debo mejorar para ayudarlos en el tratamiento? ¿Es viable limpiar fosas nasales?”

“Recomendación para sentarme ya que me duele todo: coxis, glúteos, piernas, caderas, hemorroides”.

“¿Es viable limpiar fosas nasales para mejorar fluidez de aire? Lo he hecho pero el sangrado y ronchas son incómodas”.

Son solo algunas de las peticiones que se pueden apreciar en las cartas escritas por Jaime al personal sanitario que se dedicaba a trabajar en ese momento.

Con información de BBC Mundo.

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