Emilio Campmany: Teoría del apaciguamiento

Emilio Campmany: Teoría del apaciguamiento

Neville Chamberlain estrecha la mano de Adolf Hitler. | Cordon Press

 

El apaciguamiento consiste en conceder a quien plantea un desafío todo aquello que esté dentro de lo tolerable, en la confianza de que así se conforme y se evite felizmente el conflicto. Se piensa que es sólo fruto de la cobardía. Pero no suele ser la única razón. La mayoría de las veces, además del miedo, está presente la más o menos vaga convicción de que quien exige lo hace con cierta razón. Por supuesto, Sánchez necesita a los independentistas para seguir gobernando. Pero esto no basta para explicar su actitud apaciguadora, que tanto rechazo genera fuera de Cataluña. Una vez investido, y siendo imposible el triunfo de una moción de censura, podría perfectamente gobernar en minoría el resto de la legislatura. En su decisión ha influido decisivamente la idea de parte del PSOE y del PSC de que Cataluña merece más. Creen que, cediendo en parte de lo que el nacionalismo exige con cierto fundamento, lograrán que renuncie a su programa de máximos. Confían en definitiva en que, a base de otorgarles privilegios que los socialistas creen razonables, los soberanistas renunciarán a una independencia que habrá dejado de tener sentido, al menos desde el punto de vista práctico.

A Chamberlain le pasó lo mismo. Es cierto que era un cobarde y que cedió porque no estaba dispuesto a una guerra con Alemania por Checoslovaquia. Pero sobre todo le pudo el convencimiento de que al führer le amparaba cierta razón en su demanda. Si la autodeterminación consagrada en los Catorce Puntos de Wilson era un principio, debía aplicarse tanto a los vencedores como a los vencidos y era relativamente razonable que Alemania exigiera que su soberanía se extendiera a todos los territorios habitados por alemanes. Por la misma razón que era justo que Checoslovaquia se librara de estar gobernada desde Viena, pensó, también debía serlo que los alemanes de los Sudetes dejaran de estar sometidos a Praga. Y quiso creer que, cediendo en Múnich, Hitler dejaría de reclamar. Luego, naturalmente, en menos de seis meses, Hitler se apoderó del resto de Chequia, donde no había alemanes, y la convirtió en el Protectorado de Bohemia y Moravia.





La lección es: al margen de la legitimidad de los independentistas catalanes para exigir lo que exigen, lo que es seguro es que no se conformarán con nada que no sea la independencia. Las cesiones parciales no resolverán el problema, lo agravarán. Lo único que puede hacerse en Cataluña es aplicar la ley, y con ello tratar de liberar a esa sociedad del yugo nacionalista. Si, una vez instaurada la libertad de prensa, la de educación y la de empresa, la sociedad catalana sigue clamando por la independencia con el ímpetu que nos quieren hacer creer los golpistas, el conflicto será inevitable y se resolverá en un sentido o en otro, dependiendo de los sacrificios que esté dispuesto a asumir cada cual con tal de prevalecer. Pero intentar apaciguar al enemigo como hace el PSOE-PSC sólo sirve para hacerlo más fuerte y aumentar nuestras probabilidades de derrota.