Harry Nilsson, el beatle norteamericano que un día rompió su voz para siempre

Harry Nilsson en su piano en 1972. Hoy cumpliría ochenta años. Pero no llegó. Vivió poco aunque con mucha intensidad (Stan Meagher/Daily Express/Hulton Archive/Getty Images)

 

Su vida podría resumirse en un puñado de anécdotas desatadas, de desbordes. O tal vez en la descripción de las diez canciones más representativas que grabó. O en un listado de los músicos que registraron sus temas. Alguien podría definir a Harry Nilsson como un gran talento desperdiciado. Otros como un cantautor extraordinario.

Por infobae.com

Harry Nilsson, o Nilsson a secas tal como aparecía en sus discos, hoy cumpliría ochenta años. Pero no llegó. Vivió poco aunque con mucha intensidad.

Cuando era muy chico, Harry se dio cuenta rápido que su familia no era como las de sus compañeros de colegio o sus amigos de la cuadra. Le preguntó a la madre por qué él no tenía papá. Ella respondió que el hombre había muerto heroicamente durante la Segunda Guerra Mundial. Pero Harry descubriría, años después que eso no era cierto. Su padre lo había abandonado.

La madre se hundió en el alcohol y vivía de los pequeños delitos que cometía. Entre la adicción y los problemas con la policía, dejaba al pequeño Harry en casa de cualquiera. En su primer álbum grabó la canción 1941 en la que habla de su situación familiar (Bueno, en 1941 un padre feliz tenía un hijo/ Pero en 1944 el padre se fue y no volvió/ En 1945, la madre y el hijo todavía estaban vivos/ ¿Aunque quién podría asegurar que ellos dos sobrevivirían en 1946?). Pero Harry sobrevivió aunque no terminó sus estudios.

Harry Nilsson se casó con Una O’Keeffe el 12 de agosto de 1976. Siguió junto a ella hasta el día de su muerte, el 15 de enero de 1994. Tuvieron seis hijos. En la foto familiar junto a sus padres en su casa de California en 1988 (Paul Harris/Getty Images)

 

De Brooklyn se mudó a Los Ángeles buscando alguna oportunidad. Comenzó a trabajar en un banco y estuvo a cargo de uno de los primeros sistemas informáticos bancarios del mundo. Dejó sus obligaciones ejecutivas y el traje en 1964, cuando aquello que hasta el momento era un hobby se convirtió en un oficio rentable. Compuso varias canciones que empezaron a grabar artistas importantes. En especial, las estrellas juveniles del momento, The Monkees. Alguien lo contactó con el productor musical más importante del momento, Phil Spector. A él le proporcionó cuatro canciones. En 1967 grabó Pandemoniun Shadow Show, su primer disco. Alan Taylor, manager de los Beatles, cuando lo escuchó, fue hasta las disquerías más cercanas y compró todas las copias que encontró. Eran casi tres decenas que empezó a distribuir con entusiasmo entre conocidos y amigos. Eso era lo nuevo para él, lo que había que escuchar. Dentro de esos amigos estaban, naturalmente, John, Paul, George y Ringo.

A los pocos días, le preguntaron a John cuál era su banda o artista favorito. El Beatle respondió: Nilsson. Paul McCartney refrendó la opinión tiempo después. Eso hizo que muchos le prestaran atención a este nuevo y particular artista.

Harry siguió grabando. Sacó el primer álbum de remixes de la historia, una auténtica rareza. Se haría más popular cuando en Perdidos en la Noche (Midnight Cowboy), la película con Dustin Hoffman y John Voight se recuperó su cover de Everybody’s Talking. Después grabaría un álbum sólo con temas de un compositor nuevo pero casi desconocido por esos días, el excepcional Randy Newman (Nilsson sings Newman). El gran éxito vendría con el LP Nilsson Schmilsson. El hit fue otra vez un cover.: Without You, una balada estremecedora. Ganó dos Grammy por estas interpretaciones.

A esa altura los méritos de Nilsson estaban más que claros. Un compositor muy original, que no se repetía nunca; un espíritu inquieto e innovador, en una búsqueda constante por correr los límites; una gran voz con una facilidad para recorrer los registros más variados: del falsete al gruñido, del susurro al grito desbocado; un enorme espíritu lúdico; y un timing perfecto para elegir qué canciones versionar.

El productor Richard Perry dijo que Nilsson fue el mejor cantante blanco de su tiempo. La gran paradoja de sus carrera es que pese a ser un buen compositor, sus mayores éxitos fueron versiones de olvidadas canciones ajenas. Y One, la canción firmada por él que más ascendió en los charts lo hizo a través de a grabación del grupo Three Dog Night.

Otra de sus particularidades es que Nilsson no tocaba en vivo. Nunca dio recitales en grandes teatros o estadios. En una célebre presentación en la BBC para evitar tocar en el estudio pergeñó una puesta con tres hombres disfrazados de gorilas (uno tocaba el piano, otro la guitarra, los tres hacían voces) y una grabación previa en la que él hizo todas las partes.

Una de las grandes contribuciones de Harry Nilsson a la mitología del rock fue su participación -fundamental- en el Fin de Semana Perdido de John Lennon del que también participaron Ringo y Keith Moon entre otros. Ese fin de semana salvaje que duró 18 meses tras la separación de John y Yoko. El nombre se lo pusieron ellos mismos inspirados en la película de Billy Wilder y protagonizada por Ray Milland. Fueron meses de drogas, alcohol, mujeres, descontrol, varios papelones y mucha música. Este último es un aspecto que suele olvidarse. John en ese lapso grabó tres discos Mind Games, Wall and Bridges y Rock & Roll, y produjo trabajos de Nilsson y Ringo Starr. Además, tema no menor, debió lidiar con Phil Spector y toda su desmesura, locura y amenazas de muerte.

Conocidos como “Los vampiros de Hollywood” durante el fin de semana perdido, Nilsson y Lennon celebran con Alice Cooper y Micky Dolenz mientras canta Anne Murray en el Troubadour (Richard Creamer/Michael Ochs Archives/Getty Images)

 

De los muchos episodios célebres de ese tiempo, uno quedó registrado de manera indeleble. El 12 de marzo de 1974 Lennon y Nilsson fueron al Trobaudor, un club nocturno californiano al que acudían grandes celebridades. Algunas noches antes habían protagonizado incidentes que no pasaron a mayores porque uno de los borrachos que inició la pelea era un Beatle. Con ellos estaba también May Pang, la asistente que Yoko envió para asistir a John y que terminó convertida en su amante. La relación no había trascendido a los medios; tampoco se había enterado Yoko -lo más importante de todo. Apenas llegaron los hicieron pasar al sector vip. Allí oficiaba de maestros de ceremonias Peter Lawford, cuñado de los Kennedy e integrante del Rat Pack de Sinatra. Estaban Paul Newman, varias actrices y muchos músicos de rock.

Nilsson y Lennon empezaron a tomar desde el momento en que ingresaron. No era una velada más. Se presentaba el dúo musical y cómico Smothers Brothers, que había sido despedido de la televisión. Era un evento organizado como desagravio a ellos. John y Harry discutieron con Lawford (Nilsson alquilaba su mansión, célebre por haber sido la supuesta sede de los encuentros de los hermanos Kennedy con Marilyn Monroe). Luego empezaron a cantar a viva voz ridiculizando al resto. Las sonrisas iniciales se transformaron en muecas incómodas. Los tragos seguían llegando. Cuando se apagaron las luces y los Smothers Brothers entraron al escenario, John y Harry cantaron más fuerte todavía.

Los Smothers Brothers hicieron como si nada pasara e iniciaron su rutina. No fue una buena idea. Tras el primer chiste, los gritos y las burlas de Lennon y Nilsson se duplicaron. Lawford, los meseros y los guardias de seguridad trataron de desalojarlos del lugar. Se inició una pelea de todos contra todos. Varios salieron a defender a John por el hecho de ser un Beatle (¡Cómo no hacerlo!). A los empujones y patadas lograron sacarlos del lugar. Los fotógrafos se estaban haciendo un festival. Hasta que una joven fotógrafa acusó a Lennon de haberla golpeado en un ojo (le iniciaría una causa judicial). Otro vez tumultos y confusión.

Ringo Starr, Harry Nilssony el baterista de The Who Keith Moon durante la premier del musical “That’ll Be The Day”, donde el beatle hacía un pequeño papel (Frank Edwards/Fotos International/Getty Images)

 

Pero el momento estelar todavía no había llegado. Cuando la atención de los fotógrafos estaba sobre él, John giró hacia May Pang y la besó fogosamente en la boca. “Acá tienen: información de la que carecían”, les dijo a los periodistas. Esa foto fue tapa de los diarios al día siguiente. En uno de los bordes de la imagen se lo ve a Nilsson, su barba tupida, los ojos achinados y un vaso de brandy que está por llegar a sus labios. El día siguiente fue ajetreado para los dos peleadores. La reseca no les impidió llamar a media docena de celebridades que habían ofendido en su raid de la noche anterior. Los Smothers Brothers no aceptaron las disculpas. Yoko tomó el primer vuelo que salía de Nueva York para reprocharle que la había humillado ante todo el mundo.

Pussy Cats tenía destino de best seller. Parecía que por fin todo el talento de Harry Nilsson se plasmaría en un disco y que eso se transformaría en ventas. El productor era John Lennon, su gran amigo. Los músicos invitados formaban un elenco de all-stars. Algunos temas contaban con tres baterías, nada menos que: Jim Keltner, Keith Moon y Ringo Starr. Aunque no grabaron para el disco también pasaron por el estudio Paul McCartney, Stevie Wonder y Mick Jagger. Cuando las grabaciones pasaron a Nueva York, Paul Simon y Art Garfunkel fueron juntos a grabar coros a pesar de que el dúo se había separado hacía unos cuantos años. Tal vez lo que pasó con Simon & Garfunkel resuma todo el proceso del disco.

La expectativa por el encuentro, por lo que pudieran producir en el estudio los cuatro gigantes (de esos, al menos dos pueden ser considerados genios: Lennon y Paul Simon), terminó en fracaso colosal. El dúo no podía acertar en los coros, les costaba armonizar más por las diferencias personales irreconciliables que por la falta de entrenamiento. Las versiones difieren: algunos dicen que John y Harry se empezaron a burlar de Simon y Garfunkel; otros sostienen que al no hacerlo bien, Simon y Garfunkel se enojaron entre ellos. Lo cierto es que en el estudio se desató una pequeña batalla campal de egos, insultos, botellas rotas y hasta guitarras contra la pared. La canción se terminó de grabar pero todo fue tan desastroso que no apareció en el disco cuando fue editado.

La gran voz de Harry se arruinó -para siempre- durante la grabación de este álbum. Se exigió tanto, empujado por Lennon, que sus cuerdas vocales se lastimaron, empezaron a sangrar. Siguió cantando pero su rendimiento era cada vez peor. No haberse detenido, no haber tomado conciencia del daño permanente que estaba infringiendo a su principal herramienta expresiva pudo deberse a la nube (tóxica) que sobrevolaba su cabeza.

El alcohol en cantidades épicas y las drogas convertían sus conductas en un festival de papelones, escándalos, hechos inesperados, anécdotas divertidas y problemas policiales. También puede haber sucedido otra cosa: Harry se esforzó por demás para estar a la altura de su ídolo, de un mito viviente como John Lennon. Si bien eran muy amigos y hacía más de un año que salían todas las noches, era muy diferente la cuestión de demostrarle que en un estudio también podía estar a la altura de las exigencias.

El viaje a Nueva York no tenía como fin principal seguir con las grabaciones. Lennon escapaba de Nilsson y de ser arrastrado por él hacia los infiernos. y trataba de hacer un control de daños con Yoko y la divulgación de su romance. Pero Harry lo siguió. Terminaron de grabar lo que faltaba y fueron en persona a negociar un nuevo acuerdo discográfico para Harry. Fueron sin cita a la sede central de la discográfica y pasaron hasta la oficina del director general. Nadie se atrevió a detenerlos. Ambos, Harry y John, estaban ostensiblemente borrachos. Nilsson tenía un contrato sin firmar desde hacía un año. Pero con la promesa de que John podía firmar con ellos y que el disco que tenían entre manos sería un suceso colosal, Harry consiguió el mejor contrato de su vida: 5 millones de dólares por los siguientes cinco discos más varios cientos de miles por cláusulas especiales.

Pussy Cats fue un fracaso (pese a una versión extraordinaria de Many Rivers To Cross). Los siguientes álbumes de Nilsson también se hundieron en la indiferencia del público. Antes de que finalizara el contrato, la discográfica prefirió pagar la totalidad del mismo que seguir gastando en grabaciones que no iban a venderse.

Pese a que tras el regreso de John con Yoko y al nacimiento de Sean, John y Harry casi no volvieron a verse. Tras el asesinato de Lennon, Harry anunció su retiro. Dijo que se iba a dedicar (y lo hizo durante un buen tiempo) a encabezar campañas contra el uso de armas.

Vivió durante unos años con esos millones -además de los que le ingresaban por regalías de sus hits-, haciendo la música de Popeye de Robert Altman (el proyecto fue un desastre de magnitud) y algún musical.

La tumba de Nilsson en California (Grosby)

 

Volvió al estudio en alguna ocasión. En 1994 intentó un gran regreso. Preparaba una gran retrospectiva que iba a incorporar temas nuevos. Un ataque cardíaco masivo lo tuvo al borde de la muerte. Morigeró sus hábitos pero no pudo erradicarlos. El 15 de enero su corazón volvió a fallar y ya nada se pudo hacer. Harry Nilsson tenía 52 años.

Con el transcurso de los años, la leyenda sobre su figura y sus excesos se fue mitigando y su obra empezó a escucharse bajo un nuevo prisma. Su voz y sus canciones son utilizadas permanentemente por Hollywood para musicalizar sus películas.

Harry Nilsson fue un personaje extraordinario. Y un gran músico.