Nuevos documentos revelan el racismo histórico del palacio de Buckingham

El duque de Kent recibe a Isabel II en el Wellington College de Crowthhorne (Reino Unido) el 31 de mayo.STEVE PARSONS / GTRES

 

 

Una regla expresa del palacio de Buckingham, impuesta al menos hasta finales de la década de los sesenta, prohibía la contratación de “inmigrantes de color o extranjeros” para puestos administrativos, según la documentación histórica difundida en exclusiva por el diario The Guardian. La sombra del racismo en la casa real británica, agitada por las recientes acusaciones de la duquesa de Sussex, Meghan Markle, en su entrevista con la presentadora estadounidense, Oprah Winfrey, provocó hace unos meses una seria crisis institucional que el entorno de Isabel II intentó aplacar con vagas promesas de investigar lo ocurrido. Las nuevas revelaciones reabren ?tímidamente? un debate que la sociedad del Reino Unido cerró en falso.

Por El País

El diario lleva meses investigando en los archivos nacionales, en busca de casos en los que Buckingham haya usado de modo abusivo el llamado Royal Consent (Consentimiento Real). Se trata de un uso parlamentario de origen remoto y consolidado en el tiempo por el que el monarca dispone de la capacidad para permitir o no que se debatan leyes que pueden afectar a sus prerrogativas o intereses personales y económicos. Por ejemplo, para proteger el carácter secreto o la fiscalidad de las participaciones accionariales de la reina en numerosas sociedades. Pero no solo para eso. De acuerdo con lo publicado por el diario británico, en 1968, la monarquía británica hizo uso de esa prerrogativa cuando el Gobierno laborista de Harold Wilson quiso impulsar nueva legislación que sancionara cualquier discriminación laboral o contractual por motivos raciales o étnicos. Para entonces, este tipo de práctica era ya ilegal en la Administración, y se perseguía extender la prohibición a las empresas privadas o al alquiler de viviendas.

El entonces ministro del Interior, James Callaghan, quien ocuparía una década después el puesto de primer ministro, asumió que no debía iniciar el trámite parlamentario de las nuevas medidas hasta que los asesores de la casa real estuvieran convencidos de que no se utilizarían en contra de Isabel II. Y no quedaron convencidos en un principio. Según afirma uno de ellos en los documentos hechos ahora públicos, el entonces director financiero de la reina, Charles Tryon, informó a los altos funcionarios que negociaban el texto de “que no era, de hecho, práctica habitual nombrar inmigrantes de color o extranjeros” para puestos administrativos dentro de la casa real, aunque sí se les permitía desempeñar tareas propias del servicio doméstico.

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