Armando Info: La familia que vendía aire a todos los bandos

Los Ducharne, con su patriarca, Alfredo René, montaban canales de TV que no terminaron de mantenerse al aire y al mismo tiempo dejaban en el aire a los militares que hacían negocios con ellos. Prosperaron en Venezuela antes de abandonarla, presentándose como perseguidos por el oficialismo, y fueron a dar a Miami, cueva de la contrarrevolución continental, donde izaron la bandera de la libertad de expresión. Pero mientras se hacían con el control de una televisora del exilio cubano -y antes de volver a su Puerto La Cruz originario una vez más- prometían al régimen de Maduro ayudarlo a evadir las sanciones, vendiéndole repuestos para aviones Tucano (que nunca entregaron).

Por ISAYÉN HERRERA / armando.info

En 2006, Alfredo René Ducharne Rojas con su familia crearon una televisora regional llamada Anzoátegui TV, con sede en Puerto La Cruz, en el oriente de Venezuela. Era solo parte de un incipiente conglomerado empresarial que, ese mismo año, ya incluía una televisoras más, una cooperativa y una empresa de “fabricación, venta, distribución, comercialización de productos químicos de uso industrial y doméstico”, según se puede leer en los expedientes del Registro Nacional de Contratistas (RNC). Un año después, Ducharne con su Anzoátegui TV se asociaba con la Cooperativa de Periodistas Bolivarianos del estado Anzoátegui para “crear y distribuir periódicos, semanarios, revistas y medios alternativos en general”.

Nadie diría entonces que esa singladura iniciada con periodistas bolivarianos, en pleno boom del gasto público chavista, desembocaría en 2016 con la compra de un canal de televisión emblemático de la comunidad cubana anticastrista del Sur de Florida, Telemiami.Al suspicaz exilio venezolano en Miami le costó tragarse la compra de Telemiami -que pasó a llamarse MiraTV, como un canal homónimo de Perú-  por parte de ese empresario prácticamente salido de la nada, que se presentaba como un perseguido de la dictadura de Caracas que se había escapado por los pelos, y de quien lo poco que se conocía lo ligaba a un personaje cercano al chavismo: su cuñado, el empresario peruano venezolano Julio Augusto López.

Ducharne tuvo que batirse con fiereza y convicción en los medios de Florida para refutar las habladurías y minimizarlas, sino hacerlas olvidar. Podría haberse salido con la suya de no ser porque el negocio nunca salió a flote y el canal fracasó y, sobre todo, porque entre tanto y sin que nadie lo supiera, le había vendido a los militares de la Fuerza Aérea Bolivariana unas partes para repuestos de aviones de entrenamiento y misiones tácticas que, a pesar de que cobró, nunca entregó.

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