Los avisos de Tomás Gimeno que nadie supo descifrar

Tomás Antonio Gimeno, de 37 años, amenazó a su expareja el día que desapareció con que nunca más lo volvería a ver a él o a las niñas.

 

Tomás Gimeno alertó a su manera. Lo hizo de una manera sutil y casi imperceptible. Está fuera de toda duda que acertar la quiniela los lunes no es fácil pero los últimos movimientos del filicida de Tenerife traslucían unas intenciones para los que ni la juez ni los investigadores de la Guardia Civil han ahorrado calificativos.

Por Gema Peñalosa / elmundo.es

La investigación del secuestro y posterior crimen de Anna y Olivia es un puzzle al que los agentes intentan dan forma para llegar a conclusiones concretas. La piedra angular la tienen clara desde el principio.

Desde que arrancaron las pesquisas, supieron que estaban ante una personalidad enrevesada, urgente y narcisista. No tardaron en advertir -después lo hizo la instructora- que todo obedecía a una “venganza”, la de un “celópata” que tenía como fin enterrar en vida a Beatriz.

EL PLAN “ATROZ” DE TOMÁS GIMENO

Antes de ejecutar su plan “atroz”, así lo bautiza la juez, Tomás dio avisos de que algo no iba bien pero nadie en su entorno tuvo la capacidad de verlos.

Pensaron que eran ramalazos del perfil martirizado que exhibía desde que Beatriz decidió dejarle hace un año harta de sus infidelidades y de su vida disoluta. La realidad es que por separado estas advertencias no hablaban como lo hicieron una vez que los investigadores las ataron.

El pasado 27 de abril, Tomás Gimeno se echó a los brazos de su padre cuando se despidió de él tras pasar un rato en su casa del centro de la capital, Santa Cruz de Tenerife.

El hombre se quedó tan extrañado que fue de las primeras cosas que contó a la Guardia Civil cuando su hijo ya estaba en busca y captura.

Era raro que Tomás le abrazara. Primera advertencia.

Tampoco su actual pareja -directora de un centro infantil al que Olivia acudía los martes y los jueves de 13.00 a 17.00 horas- alertó de la carta de despedida del hombre. Él se la entregó la tarde de la desaparición -a las 17.00 horas- y le pidió que no la abriera hasta las 23.00 horas.

Ella no lo cumplió y a las 17.20 horas ya la había leído. En el interior del paquete, Tomás le había puesto 6.200 euros. Eso sí, la misiva en ningún momento recogía que estaba con las menores y mucho menos las intenciones que tenía con ellas y con él mismo. Pudo ser un segundo aviso.

Quizá la mujer pudo interpretarlo como una ruptura y por eso no dio parte. Además, no tenía por qué hacerlo al no tratarse de ningún delito.

Entre las 22.30 y las 22.40 horas, mantuvo dos conversaciones con Beatriz en las que insistía en que no le iba a devolver a las niñas y que nunca las volvería a ver. Ella estaba ya en el cuartel de la Guardia Civil para dar parte del secuestro parental.

YA HABÍA LANZADO A ANNA Y OLIVIA AL MAR

La mujer tuvo que esperar porque los agentes estaban instruyendo otro atestado aunque ella les comunicó el motivo de su presencia allí. Estaba nerviosa.

De hecho, uno de los efectivos intervino en la conversación telefónica entre la ex pareja. Tomás se reafirmó en su mensaje.

En ese momento, revela la investigación, ya había lanzado al fondo del océano a las niñas.

Beatriz se marchó del acuartelamiento y los guardias civiles, conscientes de la gravedad de lo que denunciaba, fueron a buscarla a su casa pero no la encontraron. Ella ya estaba buscando a sus hijas desesperadamente. Tercera alerta.

Una hora después, a las 23.30, una embarcación de Salvamento Marítimo de la Guardia Civil dio el alto al filicida cuando intentaba llegar a puerto. Los agentes le multaron por saltarse el toque de queda.

Tomás Gimeno enseñó a los guardias civiles la documentación que le requirieron e incluso les preguntó si podía regresar a su casa. Finalmente, les dijo que se quedaría a dormir en su barco. En paralelo, la mujer ya estaba buscando a sus hijas.

No registraron en las novedades ni la llamada ni el incidente, motivo por el que la Comandancia de la Guardia Civil de Tenerife ha abierto una investigación.

El resto de avisos se produjeron ya entrada la madrugada y con muchos de los destinatarios dormidos. Después de la 01.00 horas, Tomás envió mensajes de despedida a sus amigos más íntimos en los que les dejaba sus pertenencias personales: su moto, su quad e incluso su lancha.

“LO SIENTO DE VERDAD”

El mensaje más significativo lo envió Tomás a las 02.27 horas. Fue el último. A su padre.

“Lo siento de verdad, lo siento por ti pero necesito esto. Por fin, estaré bien y como quiero”.

Por separado, las actitudes de Gimeno no ayudaban a intuir la atrocidad que había detrás de esos mensajes y códigos de despedida. Juntos, sí.

La Guardia Civil continúa puliendo los últimos elementos para darles encaje en el filicidio y poder clausurar sus conclusiones.

Está a la espera de los resultados definitivos de la autopsia de Olivia, que permitirá conocer si en su cuerpo había químicos.

El buque oceanográfico Ángeles Alvariño, artífice del ‘milagro’ de localizar el cuerpo de la niña, prolongará su estancia en la isla unos días más.

El ancla con la que su padre la lastró a ella y presumiblemente a su hermana Anna, quedó enganchada a un barco hundido.