Carlos Ochoa: El Perú vale un potosí para el Foro de Puebla

La expresión “Vale un Potosí”, “Vale un Perú” se hizo popular para afirmar que una cosa tiene mucho valor, los españoles como todos recuerdan cuando llegaron a estas tierras estaban ávidos de oro y plata y encontraron en la mina de Cerro Rico en Potosí a más de 4.000 metros de altitud cuando esa región formaba parte del Virreinato más antiguo y extenso de América, una montaña de plata que hizo que el Perú fuese sinónimo de la  riqueza que llegaba de América para engrosar las arcas de monarcas y banqueros, pues los metales valiosos provenientes de estas tierras no sólo sirvieron a los reyes españoles para mantener su hegemonía en el viejo continente, sino que también financiaron la defensa del catolicismo de las embestidas de la reforma liderada por Martín Lutero, a la vez de fortalecer  a banqueros de toda Europa particularmente a los genoveses, dando paso a la primera globalización de la historia pues el comercio con China se incrementó con el pago en metales preciosos. 

Las elecciones presidenciales de Perú hasta este momento no cuentan con un ganador  proclamado por la impugnación de actas que ha hecho la candidata a presidente por tercera vez Keiko Fujimori, esta contienda electoral por la presidencia ha mostrado la extrema polarización de la sociedad peruana, que más que política es de visiones de país que se excluyen mutuamente, para entender este punto de suma importancia e intentar una lectura de los resultados electorales de la segunda vuelta, hay que visualizar al Perú como un país escindido que no ha encontrado la manera de unir el mundo rural con su carga indígena con el mundo urbano moderno multiétnico. 

Esta confrontación la podemos observar en casi todos los países latinoamericanos, con más visibilidad en sociedades en donde la población indígena tiene una presencia activa, pues a los ojos de los movimientos progre estos representan a los pueblos originarios desplazados históricamente y por esta condición el discurso de la izquierda marxista, en el Perú y en otros países como Bolivia y México, encuentra en el resentimiento histórico un caldo propicio para que el mensaje de redención social de espaldas a la modernidad tenga una expresión política como  en el caso  del profesor Pedro Castillo, que según la ONPE es el virtual triunfador y nuevo Presidente de Perú.

La candidata Keiko no es del agrado de muchos peruanos, sin embargo le dieron el voto al considerarla el mal menor, Lima, Callao y las principales ciudades con una clase media urbana y el voto de los peruanos en el exterior,  con el apoyo de viejos adversarios como el Premio Nobel de Literatura Mario Vargas Llosa, apoyaron a Keiko para detener el avance de una izquierda declarada marxista, que ha expuesto un plan económico y social confuso, muy parecido al de Chávez en Venezuela en 1998, que con su movimiento Quinta República llevó al país a una Constituyente que redactó una nueva Constitución a la medida de sus planes de perpetuarse en el poder. 

Como el discurso de Castillo es de librito de izquierda radical, es de suponer que el Foro de Sao Paulo y el Foro de Puebla tienen sus manos metidas en el Perú, el ex Presidente Evo Morales ha estado muy activo apoyando a Castillo, por afinidad ideológica y por el interés estratégico que significa un gobierno aliado para Bolivia en su disputa para tener una salida al mar con soberanía plena, todo lo contrario a Nicolás Maduro que ha mantenido una actitud discreta para que su imagen devaluada no afecte al profesor rural, supongo que una vez proclamado enviará su felicitación y recibirá su invitación para la toma de posesión en julio, como están las cosas para Maduro está difícil que asista a esa cita, en donde es posible que los Presidentes de México, Argentina, Bolivia, Nicaragua y Cuba hagan balance con el Presidente Castillo de los avances en el continente de los planes de la izquierda, junto con el Presidente del gobierno Español y sus socios de Podemos, eso sí, después de tomarse una foto con el rey de España si decide asistir y revivir con nostalgia los tiempos virreinales, en el que los recaudadores del reino llenaban galeones de plata extraída de la mina de Cerro Rico, cuando el Perú valía un Potosí.