Fatou Bom Bensouda y el futuro, por @ArmandoMartini

Armando Martini Pietri @ArmandoMartini

Más fea que pegarle a un amigo, poco agraciada, se despide con suculentos ahorros para la futura jubilación y el prestigio de un cargo judicial de proyección internacional. La jurisconsulta originaria de la República de Gambia, África, se va tras mucho dilatar y mangonear -dentro del espíritu calmado, puntilloso, paciente de estas instancias- con el ahora llamado “caso Venezuela”, sin olvidar que las denuncias y el análisis sobre el castro-madurismo son unas cuantas latas de agua dentro del rio de denuncias en el resto del mundo.

Las innumerables acusaciones y atisbos en el demasiado tiempo enredado del Medio Oriente, con tiranías inhumanas, atroces y feroces como la de Bashar al-Ássad en Siria; la frágil, forzosamente elástica democracia libanesa; el enfrentamiento diario, armado y sangriento de los terroristas palestinos con los férreos demócratas y tecnológicos israelíes; las conveniencias de la dictadura comercial, anti-griega, europeamente comprensiva autocracia turca; los países fronterizos con la militarmente poderosa y económicamente débil dictadura absolutista popular de Vladimir Putin en Rusia. Todos querubines rebosantes de violaciones de los Derechos Humanos, atiborrados de injustos encarcelamientos, repletos de torturas, abuso social, arbitrariedad e incluso asesinatos.

Cada molinero muele su harina en su molino, y el nuestro es Venezuela. Excesos del oficialismo, desproporciones del chavismo, ilegalidades de colectivos, reclusiones de madrugada sin justificación judicial violando el debido proceso, favoreciendo la indefensión; corrupción cívico-militar extendida, preminencia de un militarismo que no ha estado a la altura de las circunstancias; el castro-madurismo experto en prometer, eficiente en fracasar y una oposición que, con excepciones, hace sombra al castrismo con incoherencias y promesas incumplidas.

Se va la señora nacida en una familia musulmana polígama, Fiscal -o sea, acusadora- de la Corte Penal Internacional y aunque pareciera dejar colgadas las angustias venezolanas, algo sucede, se presiente la zozobra en el régimen madurista, está nervioso, preocupado, con un Fiscal General enviando informes a montones, descubriendo crímenes que antes no encontró, convirtiendo en homicidio lo que otrora calificó de suicidio y de asesinato alevoso que calificó de homicidio sin intención.

Claro, que aún en el caso de que la Fiscal, madre de dos hijos y una hija adoptada, entregue al abogado británico Karim Khan como nuevo fiscal general de la Corte Penal Internacional (CPI), la cuestión venezolana ya transformada en fase de investigación, o sea, proceso plenamente penal, no significa que los castro-venezolanos señalados paguen por sus crímenes o visiten la cárcel en el corto tiempo; se ha dicho, y debe estar claro al respecto, las diligencias internacionales son lentas, tediosas, sin premuras, después de todo una cosa es juzgar en La Haya entre primaveras floridas, coros de pajaritos, lluviosos otoños, y otra en la esquina del Panteón donde al lado de las cenizas de grandes próceres vegetan en calma otros restos menos gloriosos.

Lo que cuenta es que, parsimoniosa y pesada como es, la justicia avanza, los delitos de lesa humanidad y violaciones a los Derechos Humanos, no prescriben, no se agotan ni se esfuman. Ser tirano, torturador y opresor en los tiempos actuales ya no es como antes, al indigno, torcido y déspota no sólo se le derroca, tampoco se le perdona, como algunos ingenuos convenientes e interesados pretenden.

La Corte Penal Internacional es una institución, permanente, establecida para investigar, perseguir a todas aquellas personas que hayan cometido delitos graves de transcendencia. Se irán y vendrán jueces, pero la vida de los criminales nunca más será la misma y en cualquier amanecer puede despertar con la visita de la imparcialidad y probidad, ganchos puestos en la penitenciaría, sus dineros mal habidos congelados y otros escondidos, que se olvidarán en alguna bóveda o balance financiero bancario y otros habrán pasado a una exasperante inmovilidad.

La justicia internacional implica garantizar rendición de cuentas por delitos graves: genocidio, crímenes contra la humanidad, crímenes de guerra, tortura y desaparición forzada. La raigambre, integridad, moralidad y honestidad triunfarán, los pueblos se recuperan con rapidez, especialmente cuando cuentan con recursos humanos de excelencia y económicos estratégicos para animar a quienes, aunque sólo sea por codicia vendrán a ayudar.

@ArmandoMartini