Luis “Balo” Farías: Una nueva, justa y necesaria distribución del poder en Venezuela

Para restablecer el Estado de Derecho y  reconciliar y reconstruir el país, detener y controlar la corrupción se necesita una nueva distribución del poder. 

Este es el factor decisivo para: superar la corrupción, pobreza,  ignorancia y exclusión social que alimentan movimientos neo autoritarios populistas  radicales.

Estos movimientos no se combaten con ciudadanos armados de ilusiones y odios sino armados de poder político, económico y educativo, para que sean capaces de echar a andar la fábrica de ricos dentro de genuinos Estados de Derecho, aplicando  la productividad de Taylor, la Gerencia científica moderna de Deming, el Control de Calidad Total de Feigenbaum; la Administración por Calidad Total de Juran y la Formación Educativa Integral con énfasis en la educación politécnica y capacitación profesional de Simón Rodríguez.

Sin poder, los ciudadanos echan  a  andar la fábrica de pobres dentro de Estados de Desechos, autoritarios y  corrompidos.

¿Hemos aprendido algo de la crisis Venezolana, y de la historia reciente de Europa Occidental,  los Venezolanos?

¿Seguiremos auto engañándonos consciente o inconscientemente esperando milagros sociopolíticos  que  nunca  han ocurrido ni ocurrirán;  buscando  líderes mesiánicos y equipos brillantes que apliquen políticas remediales, mientras perpetuamos la misma distribución del poder expresada en los modelos centralizados de Estado, Economía y Educación e Investigación; que están técnicamente muertos, momificados y amortajados con Constituciones  tradicionales?. 

No  es  hora  de reformar, sino de reemplazar  la  actual  distribución política y la actual división territorial, sobre la que se efectúa el mezquino reparto del poder.

Los 23 estados, los 335 municipios, y los ciudadanos pobres y excluidos frente al agotamiento y muerte estructural y funcional de los modelos centralizados, necesitan:

1)    El poder político para generar decisiones y controlar a los gobernantes,

2)    El poder económico (acceso al capital) para generar riqueza; y

3)    El poder educativo e investigativo para generar conocimientos. Para convertirse en agentes y actores fundamentales del cambio progresista.

Estos tres poderes cuya suma constituye el poder a secas, los tiene monopolizados, el Presidente, es decir, es un modelo federal con todo el poder  Centralizado en el presidente de la República de turno

Sin tener poder político, económico y educativo e investigativo los 23 estados, los 335 municipios y los ciudadanos, se convierten  en  convidados de piedra a sus propios destinos.

Los ciudadanos, en muecas tristes que blanden una papeleta electoral en una mano y un carnet político o una carta de recomendación en la otra. No pueden controlar a sus gobernantes, ni  generar riqueza, consumir, ni ahorrar. No pueden intervenir con efectos vinculantes en los aspectos políticos, administrativos y educativos e investigativos que les conciernen.

No pueden ser agentes del desarrollo socioeconómico y cultural. Se vuelven presas fáciles de pretendidos vengadores de los pobres, anclados en los años sesenta que aún no se dan por enterados que el muro de Berlín cayó y arrastró consigo los viejos conceptos de izquierda y derecha; que ya no se definen en función de las románticas variables de antes, sino en términos de alta y baja productividad de bienes, servicios, conocimientos y decisiones; altos y bajos niveles de vida; y altos y bajos niveles de   libertades y controles en manos de los  ciudadanos. 

El poder constituye el tema nuclear del derecho constitucional, de la ciencia política y de los modelos de Estado, Economía y Educación e Investigación que son en  realidad  distribuciones  territoriales  del  mismo.

 

 “Los tres incentivos fundamentales que dominan la vida del hombre en la sociedad y rigen la totalidad de las relaciones humanas, son: el amor, la fe y el poder; de una manera misteriosa están unidos y entrelazados. Sabemos que el poder de la fe mueve montañas, y que el poder del amor… es el vencedor en todas las batallas; pero no es menos propio del hombre el amor al poder y la fe en el poder”. (Loewenstein, Teoría de la constitución. 1976).

En realidad, el primer y principal derecho humano que garantiza el respeto, acatamiento y materialización de todos los demás, es  el  derecho de acceso al poder político, económico y educativo constitucionalmente asegurado mediante una distribución y descentralización amplia equitativa del mismo como lo proveen los modelos descentralizados de Estado, Economía y Educación e Investigación. 

Las entidades territoriales y la ciudadanía nunca utilizan el poder contra sí mismas, en cambio, cuando el poder político, económico y educativo se concentra constitucionalmente en la capital de la República y en el Presidente de la República, como lo estipulan  los  modelos centralizados de Estado, Economía y Educación e Investigación, este lo utiliza para violarles los derechos constitucionales  a  las  entidades  territoriales  y  todos los derechos, incluidos los derechos  humanos,  a  toda  la  población.

En conclusión lo afirmamos entonces, No  es  hora  de reformar, sino de reemplazar  la  actual  distribución política y la actual división territorial, sobre la que se efectúa el mezquino reparto del poder.

Seguiremos insistiendo en el tema.