NYT: Con castillos inflables y granadas, las pandillas debilitan el control de Maduro en Caracas

Fuerzas de seguridad allanaron parte de Petare, el mes pasado. Credit…Adriana Loureiro Fernandez para The New York Times

 

Desde el interior de su palacio presidencial, y aprovechando su dominio de los medios de comunicación, el presidente Nicolás Maduro pronuncia discursos destinados a proyectar estabilidad en una nación que colapsa.

Por Isayen Herrera y Anatoly Kurmanaev / nytimes.com

A medida que el Estado venezolano se desintegra bajo el liderazgo corrupto de Maduro y por las sanciones de Estados Unidos, su gobierno está perdiendo el control de amplios sectores del país, incluso dentro de su bastión: Caracas, la capital.

En ningún lugar es más evidente el debilitamiento de su control sobre el territorio que en las cercanías de la Cota 905, una vía que atraviesa una ladera empinada con vista a los pasillos dorados desde los que Maduro se dirige a la nación.

En el laberinto de casas precarias que conforman la zona de la Cota 905 y los barrios cercanos de El Cementerio y La Vega, hogar de unas 300.000 personas, la pandilla más grande de la capital ha ocupado el vacío de poder dejado por una nación en descomposición: entrega alimentos a las personas necesitadas, ayuda a pagar las medicinas y los funerales, abastece a los equipos deportivos y patrocina conciertos de música. En las fiestas patrias, reparte juguetes y coloca castillos inflables para los niños.

El territorio que controla la pandilla está fuera del alcance de las fuerzas policiales. Y, según dijo un comandante de la policía local, los delincuentes tienen acceso a lanzagranadas, drones y motos veloces, por lo que están mejor armados y mejor pagados que la mayoría de las fuerzas de seguridad de Venezuela.

Las pandillas ofrecen una especie de justicia brutal: los ladrones que son atrapados en las áreas que controlan reciben un balazo en la mano. Los abusadores domésticos reciben una advertencia; y los reincidentes son tiroteados, dijeron los residentes. Y los pandilleros que intentan salir de la delincuencia son perseguidos como traidores.

Pero muchos de los que viven bajo su control dicen que el dominio de los pandilleros es mejor que la anarquía y la violencia que reinaban antes de que tomaran el poder. Los residentes dijeron que no tenían esperanzas de recibir ayuda del gobierno.

“La mayoría preferimos vivir así”, dijo Belkys, una residente de las cercanías de la Cota que pidió ser identificada únicamente por su nombre de pila, por temor a sufrir represalias por parte de la pandilla. “No vemos una solución real”.

Durante varios años, la ausencia del gobierno ha sido una realidad en gran parte de Venezuela. Ante el colapso económico, Maduro ha abandonado gradualmente las funciones básicas del gobierno en buena parte del país, incluida la vigilancia, el mantenimiento de carreteras, la atención médica y los servicios públicos; para destinar los recursos cada vez más escasos a Caracas, hogar de las élites políticas, empresariales y militares que conforman su base de apoyo.

Algunos niños juegan con cometas en el barrio caraqueño de Petare, dominado en parte por grupos armados que han remplazado a la policía en la aplicación de las leyes. Credit…Adriana Loureiro Fernandez para The New York Times

 

Refugiado en sus residencias fortificadas de Caracas, Maduro aplastó a la oposición, purgó a la disidencia en las fuerzas de seguridad y enriqueció a sus aliados en un esfuerzo por eliminar los obstáculos a su gobierno autoritario.

En áreas remotas, amplias zonas del territorio nacional cayeron bajo el control de criminales e insurgentes. Pero el dominio de las pandillas de la Cota 905 y los barrios cercanos, que se encuentran a poco más de 3 kilómetros del palacio presidencial, es evidencia de que su gobierno está perdiendo el control incluso en el centro de la capital.

En toda la ciudad, otros grupos armados también han consolidado el control territorial sobre los barrios de clase trabajadora.

“A menudo se ve a Maduro como un autócrata tradicional que controla todos los aspectos de la vida de los venezolanos”, dijo Rebecca Hanson, socióloga de la Universidad de Florida que estudia la violencia en Venezuela. “En realidad, el Estado se ha vuelto muy fragmentado, muy caótico y en muchas áreas es muy débil”.

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