Carros de fuego como ovnis y abducciones: Los sorprendentes párrafos de la Biblia donde los ufólogos hallan menciones a alienígenas

El profeta Ezequiel describe ruedas que centelleaban como piedras preciosas y seres con caras de animales.

 

Marcianos, venusinos, seres interestelares o multidimensionales. Muchos, al leer la Biblia, creen haberse topado con una legión de visitantes del espacio que interactúan con los profetas del Antiguo Testamento casi cotidianamente. Como leímos en temas anteriores, la Biblia no es solo un libro sino una colección de libros. Es decir, una Biblioteca. Muchos de estos libros son escritos basados en diversos estilos literarios: la apocalíptica, la poesía, la narrativa, la historia, etc… y muchos de ellos con imágenes comprensibles a aquellos siglos y lugares.

Por infobae.com

En estos tiempos tan controversiales, muchos han observado que en los libros bíblicos se narran hechos que podríamos describir como “encuentros cercanos” con seres de otras dimensiones, extraterrestres. Como decíamos cuando éramos niños “con marcianos”.

Muchos autores ven seres cósmicos en toda la Biblia, llegando a decir que el mismo Jesús era un extraterrestre.

Por supuesto, es mucho más fácil tomar un párrafo un poco oscuro y enigmático de la Biblia y tejer sobre este miles de hipótesis que ponernos a leer estudios bíblicos que descifran estos textos, por los que muchos estudiosos -por otra parte- han entregado su vida a descifrarlos. Pero, convengamos, lo misterioso, lo oscuro, lo extraterrestre vende mucho más. Veamos algunos ejemplos de estos hechos a lo que algunos denominan “encuentros con seres de otros planetas” y que nos dicen los estudiosos al respecto.

Génesis

El libro del Génesis nos narra la vida de Henoc. Para los que estudian las cuestiones sobre ovnis, éste fue abducido por una nave. Podemos leer este evento en Génesis 5:22-24: “Henoc anduvo con Dios; vivió, después de engendrar a Matusalén, trescientos años, y engendró hijos e hijas. El total de los días de Henoc fue de 365 años. Henoc anduvo con Dios, y desapareció porque Dios se lo llevó.”

Y más adelante en la carta a los Hebreros 11: 5 leemos: “Por su fe también Henoc fue trasladado al cielo en vez de morir, y los hombres no volvieron a verlo, porque Dios se lo había llevado. Antes de que fuera arrebatado al cielo, se nos dice que había agradado a Dios.”

Pero no sería este el único “abducido” habrá más… pero en realidad, hay que leer lo que está escrito: “Dios se lo llevó”. Es algo simple de entender ¿Acaso nosotros, cuando fallece un familiar o un amigo, no describimos el acto de morir con palabras similares?

Según la Biblia, Henoc vivió 365 años y Dios lo llevó al cielo GETTY

 

Elías

La vida de este profeta aparece narrada en los relatos en el libro de 1 Reyes 17:21 y 2 Reyes 1: 2-3. De este misterioso profeta se recuerda el hecho con los sacerdotes de Baal, a los que desafió a un reto que consistía en invocar cada uno a sus respectivos dioses para que prendiesen la leña donde se había sacrificado un buey. El dios que lograra prender el fuego sería el verdadero. Baal no logró encender el sacrificio de sus seguidores, en tanto que Yahvé (el Dios de Elías) envió fuego del cielo que quemó el altar del profeta hasta convertirlo en cenizas, aún a pesar de que este había sido mojado en abundante agua. Pero a Elías le va a ocurrir lo mismo que a Henoc.

Elías tenía un discípulo, Eliseo, con quien antes de su partida tendrá un diálogo muy interesante. Leemos lo que nos narra la 2 Reyes 2: 9-13: “Cuando lo pasaron, dijo Elías a Eliseo: Voy a ser llevado lejos de ti. Pídeme antes lo que quieras que haga por ti.” Eliseo dijo: “Haz que tenga lo mejor de tu espíritu.” Elías dijo: “Pides una cosa difícil, pero, si alcanzas a verme cuando sea llevado lejos de ti, lo tendrás. Si no, no lo tendrás.”. Mientras caminaban conversando, un carro de fuego con caballos de fuego se colocó entre ellos, y Elías subió al cielo en un remolino. Eliseo lo vio alejarse y clamaba: “¡Padre, padre mío, carro de Israel y su caballería!” Luego Eliseo no lo vio más. Tomó sus vestidos y los desgarró. .Después recogió el manto que se le había caído a Elías y volvió a la orilla del Jordán.”

Por tanto Elías nunca “murió”. En la tradición judía es esperado en los hogares israelitas durante todas las festividades de Pascua. Se le reserva un asiento en la mesa y se le sirve una copa -llamada “la copa del profeta Elías”- que no se puede tocar, y esta fue la que tomó Jesús en su última cena, como comentamos en su momento. Muchos creyeron que Juan el Bautista fue el Elías que vino a preparar el camino de Jesús lo leemos en Mateo 11:7-15. De hecho para reforzar esta misión, el propio Juan vestía como Elías. Los Evangelios sinópticos, en el pasaje de la Transfiguración, muestran a Elías y Moisés hablando con Jesús, Marcos 9:4. También sobre este arrebato al cielo se han escrito miles de libros sobre el “Carro de fuego con caballos de fuego” aclarando que era una especie de nave espacial. Pero la versión más simple suele ser la más clara. Elías va al cielo porque fallece.

En la Biblia señalan que un carro de fuego con caballos se ubicó entre Elías y Eliseo, y que el primero ascendió con ellos al cielo. Hasta hoy, el judaísmo espera el regreso de Elías GETTY

 

Ezequiel

El profeta Ezequiel pertenecía a la aristocracia sacerdotal judía que fue deportada a Babilonia, en el actual Irak, por el emperador asirio Nabucodonosor. Vivía en la ciudad asiria de Tel Abib junto a uno de los canales o afluentes del Éufrates

Este libro sí que es la gloria de los ufólogos, de los creadores de ciencia ficción y hasta de los artistas que han realizado mil y un dibujos sobre la “nave especial” que observó Ezequiel. Este profeta predicó a los judíos deportados y a diferencia de otros profetas, Ezequiel tuvo varias revelaciones sobre el futuro de Israel que fueron manifiestas directamente por Yahveh. Una de estas revelaciones podría ser la descripción del encuentro cercano de él con una nave espacial y con los seres que la tripulan.

Leemos en Ezequiel 1: 15-21: “…Vi una gran nube: En medio de ella un fuego ardiente irradiaba luz y el centro era como de metal incandescente. En medio del fuego había cuatro seres vivos con forma humana. Sin embargo, cada uno tenía cuatro caras y cuatro alas. Sus piernas eran rectas, con pezuñas como las de buey; brillaban como bronce pulido. Bajo sus alas, en los cuatro costados, tenían manos de hombre. Las alas de los cuatro se tocaban unas con otras. Al andar no se volvían a ningún lado: iban derecho siguiendo una de sus caras. Vistos de frente, los cuatro seres tenían aspecto humano, pero la cara derecha de su cuerpo era cara de león, y su cara izquierda, cara de toro. Los cuatro tenían también una cara de águila. Sus alas estaban desplegadas hacia arriba; cada uno tenía dos alas que se juntaban con los de sus compañeros, y dos alas que le cubrían el cuerpo. Cada uno de ellos iba derecho siguiendo una de sus caras, iban hacia donde el espíritu los empujaba y al caminar no se daban vuelta. Entre los seres había como carbones ardientes: se diría que había un baile de antorchas entre esos seres; el fuego iluminaba, y del fuego surgían relámpagos. Esos seres iban y venían como el relámpago. Al mirar bien a esos seres, vi que, en el suelo, había una rueda al lado de cada uno de ellos. Esas ruedas centelleaban como piedras preciosas, y las cuatro tenían la misma forma. Cada rueda era doble: parecía como dos ruedas entrecruzadas. De ese modo podían avanzar en las cuatro direcciones, sin tener que dar vuelta. Tenían una llanta muy grande y de aspecto aterrador, porque las cuatro tenían ojos por todo el derredor. Cuando los seres avanzaban, las ruedas avanzaban al lado de ellos; cuando los seres se elevaban desde la tierra, las ruedas también se elevaban. Los seres iban adonde el Espíritu quería, y las ruedas también iban allá porque el espíritu que estaba en los seres estaba también en las ruedas. Cuando ellos avanzaban, éstas avanzaban; cuando se detenían, se detenían éstas; cuando se elevaban desde la tierra, las ruedas igual se elevaban, porque el espíritu del ser estaba también en cada una de las ruedas. Por encima de los seres se veía una como plataforma de cristal resplandeciente; bajo la plataforma sus alas se erguían paralelas unas a otras. Oí entonces el ruido de sus alas, como el ruido de aguas caudalosas, como la voz del Dios Todopoderoso. Cuando caminaban se sentía un ruido como de tempestad, como el estruendo de una multitud; cuando se detenían replegaban sus alas. Un ruido se oía desde la plataforma que estaba encima de sus cabezas. Sobre ésta se veía como una piedra de zafiro en forma de trono y, en esta forma de trono, a un ser que tenía una apariencia humana en su parte superior. Lo vi como rodeado de metal incandescente, sumergido en el fuego que proyectaba luz. La luz que lo rodeaba tenía el aspecto del arcoiris que se ve en las nubes en los días de lluvia. Esa visión era una imagen de la Gloria de Yahvé, cuando lo vi me tiré de bruces al suelo; oí entonces una voz que me habló.”

De este texto saldrá el “tetramorfos” es decir los atributos que poseen cada uno de los evangelistas. El león representa a Marcos. El toro es Lucas. El águila simboliza a Juan. Y el ángel es Mateo.

El libro de Ezequiel abunda en visiones, muchas apocalípticas y otras con un sentido teológico muy exagerado, porque debe dar esperanza de retorno al pueblo de Israel que está en el exilio de Babilonia. Pero Ezequiel está rodeado de la cultura caldea, que también impregna a todo el judaísmo. Él asigna a los cuatro seres parecidos a hombres que vio, en correspondencia con la simbología astrológica caldea así el toro sería Tauro; el León sería Leo; el águila sería Escorpio y el hombre alado sería Acuario. Lo mismo que los querubines, serafines y otros seres sobrenaturales con que los caldeos representaban a los seres divinos y que los judíos incorporaron a sus creencias al regreso de Babilonia. Pero la visión de Ezequiel no pude ser escrita, los judíos eran esclavos y no podían ni escribir ni hablar su lengua. Así que fue trasmitida oralmente y solo de regreso a Jerusalén habrá sido posible poner por escrito la visión de Ezequiel, muy posiblemente con variaciones, quitas y agregados de toda índole.

La Ascensión de Jesús al cielo también es considerado un elemento que muchos asocian a fenómenos extraterrestres. GETTY

 

Como dijimos más arriba, a Jesús también le cae el sayo. Y mucho más que a Enoc, Elías o Ezequiel.

Comencemos con su anunciación y su nacimiento. Para los ufólogos, María fue inseminada artificialmente por “un Ángel” y la estrella de Belén no era otra cosa que una nave espacial que guió a los magos hasta Belén. Eso dice el ufólogo británico Richard Lawrence -autor con más de 11 libros escritos sobre aliens y vida extraterrestre-, quien declaró en su más reciente trabajo que Jesús sería un alienígena del planeta Venus y que “si nos basamos en la Biblia, la estrella de Belén tuvo tres testigos que uno creería que se trata de fuentes confiables. Los guió a un lugar específico, no hay manera que sea una estrella porque no se mueven. Tenía un patrón, era una nave espacial”.

El Evangelio de san Lucas jamás dice que fueran tres los magos de oriente. Pero bueno dejaremos pasar ese simple desliz a don Richard, como que el anuncio a los pastores eran también los seres extraterrestres que se dirigieron a estos cuidadores de ganado para avisarles que el experimento de inseminación había sido un éxito.

Y así, cada vez que una voz habla en los evangelios, para los ufólogos no sería la interpretación de la voz de Dios sino una nave espacial con un amplificador. Por ejemplo, cuando Jesús es bautizado como nos relata Mateo 3:16-17 “Una vez bautizado, Jesús salió del agua. En ese momento se abrieron los Cielos y vio al Espíritu de Dios que bajaba como una paloma y se posaba sobre él. Al mismo tiempo se oyó una voz del cielo que decía: ‘Este es mi Hijo, el Amado; éste es mi Elegido.’”

También cuando regresa de su ayuno y es reconfortado por los ángeles; estos no serían otra cosa que seres del espacio.

Pero si hay dos momentos en los cuales para los ufólogos Jesús era marcadamente un ser del espacio exterior es en su Transfiguración y en su Ascensión a los cielos. Estos párrafos de los evangelios, son el sinfín de deleite para aquellos que persiguen estas creencias.

Leamos en referencia a la Trasfiguración de Jesús en Mateo 17:1-5 “Seis días después, Jesús tomó consigo a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan, y los llevó aparte a un monte alto. A la vista de ellos su aspecto cambió completamente: su cara brillaba como el sol y su ropa se volvió blanca como la luz. Enseguida vieron a Moisés y Elías hablando con Jesús. Pedro tomó la palabra y dijo a Jesús: ‘Señor, ¡qué bueno es que estemos aquí! Si quieres, levantaré aquí tres tiendas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías.’ Estaba Pedro todavía hablando cuando una nube luminosa los cubrió con su sombra y una voz que salía de la nube dijo: ‘¡Este es mi Hijo, el Amado; éste es mi Elegido, escúchenlo.”

Y la Ascensión de Jesús a los cielos, como nos narra el libro de los Hechos de los Apóstoles 1: 9-11: “Dicho esto, Jesús fue arrebatado ante sus ojos y una nube lo ocultó de su vista. Ellos seguían mirando fijamente al cielo mientras se alejaba. Pero de repente vieron a su lado a dos hombres vestidos de blanco, que les dijeron: ‘Amigos galileos, ¿qué hacen ahí mirando al cielo? Este Jesús que les ha sido quitado volverá de la misma manera que ustedes lo han visto ir al cielo.’”

Como vimos con los anteriores personajes de la Biblia, a Jesús, para muchas personas y sobre todo a partir de mediados del S. XX, le correspondió la misma suerte que a Ezequiel, Elías y Enoc: ser un extraterrestre.

Hay muchos más pasajes bíblicos interpretados así, pero estos son los más famosos. Y sin caer en cuestiones teológicas y sus significados para los diferentes cultos, la explicación más simple de un hecho suele ser la verdadera, pero por ser tan simple es solo la narración de un hecho y por tanto debemos buscar otra explicación más oculta, más trascendental e imaginar visitantes de otros mundos o de otras dimensiones y de paso, vender algún que otro libro sobre el tema.