Ramón Peña: Náufragos en “el mar de la felicidad”

Cuando el iluminado lenguaraz se sacó la máscara con la que había cautivado a muchos intelectuales, poderosos y oportunistas de oficio, exclamó: “¡Cuba es el mar de la felicidad, hacia allá va Venezuela!”. En octubre de 2000, entregó el timón, civil y militar, al patriarca Castro. En su propósito de replicar la Cuba castrista, ¿calcularía que, por corrupción, ignorancia e ineptitud de su falange y de su heredero, superaríamos el grado de quiebra material, moral y espiritual alcanzado por los barbudos cubanos?

Datos del Banco Mundial, FMI, ONUDD, OMS y FAO esbozan las condiciones de vida hoy en ambos países. Veamos a título comparativo algunos indicadores de Cuba vs. Venezuela: inflación anual: 5.7 vs. 2.941, salario mínimo en US$: 87 vs. 3.0, índice de desempleo: 1.2 vs. 47.9, porcentaje de población subalimentada: 2.5 vs. 31.4, caída anual del PIB en 2020: -11 vs. -26, tasa de mortalidad infantil por cada 1.000 nacidos vivos: 4 vs. 21, expectativa de vida: 78.7 vs. 72.1, índice de homicidios por 100 mil habitantes: 5 vs. 45.6. Agréguese que en Cuba no existen zonas o barrios tomados por pandillas, mientras en Venezuela, según la PNB, 110 mega bandas azotan a 18 estados del territorio. Algunas, son la autoridad en barrios enteros de la propia capital.

En cuanto a la cacareada soberanía, en Cuba, la dictadura la ejerce sobre la totalidad del territorio, en Venezuela, bandas irregulares extranjeras actúan en 21 estados. Extorsionan, secuestran y hasta ejercen autoridad en asuntos vecinales y seguridad ciudadana. En acción reciente de abierta irrupción territorial, en el Estado Apure, forzaron al repliegue a la fuerza armada nacional…

Ya Cuba no es el fantasma que asusta nuestro futuro. Somos nuestro propio fantasma de la sociedad que fuimos. Hoy los cubanos, en medio de su pobreza y opresión características, subsisten mejor que los venezolanos.